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¡A todo volumen contra el cambio climático! Cómo la música anticipó la crisis ambiental

Núria Martorell

Hubo artistas que empezaron a cantar sobre la crisis climática mucho antes de que ocupase portadas o informativos. Desde Joni Mitchell hasta Billie Eilish, pasando por Serrat, Gorillaz o Michael Jackson, la música lleva décadas poniendo voz a la degradación del planeta, la pérdida de biodiversidad o el consumo desmedido.


Lo sorprendente —o quizá preocupante— es que muchas de aquellas composiciones suenan hoy más actuales que nunca. Algunas denunciaban la deforestación cuando apenas se hablaba de ella; otras anticipaban la ansiedad ante un mundo cada vez más extremo. Hoy, con olas de calor récord, incendios, inundaciones o sequías formando parte de nuestro día a día, una nueva generación de artistas ha convertido la emergencia climática en una de sus grandes fuentes de inspiración.

Porque, seamos realistas, quizá no todo el mundo tenga tiempo —o ganas—  de leer un informe científico de cientos de páginas. Pero una canción puede emocionar, invitar a reflexionar o despertar preguntas y conciencias en apenas cuatro minutos.

Subimos el volumen y recorremos, en orden cronológico, algunas de las canciones que mejor han contado la historia de nuestra relación con el planeta.

Cuando el paraíso empezó a llenarse de asfalto: Joni Mitchell – “Big Yellow Taxi” 

Mucho antes de las cumbres del clima y de las campañas medioambientales globales, Joni Mitchell escribió uno de los himnos ecologistas más influyentes de la música popular. La inspiración llegó durante una estancia en Hawái, cuando contempló desde la ventana de su hotel cómo un paisaje paradisíaco había sido invadido por un enorme aparcamiento.

De ahí nació una frase ya inmortal: «They paved paradise and put up a parking lot» («Pavimentaron el paraíso para construir un aparcamiento»).

Con una melodía luminosa y un tono aparentemente desenfadado, Mitchell denunciaba la urbanización descontrolada, la pérdida de espacios naturales y el uso indiscriminado de pesticidas, décadas antes de que estas preocupaciones fueran de debate público.

El soul también dio la voz de alarma: Marvin Gaye – “Mercy Mercy Me (The Ecology)

A comienzos de los setenta, cuando la palabra ecología apenas formaba parte de las conversaciones cotidianas, Marvin Gaye ya se preguntaba qué estaba pasando con el planeta. En 1971, dentro de su mítico álbum “What’s Going On”, publicó Mercy Mercy Me (The Ecology)”, considerada una de las primeras grandes canciones de la música popular dedicadas por completo al deterioro ambiental.

Con la elegancia del soul y una interpretación cargada de melancolía, Gaye lamenta la contaminación del aire y de los océanos, los vertidos de petróleo y los efectos de la industrialización sobre la naturaleza. Y en lugar de señalar culpables, lanza una pregunta que más de medio siglo después sigue resonando con fuerza: «¿Qué le estamos haciendo al mundo?»

Resulta asombroso comprobar cómo una canción escrita hace más de cincuenta años describe problemas que hoy siguen ocupando la agenda internacional. Una buena manera de entender que llevamos décadas llegando tarde es escuchar al gran Marvin Gaye.

La música lleva más de medio siglo advirtiendo de una crisis climática que todavía seguimos intentando frenar.

El bosque, el río, y la conciencia ecológica: Serrat – “Pare”

Mientras, aquí, era Joan Manuel Serrat quien firmaba una de las canciones ecologistas más emocionantes (y dolientes) jamás escritas. Publicada en 1973, «Pare» es una conversación con un padre que termina convirtiéndose en un lamento por un mundo donde los ríos, los bosques y la biodiversidad empiezan a desaparecer y el progreso amenaza con borrar el paisaje y la vida. Sin recurrir a grandes consignas, Serrat denunciaba la deforestación, la contaminación y la pérdida del equilibrio entre el ser humano y la naturaleza cuando la conciencia ambiental apenas comenzaba a abrirse paso. Años más tarde volvería a mirar hacia el medio ambiente con «Plany al mar», una emotiva oda al Mediterráneo en la que denunciaba la contaminación de los mares y reivindicaba la necesidad de proteger uno de los ecosistemas más frágiles y valiosos. 

Un océano de plástico convertido en música: Gorillaz – “Plastic Beach

Si los años setenta denunciaban la contaminación, el siglo XXI empezó a poner nombre a uno de sus símbolos más inquietantes: el plástico. En 2010, Damon Albarn convirtió esa idea en el corazón de “Plastic Beach”, un álbum conceptual de Gorillaz inspirado en las enormes acumulaciones de residuos que flotan en los océanos.

Más que una colección de canciones, “Plastic Beach” dibuja un paisaje surrealista donde la basura forma nuevas islas y la naturaleza intenta sobrevivir entre los restos de una sociedad obsesionada con consumir y desechar. Con su inconfundible mezcla de pop, electrónica, hip hop y rock, Gorillaz construye una crítica tan imaginativa como incómoda al modelo de consumo que ha llevado a los mares a convertirse en el mayor vertedero del planeta.

Lejos del tono apocalíptico de otras propuestas, “Plastic Beach” utiliza la ironía y la fantasía para lanzar un mensaje que hoy resulta imposible ignorar: el plástico que tiramos nunca desaparece del todo. Simplemente acaba regresando, de una forma u otra, a nuestras vidas.

