La Gomera
Foto: Jörg Bermann | Hermigua, La Gomera, Islas Canarias | Vía: Flickr

El paisaje que dejó el plátano: memoria agrícola y patrimonio inmaterial en el norte de La Gomera

Jennifer Peral

Entre Agulo y Hermigua, los bancales todavía cuentan la historia de una economía que ya no es la que fue, y el Silbo Gomero sigue demostrando que un patrimonio inmaterial también puede sobrevivir a los cambios de un territorio. Anaga Biofest, el festival de turismo regenerativo nacido en Tenerife, nos invita a recorrer este rincón de La Gomera para descubrir la memoria que guarda el paisaje y los saberes de quienes lo mantienen vivo.


Agulo, el municipio más pequeño de La Gomera, se asoma al norte de la isla entre Hermigua y Vallehermoso. Durante buena parte del siglo XX, el cultivo del plátano fue aquí casi el único motor económico. Y aunque hoy esa actividad está en clara recesión, su huella sigue perfectamente legible. Los bancales, esas terrazas escalonadas que permitieron cultivar en laderas de fuerte pendiente, siguen marcando el paisaje como una arquitectura agrícola que ha sobrevivido a la propia agricultura que la creó.

Hermigua, su vecina, comparte esa misma memoria. El valle que le da forma, uno de los grandes barrancos de la isla, sigue rodeado de fincas de plataneras y conserva construcciones que hablan de aquella economía, como los antiguos almacenes de empaquetado conocidos como El Transportador, junto a la costa de Agulo. Son los restos de una industria que en su día dio de comer a la isla y que hoy representan, sobre todo, arqueología reciente.

Entre ambos municipios, el caserío de Lepe resume bien ese equilibrio entre pasado y presente: una pequeña plaza rodeada de plataneras y árboles frutales, con vistas abiertas hacia el Teide, al otro lado del mar en Tenerife, y la costa de Hermigua, un lugar donde el paisaje agrícola no es un decorado, sino algo que sigue, aunque más despacio, en marcha.

Lo que queda cuando el cultivo cambia de escala

No toda la actividad agrícola de la zona pertenece al pasado. En Agulo, algunas fincas siguen dedicadas al cultivo de plátano y otras frutas tropicales, sostenidas por productores que continúan trabajando la tierra a una escala mucho más pequeña que la de aquella economía de exportación del siglo XX. Una de esas fincas pertenece a Toño y Brigitte, que regentan la Heladería La Crema en Valle Gran Rey, y que elaboran sus helados con producto propio de esa finca. Un ejemplo pequeño, pero real, de cómo la agricultura tradicional puede seguir generando actividad económica hoy, ya no como industria, sino como oficio.

Un patrimonio que se sigue transmitiendo

La isla de La Gomera guarda, además, un patrimonio que no se mide en bancales ni en cosechas: el Silbo Gomero, un lenguaje silbado capaz de reproducir el español sustituyendo vocales y consonantes por silbidos de distinto tono. La UNESCO lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2009 y lo describe como el único lenguaje silbado del mundo practicado de forma habitual por una comunidad numerosa, de más de 22.000 personas, enseñado en las escuelas de la isla desde 1999.

Lo interesante del Silbo Gomero no es solo que haya sobrevivido, sino cómo: no como una pieza de museo, sino como una lengua que se sigue enseñando, transmitiendo y usando. Es, en cierto modo, el mismo tipo de continuidad que se observa en los bancales de Agulo o en las fincas que aún se trabajan en Lepe, un patrimonio que resiste no por quedarse quieto, sino por seguir adaptándose.

Un territorio que se abre al intercambio

Este recorrido por el paisaje agrario y el patrimonio inmaterial del norte de la isla forma parte de la primera programación que Anaga Biofest, festival de turismo regenerativo con base en la Reserva de Biosfera del Macizo de Anaga, en Tenerife, desarrolla este 2026 en la Reserva de Biosfera de La Gomera, dentro de la red de hermanamientos que el proyecto ha ido tejiendo edición tras edición con distintas islas del archipiélago.

Es, sobre todo, una primera aproximación. Una forma de acercarse a un territorio con memoria agrícola propia y un patrimonio inmaterial vivo, sin necesidad de forzar ningún relato adicional sobre lo que ya está ahí.


Este recorrido se enmarca en la actividad Ecos del Barranco: descubriendo el valle de Mulagua entre frutas tropicales y silbos, programada para el 12 de septiembre de 2026 en Agulo y Hermigua. Más información e inscripciones, en biofest-anaga.com.

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