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Cinco museos submarinos que tienes que visitar al menos una vez en la vida

¿Y si tus próximas vacaciones junto al mar fueran algo más que sol y tumbona? Te presentamos el turismo cultural marino, una oportunidad para explorar el océano como archivo vivo de arte, historia y conciencia ecológica. Más allá del ‘wow’ visual nos sumergen -literalmente- en nuestra relación con el entorno marino.


Cuando pensamos en vacaciones junto al mar, lo primero que se nos viene a la cabeza es una hamaca, una novela y una brisa acariciando el rostro. O, en el caso de los más aventureros, unas horas de buceo, windsurf, vela o inserta aquí tu deporte favorito

Sin embargo, hay una nueva tendencia que gana fuerza: el turismo cultural marino, que combina la experiencia del entorno con el descubrimiento del patrimonio cultural vinculado al mar. En otras palabras, se trata de ir más allá de disfrutar de las playas para explorar -y, en consecuencia, valorar y preservar- la dimensión cultural, histórica y artística de los océanos y las comunidades costeras. Escapadas que invitan a sumergirnos en la memoria del mar.

Además de las rutas ecomarinas o los sitios arqueológicos sumergidos, como restos de naufragios o rutas comerciales antiguas, en los últimos años han proliferado como fruto de la conciencia ambiental los denominados museos submarinos, espacios bajo el agua donde conviven arte contemporáneo, conservación marina y exploración sensorial. 

Algunos han sido concebidos como una forma de fusionar escultura y ecología; otros han sido directamente impulsados por biólogos e instituciones de protección marina para poner el foco en el cuidado de un océano que produce el 50% del oxígeno que respiramos y nos da todo lo que necesitamos. Todos tienen algo en común: una experiencia inmersiva tocada tan solo por la biodiversidad que vive bajo el mar.

En tiempos de cambio climático, estos lugares ofrecen un recordatorio silencioso -y a veces sobrecogedor- de lo que está en juego. Más allá del wow visual, nos invitan a repensar nuestra relación con el mar con una receta perfecta en la que el arte se cubre de vida para demostrar el poder de lo que todo lo que vive y pervive debajo de nosotros.

En pleno Decenio de los Océanos impulsado por las Naciones Unidas te dejamos nuestros favoritos, repartidos por todo el mundo, por si todavía estás planificando tus vacaciones y te apetece visitar la más especial sala de exposición: el mar.

Molinière Underwater Sculpture Park, en Granada (Caribe)

Aquí empezó todo. En 2006, el artista y ecologista británico Jason deCaires Taylor instaló en la bahía de Molinière, al oeste de la isla caribeña de Granada, el primer parque de esculturas submarinas del mundo. Fue una revolución: más de 75 piezas sumergidas que, con el tiempo, se han convertido en hogar de la vida marina, colonizadas por corales, algas y peces.

El parque incluye figuras humanas, círculos de niños cogidos de la mano, un escritor tecleando bajo el agua… todas creadas con materiales sostenibles y colocadas estratégicamente para regenerar el entorno marino tras los daños provocados por huracanes. En 2017, National Geographic lo incluyó entre las 25 maravillas del mundo, y desde entonces ha servido de inspiración para proyectos similares en todo el planeta.

Museum of Underwater Art, Queensland (Australia)

La joya aussie. El MOUA, situado frente a la Gran Barrera de Coral, es una propuesta impactante tanto a nivel visual como conceptual. Su escultura más famosa, la Ocean Siren, cambia de color en tiempo real según la temperatura del agua, en un guiño directo al cambio climático y al blanqueamiento de los corales.

Este museo también incorpora referencias a las culturas indígenas del norte de Queensland, conectando tradición, ciencia y arte. Consta de varias instalaciones repartidas en distintos puntos de la costa y es una visita obligada para quienes quieren combinar buceo, conciencia ecológica y tecnología.

Museo Subacuático de Arte (MUSA), en Cancún e Isla Mujeres (México)

El más extenso y, probablemente, el más famoso. Cuenta con más de 500 esculturas que reposan en el lecho marino entre Cancún e Isla Mujeres, muchas de ellas firmadas por el artista británico Jason deCaires Taylor, aunque hoy participan también numerosos creadores locales. Las piezas -figuras humanas, coches, casas, multitudes- se integran lentamente en el ecosistema, sirviendo como arrecifes artificiales.

MUSA es además una organización sin ánimo de lucro que lucha por reducir la presión turística sobre los arrecifes naturales, visitados por casi un millón de personas cada año. Al ofrecer una experiencia submarina alternativa, consigue desviar parte del flujo hacia zonas artificiales que, a su vez, funcionan como arrecifes vivos. Hoy en día, se considera una de las mayores y más ambiciosas atracciones submarinas del mundo y un referente en turismo sostenible. 

Museo Atlántico, Lanzarote (España)

En casa tenemos el único museo submarino de Europa. A 12 metros de profundidad de las aguas volcánicas de Lanzarote encontramos también las obras de Jason deCaires Taylor. Así, el Museo Atlántico es una experiencia artística, política y poética al mismo tiempo. Las esculturas muestran desde refugiados en pateras hasta figuras que consultan sus móviles sin notar lo que ocurre a su alrededor.

Instalado en una zona protegida del Parque Nacional de Los Ajaches, no solo atrae a buceadores de todo el mundo, sino que contribuye a la conservación del entorno marino local. La mezcla de lava, agua y arte lo convierte en un paraje inolvidable.

Museo Submarino de Arte, Ayia Napa (Chipre)

En este bosque submarino a diez metros de profundidad, las esculturas no representan personas estáticas, sino  árboles, ramas, niños en movimiento… MUSAN es una instalación viva y cambiante. Diseñado también por Jason deCaires Taylor -sí, es el Banksy de las profundidades-, este museo se funde con la biodiversidad del Mediterráneo.

La luz solar se filtra entre las ramas metálicas creando un espectáculo visual hipnótico. Cada escultura está fabricada con materiales de pH neutro, especialmente seleccionados para atraer fauna marina sin dañar el ecosistema.

Y si quieres comer… ve a Under (Noruega)

No es un museo, pero merece estar en esta lista. Under es el primer restaurante submarino de Europa: una estructura de hormigón que se sumerge cinco metros bajo el nivel del mar, con paredes de cristal que permiten observar el océano mientras disfrutas de una experiencia gastronómica. En su interior se celebran también exposiciones temporales de arte marino, performances y experiencias multisensoriales.

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