El metal que imaginó un planeta devastado: Metallica – “Blackened” 

Metallica no solo transciende por sus reconocibles riffs eléctricos y una batería que te sacude como si estuvieras en una montaña rusa, también por su inspirada advertencia al planeta. En «Blackened«, la banda describe un mundo «lleno de ampollas», a modo de metáfora de lo que sucede con el medio ambiente: está a punto de estallar. Si seguimos así, el único «blackened» que quedará será el paisaje. ¡La Tierra no es un vinilo para seguir rayando!

El himno que llevó la emergencia ambiental a los estadios: Michael Jackson – “Earth Song

En los años noventa, la deforestación del Amazonas, la pérdida de biodiversidad y el deterioro de la capa de ozono ocupaban un lugar destacado en las cumbres del clima. Michael Jackson decidió convertir esas preocupaciones en una poderosa balada.

Earth Song” mezcla góspel, rock y pop para denunciar la destrucción de los bosques, la guerra, la caza furtiva y el sufrimiento del planeta. Su espectacular videoclip, con escenas de devastación que terminan rebobinándose hasta recuperar la naturaleza, convirtió la canción en uno de los mayores himnos ambientales de la música popular.

Antes de los hashtags, los artistas ya cantaban sobre deforestación, contaminación o pérdida de biodiversidad.

La pregunta sigue sin tener respuesta: Maná – “¿Dónde jugarán los niños?”

El grupo mexicano convirtió la preocupación ecológica en uno de los grandes temas del rock latino.

La canción imagina un futuro en el que los bosques desaparecen, los mares se contaminan y las ciudades ocupan el espacio de la naturaleza. La pregunta que da título al tema resume toda la inquietud:

“¿Dónde jugarán los niños?” La pérdida de espacios verdes para las futuras generaciones es un tema que da para mil y una canciones. Ojalá que también dé pie a respuestas y soluciones.

La ansiedad climática antes de que tuviera nombre: Radiohead – “Idioteque” 

Con el cambio de milenio llegó también una nueva forma de hablar del miedo.

En “Kid A”, Radiohead creó un paisaje sonoro inquietante donde aparecen referencias al colapso ambiental y la incertidumbre del futuro. En “Idioteque”, Thom Yorke canta frases como «Ice age coming» o «This is really happening», versos que se interpretan como una anticipación de la crisis climática y de la ansiedad que hoy provoca. Lo cierto es que la pieza transmite la sensación de que el mundo se acerca a un punto de no retorno.

Versos para un mundo que se derrite: Jorge Drexler – “Salvavidas de hielo

Médico de formación y cantautor por vocación, Jorge Drexler convirtió este álbum en una reflexión sobre la fragilidad del planeta y nuestra relación con él.

Especialmente significativa resulta la canción “Despedir a los glaciares”, una delicada elegía dedicada a las masas de hielo que desaparecen a un ritmo cada vez más acelerado (e inquietante).

A lo largo del disco, Drexler invita a pensar en la huella que dejamos sobre la Tierra y en la necesidad de reconstruir un vínculo más respetuoso con el entorno.

Cuando el pop vistió de petróleo a un ángel: Billie Eilish – “All the Good Girls Go to Hell” 

Para la generación que ha crecido escuchando hablar de incendios forestales, sequías y temperaturas récord, el cambio climático ya no es una amenaza futura.

Billie Eilish convirtió esa sensación en una potente metáfora visual: un ángel cubierto de petróleo caminando entre llamas.

Aunque la canción aborda varios temas, el videoclip incorpora referencias explícitas a la crisis climática y critica la inacción política frente al deterioro ambiental, convirtiéndose en uno de los símbolos pop de la conciencia ecológica de la Generación Z.

La activista que convirtió un álbum en llamada a la acción: The 1975 y Greta Thunberg 

No todas las canciones necesitan un estribillo para lanzar un mensaje.

En la pieza que abre “Notes on a Conditional Form”, la banda británica The 1975 cedió el protagonismo a Greta Thunberg. Sobre una base musical minimalista, la activista sueca hace un llamamiento a la desobediencia civil y a la movilización colectiva para frenar el calentamiento global.

Más que una canción convencional, es un manifiesto convertido en música.

Hay canciones que duran cuatro minutos y consiguen explicar mejor la emergencia climática que cien páginas de un informe.

El rugido de una nueva generación verde: AURORA – “The Seed” 

La cantante noruega lleva años utilizando la naturaleza como uno de los grandes ejes de su obra.

Su canción “The Seed” es un auténtico himno ecologista que invita a defender el planeta frente a la explotación de los recursos naturales. En ella resuena una frase convertida en lema del activismo ambiental: «You cannot eat money» («No puedes comer dinero»).

Un recordatorio de que ninguna riqueza material servirá de mucho si destruimos el mundo que hace posible la vida.

La selección podría ser mucho más amplia. Pero todas estas canciones coinciden en algo: convierten la emergencia climática en un mensaje que se escucha, se siente y se recuerda. Porque el cambio climático no es ninguna broma.

Hay melodías que se tararean. Otras incomodan. Y las mejores consiguen ambas cosas: quedarse en la cabeza mientras nos obligan a mirar de frente una realidad que ya no admite más silencios. Quizá no puedan cambiar el mundo por sí solas, pero llevan décadas recordándonos que todavía estamos a tiempo de intentar cambiar nuestra forma de habitarlo.

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