En una escena que romantiza el desfase, cada vez más DJs reivindican el autocuidado como una forma de resistencia. Menos postureo, más salud mental. Menos after, más descanso. No hay que quemarse para sonar bien.
La pista de baile siempre ha sido un espacio de liberación. Sin embargo, liberarse no significa reventarse, aunque para algunas personas esto pueda resultar una entelequia.
La escena electrónica —tan asociada al desfase, la noche infinita y la barra como altar— empieza a abrir hueco a otras formas de vivir la música: más conscientes, más cuidadas, más sanas. Y en esa transición hay DJs que no solo están pinchando música, sino nuevos códigos para habitar el club (y el cuerpo, y la sociedad).
Comparten algo más que el oficio: se niegan a que la única forma de habitar la escena sea desde el agotamiento, el maltrato laboral o la autoexplotación disfrazada de pasión. Porque sí, el trabajo artístico también quema. Y mucho.
Cabina con propósito
«Señora DJ nació como una forma de respuesta a la falta de representación femenina en los carteles», explica Raquel Rodríguez, su rostro. Con una ecléctica mezcla de géneros, su primera sesión, íntegramente compuesta por grupos y solistas femeninas, fue toda una declaración de intenciones. Desde entonces, su proyecto ha mantenido esa línea feminista, visibilizando a mujeres en la música, apostando por la escena gallega y aliándose con colectivos LGTBIQ+.
«Me interesa crear espacios donde la música no esté ligada necesariamente al consumo de sustancias, sino a la conexión con el arte y la comunidad», defiende. Asegura que, cuando una DJ está bien, se nota: «Esa energía se transmite. El bienestar también se baila».
Algo se mueve: los tardeos ganan terreno, hay fiestas en cafeterías y propuestas donde el alcohol o las drogas no son el centro gravitacional.
Una idea similar comparte Marta Fierro (Eme DJ), con dos décadas de carrera a la espalda y una voz imprescindible cuando se habla de salud mental en la escena. Ella es la creadora de Depresión en la cabina, un proyecto para dar visibilidad a los desafíos de salud mental que enfrentan DJs y productores musicales, ofreciendo un espacio seguro para dialogar, compartir experiencias y buscar soluciones a los problemas relacionados con el entorno laboral.
«A mí me han pasado muchas cosas: burnout, depresión, ansiedad, ataques de pánico. Todo por no saber parar a tiempo», confiesa. De ahí que ahora insista en el autocuidado como una necesidad, no como un lujo. «Hay que aprender a decir que no. A poner límites. A no sentirse culpable por descansar. No somos máquinas de pinchar».
En medio del ritmo frenético de la industria, Depresión en cabina se alza como uno de los proyectos más necesarios y valientes del panorama electrónico. Ejerce de altavoz colectivo donde DJs de todo el país comparten, con nombre o desde el anonimato, sus experiencias de ansiedad, síndrome del impostor, precariedad y agotamiento.
«El objetivo no es deprimir a nadie», dice Eme. «Se trata de arrojar claridad sobre lo que no se ve cuando hay luces estroboscópicas y música está a todo trapo». Porque detrás de cada sesión hay horas de trabajo invisible, incertidumbre y, muchas veces, una salud mental hecha trizas. El proyecto es, en el fondo, una comunidad que abraza sin filtros, que recuerda que ser DJ no significa vivir en modo fiesta permanente.

No eres bienvenida
Ambas artistas denuncian que el entorno no siempre ayuda. Ni los promotores, ni algunos públicos, ni el propio relato que envuelve la figura del DJ, donde sigue vendiéndose la idea del artista total que siempre está disponible, siempre inspirado… y siempre de fiesta.
«El problema es que mucha gente no considera esto un trabajo», apunta Señora DJ. «Te regatean cachés. No entienden que una sesión de cinco horas exige preparación, técnica, energía… Y encima hay quien piensa que, como estás en una fiesta, ya estás pasándolo bien y eso basta».
También señala hacia la precariedad: «Hay bolos donde te tratan como si fueras parte del mobiliario. Y si eres mujer, peor: tienes que demostrar el doble. Y si encima no entras en el estereotipo sexy-cañero, ni te miran». A todo eso se suma la exposición constante en redes, la presión por reinventarse, la competencia feroz… «Es fácil perderse en ese ritmo. Y perderse a una misma», confiesa.
«Hay que arrojar claridad sobre lo que no se ve tras las luces estroboscópicas y una música a todo trapo»
Uno de los fantasmas en el relato es el síndrome del impostor. Esa vocecilla que aparece justo antes de una sesión, o después de leer un comentario malintencionado, y que susurra: «¿quién te crees que eres para estar aquí?».
«Lo peor es que, a veces, te lo crees», reconoce Señora DJ. «Tocas muchas puertas y no todas se abren. O te dejan entrar, pero sin alfombra. Y si te quejas, eres la problemática».
La frustración, el agotamiento, la falta de referentes… Todo suma en contra. Por eso se valora tanto encontrar figuras como Sandra de Delaporte, que representa otra forma de estar en la escena al hablar abiertamente de la soledad y la ansiedad del artista (y cómo trabajarlas). «Hace deporte, cuida su salud, prefiere madrugar para irse de rave con un café. Me parece fantástico», valora Señora DJ.
Eme DJ también destaca la importancia de tener redes de apoyo, colegas con quienes compartir lo que no sale en las fotos. «Nos hace falta comunidad. Poder hablar de lo que duele. De lo que agota. De lo que asusta. Si no, acabamos todas creyendo que somos las únicas que lo estamos pasando mal».
Con todo lo que se está avanzando, ¿está cambiando la escena? Algo se mueve, aunque lentamente. Los tardeos ganan terreno, se organizan fiestas en cafeterías, y aparecen propuestas donde el alcohol o las drogas no son el centro gravitacional. «Son eventos donde la música es el foco, no la excusa», celebra Señora DJ.
«Quiero crear espacios donde la música no esté ligada necesariamente al consumo de sustancias, sino a la conexión con el arte y la comunidad»
Ambas insisten en que no se trata de eliminar la noche, sino de ensanchar el mapa. Que haya opciones. Que bailar no siempre implique reventarse. «Al final, si tú estás bien, tu trabajo también lo estará. Es así de simple», resume Eme DJ. O debería serlo.

Manual de autocuidado para DJs (y para cualquiera)
Vivir pasa por el autocuidado. Y hay medidas que quienes se dedican a pinchar en la noche pueden tomar para sentirse algo mejor. «Descansar sin culpa. Dormir. Comer bien. Hacer deporte. Y, sobre todo, saber cuándo parar», dice Eme DJ. «Y no dejar que te convenzan de que tienes que beber o drogarte para encajar. Ese relato está muy superado, aunque todavía esté en muchas cabinas». Una propuesta que vale tanto para los profesionales que están en la cabina como absolutamente para cualquiera.
Señora DJ lo resume igual de claro: «Recordar que, aunque trabajes en una fiesta, estás trabajando. Y tú también necesitas estar al 100%». Porque la música siempre seguirá sonando. Pero, con suerte, en los próximos años no hará falta destrozarse para poder bailarla.


