«Lejos de resguardarme en la comodidad de quien ya le ha dado vuelta y media al jamón, me siento capaz de arreglar este mundo y decirle a Mafalda que no se baje, que merece la pena intentarlo».
En Grecia, utilizaban la palabra klimakter (escalón) para referirse a la última etapa de la vida humana –especialmente en el caso de las mujeres– en el que la capacidad reproductiva desaparecía. Una situación curiosa: comparte raíz con clímax. ¿Será que en ese último peldaño la naturaleza aún nos guarda buenos ratitos?
Los latinos, un poco menos hedonistas, ampliaron el significado de climacter a todo aquel periodo convulso de la vida en general en el que las personas nos vemos amenazadas. Así nos ha quedado en nuestro diccionario el adjetivo climatérico: dicho de alguien, es estar en una fase crítica de la vida; dicho del tiempo, es algo peligroso por alguna circunstancia.
A menudo, a lo largo de nuestra vida las mujeres hemos sido consideradas peligrosas por alguna circunstancia. Hoy que la ciencia cada vez nos regala más años para compartir con quienes queremos, lo que antes era visto como un declive físico y hormonal hoy es la puerta de entrada a una nueva realidad. Nos vemos en un momento de plenitud mental y profesional y nos queda por delante –si todo va bien– casi un tercio de nuestra vida. Y, claro: quién no teme a una mujer en todo su esplendor.
Yo soy una de ellas. Como a otras tantas, el climaterio me ha traído unas ansias irrefrenables por disfrutar de la vida, pero también una sobrevenida histeria climática y una sensibilidad abrumadora ante las injusticias sociales y los peligros ambientales que crecen de manera angustiosa. Hoy soy más consciente que nunca de la importancia de vivir bien y hacer realidad todos mis anhelos, pero necesito devolver algo de todo lo que he recibido. Lejos de resguardarme en la comodidad de quien ya le ha dado vuelta y media al jamón, me noto más vital e idealista que nunca. En estos momentos, me siento capaz de arreglar este mundo y decirle a Mafalda que no se baje, que merece la pena intentarlo.
Me reconozco orgullosamente climatérica y sé que no estoy sola. Somos muchas las que estamos en nuestro momento óptimo, listas para este nuevo capítulo. Es ahora o nunca: llevamos toda la vida preparándonos para ello.


