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El lujo que se habita

Cristina C. Garay

Hay una nueva forma de vivir, de crear y de producir que está cambiando el concepto del lujo: las firmas están abandonando el exceso para construir espacios de respeto hacia sus trabajadores, recurriendo a una arquitectura del bienestar capaz de adaptarse a las personas para generar entornos más cómodos y, por tanto, productos (aún más) excepcionales. El lujo de hoy no se ostenta, se siente.


Hay lugares donde el tiempo se desacelera. Donde la luz entra suave, el aire se purifica y las manos trabajan con una atención casi ceremonial. Lugares que reinventan el lujo a través de procesos que huelen casi a ritual. Espacios que abandonan el exceso y se convierten en sinónimo de silencio y respeto. Una simbiosis perfecta de la más innovadora ciencia con el saber hacer artesanal que cultiva otra forma de estar en el mundo.

Para que estos templos de la creación funcionen es necesario que cumplan con las cinco reglas de oro de la conocida como well-being architecture, la arquitectura del bienestar que busca construir lugares capaces de adaptarse a las personas (y no al revés): que mejoren la salud física y mental, que estén diseñados para las necesidades humanas, que se mantengan de forma sostenible, que sean resilientes y que capaciten a las personas.

No es moda, es sentido común: la arquitectura tiene un impacto directo en nuestra comodidad y necesitamos que sea saludable. Es la misma lógica que se extiende hoy al concepto del lujo, que ya ha dejado de ser sinónimo de ostentación para convertirse en una forma nueva de ser consciente. Que valora el bienestar de sus trabajadores, la sostenibilidad y la conexión con lo que de verdad importa. Porque un entorno sano genera procesos más humanos y productos más excepcionales.

Para que entendamos mejor de qué se trata esto, la marca de skincare Natura Bissé nos abre las puertas de su Casa-Fábrica en Barcelona demostrándonos que hay una nueva forma de producir y de cuidarnos que lo está cambiando todo.

Arquitectura que abraza

A pocos kilómetros de la ciudad condal, entre encinas y campos mediterráneos, se alza, luminosa, la sede central de Natura Bissé. No es una fábrica al uso. Es más bien un santuario donde se honra la piel y cada cosmético nace de un ecosistema de bienestar, innovación y cuidado extremo. Desde su concepción, este edificio fue proyectado como algo más que una sede corporativa. «Casa-Fábrica es un nombre propio cargado de significado que recoge a la perfección nuestra esencia: somos una empresa centrada en las personas, que aúna la tecnología más puntera con la sensorialidad más exquisita e impregna de sus valores -compromiso, generosidad y disfrute– todo lo que hace», afirman desde Natura Bissé. 

Dentro del edificio, la luz inunda incluso las plantas inferiores. Los espacios se abren con fluidez y, en ellos, el hormigón dialoga con la madera. A la vez, los juegos de sombras evocan ese espíritu mediterráneo que está grabado en el ADN de la marca. Se respira tranquilidad.

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El edificio, diseñado con criterios bioclimáticos, busca ser estético, pero también convertirse en un espacio profundamente funcional y emocional: «Más que una sede, es nuestra ventana al mundo. Un espacio que habla por sí mismo de quiénes somos, cómo trabajamos y cuál es nuestro compromiso con la sostenibilidad»

El hogar de Natura Bissé está situado en el Barcelona Synchrotron Park, un hub de innovación que forma parte de la plataforma Business & Biodiversity de la Unión Europea. Su ubicación, materiales y sistemas de gestión han sido seleccionados con un propósito claro: priorizar la sostenibilidad sin renunciar al confort. «Queríamos que fuera un espacio cómodo para todos, donde la gente quisiera venir a trabajar», explican.

Diseñada con criterios bioclimáticos, la Casa-Fábrica de Natura Bissé es mucho más que un edificio: es un espacio pensado para cuidar a las personas.

Entre sus innovaciones para conseguirlo: circuitos cerrados de procesos térmicos, reactores eficientes, poligeneración para reducir un 35% la energía primaria y sensores que monitorizan el consumo de agua y energía en tiempo real. Incluso reutilizan las aguas pluviales y han desarrollado un sistema propio de depuración de aguas residuales industriales.

Y de todo eso se impregnan inevitablemente sus creaciones. En su producción cosmética, que se hace íntegramente en la Casa-Fábrica, la firma ha logrado un equilibrio armónico entre la ciencia y el saber hacer artesanal gracias a su «presupuesto ilimitado para I+D». Así pueden controlar cada fase del proceso, garantizar la calidad según las normativas europeas e innovar con agilidad. 

Desde la formulación sensorial hasta el packaging, cada detalle se cuida como si se tratara de una pieza hecha a mano. No hay prisa, porque el nuevo lujo requiere tiempo. Y es ese gesto delicado de cuidar a las personas con su arquitectura y a sus productos con una innovación centrada en lo artesanal lo que marca la diferencia para un consumidor que busca marcas cada vez más conscientes.

Presencia y legado

Este nuevo paradigma del lujo consciente y respetuoso extiende sus brazos por todo el mundo impulsando numerosos proyectos inspiradores que también crean tendencia. Otro ejemplo que emociona: Solomeo, una pequeña aldea medieval en la provincia de Perugia (Italia), donde el conocido diseñador Brunello Cucinelli ha tejido una nueva filosofía en la industria de la moda poniendo en el mapa mundial esta pequeña localidad.

¿Cómo? Reconstruyéndola por completo para alzar allí su sede textil de jerséis de cachemir que cotiza en Bolsa, acabando así con las décadas de riesgo de abandono del pueblo, salvándolo -muy probablemente- de su desaparición y recuperando su vida y esplendor. Una decisión que también ha dado una segunda vida a cientos de artesanos y trabajadores locales y que demuestra cómo se pueden hacer las cosas mejor siguiendo una filosofía sostenible, ética y digna.

No es moda, es sentido común: la arquitectura tiene un impacto directo en nuestra comodidad y necesitamos que sea saludable.

Son más de tres décadas invertidas en recuperar esta «aldea del espíritu», como él la llama, para crear una compañía centrada en conseguir beneficios con ética. Un esfuerzo titánico que ahora se traduce en una plantilla de más de 1.400 trabajadores, instalaciones con amplios ventanales que conviven con la naturaleza y más de 125 tiendas repartidas por todo el mundo. Y, por supuesto, un pueblo, Solomeo, ahora conocido por ser un destino de lujo consciente.

Porque de eso se trata lo que hacen Natura Bissé, Brunelli y otras tantas firmas: alejarse de la prisa y el volumen, creando bienestar sin dejar cicatrices. Cuidando de esa alquimia secreta entre el arte, la ciencia y el alma. En fábricas que son casas. En casas que son jardines. Con el cuidado como prioridad, el mayor lujo posible.

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