A lo largo de la historia, la música, el arte y la cultura siempre han sido formas de alzar la voz, de reivindicar o de unir a las personas. Desde la antigüedad, los festivales romanos no sólo celebraban rituales y espectáculos, sino que involucraban activamente a la ciudadanía a través de actividades artísticas, desfiles y música como parte de la vida pública y política. Más adelante, los trovadores medievales y, hoy en día, las manifestaciones culturales urbanas, demuestran que la creatividad ha sido un altavoz para lo que realmente importa.
Hoy, esa tradición se encuentra con un nuevo lenguaje: la sostenibilidad. Y no hablamos de discursos técnicos o alarmistas, sino de experiencias colectivas que conectan acción y cultura. Y puede que pienses que esto es algo nuevo, pero no, en Igluu sabemos que la sostenibilidad apetecible es una realidad presente y muy factible.
¿Qué es Cridem pel Clima?
Cada vez hablamos más del clima, del cambio climático, de nuestros bosques o de nuestros mares, pero a menudo desde la preocupación o la distancia. Sin embargo, Cridem pel Clima (Valencia) se abre camino entre toda esta preocupación con una propuesta diferente: la de un festival que convierte la preocupación climática en una vivencia colectiva, y logra atraer nuevas audiencias desde la cultura y el arte.
Son Queralt Lahoz, Carlos Ares, Sandra Monfort, Tiburona, Calivvla y DJ Amable quienes encabezan una programación que conecta con las tendencias actuales de la música alternativa y electrónica, sin perder el foco en el propósito.
La combinación funciona porque en Cridem pel Clima se puede bailar, reflexionar y actuar al mismo tiempo. La música se convierte en un lenguaje de encuentro, el escenario, en un espacio de diálogo; y el arte, en una herramienta de transformación.
Y es que en Valencia, la cultura siempre ha sido mucho más que entretenimiento, en la que la sostenibilidad se ha colado como un nuevo motivo para alzar la voz juntos, de forma natural y compartida.
Cridem pel Clima comenzó en octubre de 2025 con una serie de actividades que acercaron la cultura y la sostenibilidad a la ciudad. Entre ellas, un coloquio titulado “¿El final de las estaciones?”, con Juan Bordera, Yayo Herrero y Antonio Turiel, exploró los desafíos del clima desde la perspectiva local. Una semana después, la proyección de un documental sobre la DANA en Nau 3 Ribes ofreció una mirada directa a los fenómenos meteorológicos extremos. Y el 25 de octubre, en el barrio de Malilla, familias y vecinas participaron en talleres de alimentación consciente y arte comunitario, llevando el diálogo sobre sostenibilidad directamente a las calles.
Pero como te habrás dado cuenta, ya estamos en noviembre, y si no te dio tiempo a pasarte por esos primeros encuentros, todavía queda sostenibilidad y concienciación para rato. Estará disponible del 8 al 21 de noviembre la Expo DANA, una exposición en La Rambleta, que reúne ilustraciones de quienes vivieron de cerca la riada con una mirada local al impacto climático, o el concierto “1 Concierto = 1 Árbol”, que cerrará el ciclo plantando árboles mientras suena música en directo junto a Música pel Clima y Desert Leaves.
Cultura y sostenibilidad pueden y deben ir de la mano
Lo interesante no es solo el contenido de estas iniciativas, sino también el continente, todo lo que las rodea, desde materiales reciclados, espacios accesibles, hasta el objetivo último de que este festival sea la excusa para que cualquiera pueda acercarse y sentirse parte de algo más grande. No se trata de discursos ni de culpabilidad, sino de participar y concienciar mientras se hace algo que importa. Cultura que se conecta con la vida cotidiana y con la ciudad misma.
Se rompe la idea de que los eventos responsables deben ser austeros o poco atractivos. Aquí la experiencia es estética, emocional y actual, sin renunciar al compromiso ambiental, porque ser sostenible puede y es apetecible si se hace bien.
La historia demuestra que la cultura no solo entretiene sino que une y moviliza. Cada canción, cada mural, cada obra o cada encuentro tiene el poder de generar conciencia y abrir diálogos. Cuando la creatividad se pone al servicio de causas colectivas, se convierte en un lenguaje capaz de conectar con las personas, inspirarlas y hacer visible lo que muchas veces pasa desapercibido. La cultura, en su forma más pura, no solo refleja la sociedad también la cuestiona, la desafía y, sobre todo, la invita a actuar.


