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Descansar también es productivo: cómo dejar de ser un workaholic en vacaciones

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La vida cotidiana nos empuja a no desaprovechar ni un segundo, a rentabilizar incluso nuestras aficiones, a no parar la rueda. Estos meses tenemos la oportunidad de darle la vuelta: el tiempo invertido en descansar no se pierde, se gana.


Se vuelven necesarias esas pequeñas cosas que durante el día hacen que uno se sienta bien, que se relaje y especialmente que le hagan darse cuenta de que no solo está viviendo para ser productivo.

El verano suele pensarse como una época relajada, en la que el calor diluye las tareas pendientes y potencia las relaciones sociales para las que no siempre se tiene tiempo. El estío es el momento por excelencia de las vacaciones con las que soñamos el resto del año, planificando un viaje, una visita a la familia o una escapada en busca de la esperada tranquilidad.

Acostumbrados a pasar casi todo el tiempo con la presión de ser siempre productivos, intentando que hasta las aficiones tengan un rédito, a algunos les resulta verdaderamente complicado desconectar cuando por fin llegan sus preciados días de vacaciones. Esos adictos al trabajo –los workaholics, como los llaman los angloparlantes– que revisan constantemente el correo o que no se permiten hacer un crucigrama para no perder el tiempo.

Esta situación puede suponer un problema no solo para la persona que la sufre, sino también para su entorno. Por ello, ahora que sabemos que las respuestas automáticas están esperando ya su momento de protagonismo, aquí dejamos unos cuantos consejos para desconectar en este verano y dejar el trabajo –de verdad– en la maleta.

Quitar las notificaciones de las redes sociales y el correo

Si tienes un teléfono de trabajo que puedes directamente apagar, hazlo. Como sabemos que no siempre se puede, suprimir las vibraciones, pantallas iluminadas con mensajitos y leds parpadeantes es una de las mejores formas de olvidar el mundo digital y centrarse en el analógico. Ayuda a no perder la concentración en lo que se está haciendo y a tomar el control: solo se verán los mensajes cuando uno decida entrar a la aplicación para comprobarlos. En un mundo en el que se es esclavo de Twitter, Instagram y WhatsApp existe también la tentación de tener instaladas aplicaciones relacionadas con el trabajo, así que desinstalarlas y olvidar que existen hasta la vuelta nos evita problemas.

Crear una rutina gratificante

Las vacaciones no son muy propicias para crear una rutina pero, sobre todo por las mañanas, cuando la calma impera, es recomendable. Levantarse más o menos a la misma hora, hacer ejercicio, desayunar y dedicar de media hora a una hora a leer pueden purificar la mente y hacer que el día comience despejado y con predisposición a disfrutar de las diferentes actividades, sean planificadas o no.

Permitirse no hacer nada

Aunque pueda parecer contradictorio con el consejo anterior, hay días en los que el cuerpo se despierta perezoso o, más bien, casi no llega a despertarse del todo. Y está bien: también es bueno para la salud mental permitirse no hacer nada, simplemente levantarse y dejarse llevar por lo que cuerpo y mente pidan en ese momento, sin agobiarse con planes y sin pretensiones.

Pasar tiempo de calidad con seres queridos

Aumentar el tiempo que pasamos con quienes queremos y mejorar su calidad no siempre es fácil. En la vida rutinaria ligada al trabajo es difícil mantener la cabeza despejada. A pasar tiempo de calidad con seres queridos puede ayudar esa desintoxicación del teléfono móvil de la que se hablaba anteriormente, como también puede contribuir el buscar planes agradables, que gusten a la otra persona, cosas que hacía tiempo que no hacían juntos como ir a un concierto, al cine, a cenar a un restaurante, pasar la tarde en la piscina… Las opciones son infinitas.

Leer una novela

Cuando llegan de la oficina a casa, muchos son los que desconectan viendo una serie o algún programa que apague un rato el cerebro. En verano, ¿por qué no sustituirlo por una novela? La ficción también está en los libros y la lectura estimula partes diferentes del cerebro que pueden relajar al lector y sumergirle en una historia distinta que le haga olvidarse de sí mismo y vivir aventuras mediante los personajes.

Que desconectar no solo sea una cuestión de verano

Esto que no parece tan complicado de pergeñar durante las vacaciones, sería bueno mantenerlo una vez se vuelva a la rutina. ¿Es posible? ¿Cómo hacer para trasladar estos buenos hábitos que se cogen cuando hay tiempo libre y es todo mucho más ligero y fácil?

Lo ideal es encajarlos en los huecos que deja la cotidianidad del trabajo. Hacer deporte o tener actividad física al levantarse, desayunar sin prisa, comer sano llevando la comida preparada a la oficina y dedicar tiempo de calidad a seres queridos al finalizar la jornada o a uno mismo son algunas de las claves para tener más paz mental, concentrarse más y, por tanto, ser más productivos. El descanso, físico y mental, es clave para dejar la ofuscación y el hastío lejos.

Por ejemplo, la mayoría de redes sociales y de dispositivos disponen de herramientas que permiten al usuario controlar cuánto tiempo se les está dedicando. Si se suman todos los minutos que se gastan al día en ellas quizá a más de uno le daría un síncope. Pecamos de decir que no tenemos tiempo libre, pero quizá se trate de redistribuirlo y ser consciente de cuánto tiempo nos absorben este tipo de plataformas. Disminuirlo y reenfocarlo en otras actividades más gratificantes puede ser un factor determinante a la hora de mejorar la salud mental y el estado de ánimo general.

Dedicarse tiempo a uno mismo y a las personas cercanas es vital para poder sobrellevar la vuelta a casa, y evitar la tristeza o decaimiento que a veces la acompañan. Se vuelven necesarias esas pequeñas cosas que durante el día hacen que uno se sienta bien, que se relaje y especialmente que le hagan darse cuenta de que no solo está viviendo para ser productivo.

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