En la época victoriana, la belleza se traducía en tener una piel pálida, casi transparente, un siglo después, Coco Chanel lo cambió todo volviendo morena de sus vacaciones, y entonces, llegaron las técnicas más disparatadas para oscurecer la piel. Hoy estamos en otro punto: somos más conscientes. El relato de conocernos bajo el sol empieza a dejar de sonar convincente.
¿Existe el bronceado consciente? No. Más bien, lo que existe es la exposición solar consciente. «El bronceado es un mecanismo de defensa de la piel», advierte Elena Godoy, dermatóloga de la Academia Española de Dermatología y Venereología y responsable Nacional de Coordinadores de la Campaña Euromelanoma.
Una afirmación que nos revela el punto de inflexión en la obsesión por ponernos morenos a toda costa: seguimos queriendo sol, pero ya no queremos pagar el precio del daño que podemos provocar en nuestro cuerpo. La piel perfecta de 2025 es una piel cuidada, protegida y real. No artificialmente dorada, sino luminosa, consciente y, sobre todo, saludable.
La piel perfecta es cuidada, luminosa y, sobre todo, saludable
Por la cuenta que nos trae: según los últimos datos de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), el cáncer de piel afectó a 20.392 personas en España en 2023, lo que supone un incremento del 40% en la incidencia respecto a los años anteriores. Estamos cada vez más sensibilizados de los peligros que supone tomar el sol sin ningún tipo de protección.
Ha cambiado todo. Lo dicen desde Sol de Ibiza, marca líder en protección solar ecológica. «De un culto al bronceado como símbolo aspiracional hemos pasado a una sensibilidad creciente: así como en la alimentación, también en la cosmética muchas personas empiezan a preguntarse qué se están aplicando sobre su piel. Lo que nutre el cuerpo debe ser sano y ético».
Desde su creación en 2019, Sol de Ibiza apuesta por fórmulas basadas en óxido de zinc no nano, sin filtros químicos, sin agua, sin plásticos y 100% reef-safe. Su protector SPF30 bloquea el 97% de los rayos UV, pero permite una producción natural y gradual de melanina. Porque sí: sigue habiendo quien busca ese glow, pero ya no a costa del ecosistema marino… ni del equilibrio hormonal.
«Hoy más que nunca, el sol necesita ser tomado con respeto: hacia la piel y hacia el planeta», explican. «Cada año más de 14.000 toneladas de crema solar acaban en los océanos, muchas con ingredientes que dañan los corales y alteran la fauna marina. Nosotras decidimos ser parte de la solución».
Una solución que también pasa por repensar los envases. Los microplásticos están presentes no solo en muchas cremas, sino también en los botes que las contienen. Son una amenaza que afecta a nuestra salud, la de nuestros suelos y, principalmente, la de nuestros mares. Optar por opciones sin plástico y por otros materiales, como latas de aluminio reciclable y compostable, es posible también en nuestro neceser más veraniego.

Adiós a los mitos
Atrás queda la historia de esa prima que se untaba de crema hidratante para tomar el sol, el amigo que usaba el aceite de oliva como acelerador de bronceado o la hermana que se hinchaba a comer zanahorias -efectivamente, está demostrado que este tubérculo no tiene ningún efecto sobre la activación de la melanina-.
Y aunque ahora en las redes sociales se hable del callo solar -una nueva tendencia negacionista que anima a tomar el sol de manera progresiva y sin protección para que la piel genere resistencia de forma natural-, por suerte responden rápido voces expertas –dermatólogos, enfermeros o médicos- que desmienten a velocidad de scroll esta falsa creencia.
También los propios usuarios: la gran mayoría están lo suficientemente informados como para saber que algo así no trae nada bueno. «Estamos asistiendo al final de una narrativa. O al menos a su transformación», afirman desde la marca. «Cada vez más personas valoran una piel luminosa, uniforme, que respira y que refleja bienestar real, no el artificio».
Coincide la dermatóloga Godoy: «El primer paso de cualquier rutina de skincare debe ser la protección solar. ¿Qué sentido tiene cuidarse todo el año si luego en verano dejamos que el sol lo eche por tierra?».
En el nuevo relato solar, el cuerpo ya no es una superficie a dorar, sino un territorio a cuidar
En este nuevo relato solar, el cuerpo ya no se ve como superficie a dorar, sino como territorio a cuidar. «Disfrutar de la vida dando un paseo al aire libre, viajar o jugar en la playa debe formar parte de nuestro día a día, tanto de adultos como de niños. Pero hay que hacerlo de una manera responsable, a unas horas convenientes (evitando las horas centrales del día), siendo consciente de los niveles de radiación solar para encontrar las actividades más adecuadas y meter en nuestra maleta tejidos con protección solar son los consejos más recomendables», explica Godoy. «Además de, por supuesto, usar cremas de protección solar y aplicarlas bien».
Una costumbre, la de aplicarse crema, antes tediosa, que ahora se resignifica como un gesto de protección mutua, dicen desde Sol de Ibiza. Para ellas, en la sencillez de gestos como el de aplicar con calma la crema a quienes queremos, precisamente, reside la esencia del verano, que no se mide en likes ni en bronceado, «sino en momentos reales. Y en todos ellos, el sol está -silencioso y generoso- acompañando».
Porque no se trata de demonizarlo, sino de reescribir su papel. Quizá no volvamos al parasol victoriano. Pero tampoco al aceite bronceador sin filtro. El futuro está en el equilibrio. Y en la belleza, también.
La esencia del verano reside en gestos como aplicar con calma la crema a quienes queremos, no en bronceados intensos.


