ecovillano
Ilustración: Nico Ordozgoiti

Cómo se construye un ecovillano

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Aunque los malos de las pelis casi siempre muestran un perfil perverso, si miramos un poco más lejos podemos ver que algunos de ellos tienen un fondo aparentemente ‘casi’ ecologista: quieren salvar el planeta hasta el punto de hacer desaparecer a la especie humana. ¿Qué estamos haciendo nosotros para buscar soluciones que nos alejen de convertirnos en un ecovillano?


La ciencia ficción mira a los miedos del presente para hacerse una pregunta: ¿qué pasaría si aquello que nos inquieta crece de manera que sea difícil convivir con ello o controlarlo? Por eso, cuando el cine toma como referencia el miedo humano a la destrucción del planeta muestra ciudades comidas por el desierto, hostigadas por lluvia ácida o en el interior de la Tierra para protegerse del efecto invernadero.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, el cine alimenta el miedo con historias inquietantemente cercanas a nuestros días. Para ello ha creado un nuevo malo de la película: el ecovillano. Este personaje propone que la destrucción del planeta es tan imparable que la única solución posible es acabar con la vida de millones de personas o hacer desaparecer por completo la especie humana para que la naturaleza siga adelante. Un planteamiento radical que podría encontrar ciertos adeptos verdes en el mundo real de hoy.

El ecovillano más conocido es Thanos (Josh Brolin) en Avengers Infinity War (2018). Considera que los recursos naturales son escasos para tantas personas como hay en el universo y que la solución está en eliminar a la mitad de los habitantes con un chasquido mágico.

Thanos (Josh Brolin) en Avengers Infinity War.

El multimillonario Mr. Valentine (Samuel L. Jackson) en Kingsman (2014) cree que el calentamiento global se detendrá manipulando mentalmente a millones de personas para conducirlas al asesinato entre ellas. Por su parte, el rey Orm (Patrick Wilson) de las profundidades en Aquaman (2018) considera que para salvar los océanos debe acabar con la vida humana.

¿Pretende Hollywood burlarse del ecologismo con los ecovillanos?

Para responder a esto debemos plantearnos su origen, cómo están concebidos. Responden a aquella regla de Hitchcock de que una película está más lograda cuanto mejor conseguido está el villano.

Un villano conseguido no es una caricatura. Por eso, los ecovillanos no tienen aspecto repulsivo ni actúan de manera errática: son personajes tocados por la melancolía. A diferencia de los villanos clásicos, no ansían el poder ni la gloria ni un enriquecimiento desmesurado chantajeando a los gobiernos con armas de destrucción masiva.

Los ecovillanos muestran un verdadero interés por el cambio climático, el calentamiento global o la distribución de recursos. Tienen discursos coherentes sobre el daño que provocan los gobiernos de los países más poderosos a la Tierra y los daños que causan a los más desfavorecidos. El problema, o lo que más choca con su discurso coherente, es la solución que plantean y lo que precisamente les da el carácter malvado: el genocidio.

Lo interesante en el diseño de estos personajes es que su propuesta criminal no desdice el discurso previo. El ecovillano es una especie de don Quijote: tiene pensamientos cuerdos, pero resoluciones de un loco. Si la locura del hidalgo manchego era creerse caballero andante, la fantasía del ecovillano es creerse el salvador de Gaia.

En cualquier caso, el ecovillano es utilizado en el guion como representante de la naturaleza. Es el sustituto dramático del género creado con Godzilla (1954), la venganza de naturaleza contra las personas en la que, recordemos, el monstruo es el hijo de la contaminación nuclear por el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Después llegaron otras películas de criaturas mutadas y animales y plantas corrientes que quieren recuperar sus espacios naturales. Entre las más conocidas, Los pájaros (1952), El enjambre (1994) y El incidente (2008).

Recientemente, el perfil ecovillánico tomó forma con los caminantes blancos de Juego de tronos (2011-2019). Estas criaturas mágicas representan las fuerzas de la naturaleza que reclaman las tierras y los recursos naturales explotados por los humanos durante siglos. Con ese planteamiento, no es raro que el propósito despertara las simpatías en una parte del público de la serie.

Una cuestión curiosa es que, como público, aceptamos que en cintas como Los pájaros o El incidente las aves y las plantas se protejan… pero no aceptamos que otras personas o criaturas humanoides actúen como juez y verdugo contra la especie humana.

En cualquier caso, aunque el ecovillano paga por sus crímenes, su mensaje no es objeto de burla. Un ejemplo: Marvel acaba con Thanos, pero no desmiente su temor sobre la escasez de recursos. En Falcon y el soldado de invierno (2021-…), la serie derivada de Avengers Infinity War, se revela que el mundo prosperó tras la desaparición de la mitad del planeta, pero el regreso de los desaparecidos trajo pobreza, tensiones sociales y guerras.

El mensaje del ecovillano llega a millones de personas a través de producciones épicas: estamos dañando el planeta. Ahora, solo queda pensar una solución que no sea propia de la ciencia ficción más malvada.

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