Cenamos tarde, salimos tarde del trabajo, encendemos la televisión tarde y nos acostamos, casi siempre, más tarde de lo que deberíamos. Lo que durante años hemos leído como una seña de identidad —esa vida en la calle cuando otros países ya están recogidos— también tiene una cara menos amable: dormimos menos, descansamos peor y obligamos al cuerpo a funcionar a contrarreloj.
A las 22.00 horas, los restaurantes en España están llenos y las calles a rebosar de vida. Es una de las señas de identidad de nuestro país: los horarios tardíos que hacen que los demás europeos nos miren como si nuestros días fueran más largos o mejor aprovechados.
Es parte de ese «Spain is different» que nos caracteriza, pero que, a veces, pasa factura a la salud: si la media de los europeos cena entre las 19.00 y las 20.30, en España lo hacemos entre las 21.00 y las 22.30. Y si hablamos del verano, la cosa puede alargarse aún más.
Si la media de los europeos cena entre las 19.00 y las 20.30, en España lo hacemos entre las 21.00 y las 22.30
Uno de los culpables es del desfase horario que rige España desde los tiempos de la dictadura: por su posición con relación al meridiano de Greenwich, España debería regirse por el mismo horario que Portugal; es decir, una hora menos. Pero durante la Segunda Guerra Mundial, Francisco Franco decidió adelantar los relojes una hora para facilitar la comunicación con Alemania y así se quedó.
Ahora, si los europeos salen del trabajo entre las 16.00 y las 18.00 horas, en España, la media se sitúa entre las 18.00 y las 19.00. En cuanto al comercio, el horario de salida empieza, para muchos, a las 21.00, mientras que la media europea está en las 19.00.
Los horarios de ocio también son más tardíos, incluso el de una de las actividades más democratizadas para desconectar del día: ver la tele. El horario de prime time español es de los más tardíos en Europa: los programas de mayor audiencia empiezan sobre las 22.00. Alguno termina, incluso, de madrugada. Esto se refleja en la cantidad de horas de sueño de los españoles –que son los europeos que menos duermen, con una media de menos de 7.50 horas al día– y en el de la cena.
El horario de prime time español es de los más tardíos en Europa: los programas de mayor audiencia empiezan sobre las 22.00
«La costumbre de cenar tarde puede afectar el metabolismo y la calidad del sueño. Nuestro cuerpo funciona según ritmos circadianos, ciclos de aproximadamente 24 horas que regulan cuándo estamos activos, cuándo descansamos y cómo procesamos los alimentos», explica la dietista-nutricionista María Muñoz. «Por la noche, la digestión es más lenta, por lo que cenas copiosas cerca de la hora de dormir pueden causar molestias y dificultar un sueño reparador».
Cenar muy tarde, indica, puede acarrear más riesgo de sufrir enfermedades como sobrepeso y obesidad, diabetes tipo II y problemas cardiovasculares. «El metabolismo y la digestión no funcionan igual de noche que de día, y comer tarde de manera habitual puede desajustar los ritmos circadianos de nuestro cuerpo», explica.
Desde su creación, en 2003, la Asociación para la Racionalización de los Horarios en España (ARHOE) aboga por que nuestro país se quede todo el año con el horario de invierno, o que al menos retrase sus relojes una hora. «Es lo que permitiría respetar los biorritmos y conseguir un descanso de mayor calidad», insistió la organización en un comunicado en octubre de 2025, antes del cambio de hora.
Desde su creación, en 2003, la Asociación para la Racionalización de los Horarios en España (ARHOE) aboga por que nuestro país se quede todo el año con el horario de invierno, o que al menos retrase los relojes una hora
Desde ARHOE defienden que el desfase horario frente a la posición geográfica de España es lo que redunda en los hábitos tardíos de los españoles: más horas de luz dan origen a horarios de trabajo más alargados, ocio y cenas tardías y menos horas de sueño. Cambiar costumbres empieza por ajustar las agujas del reloj.
Pero hasta que se tome esa decisión, hay pequeños cambios que todos podemos hacer en el día a día con los que ganaríamos en salud. «No hay una hora exacta que funcione para todos, pero lo recomendable es cenar 2 o 3 horas antes de dormir. Lo importante es dejar un espacio suficiente entre la cena y el momento de acostarse para que nuestro organismo pueda digerir bien y descansar correctamente», señala María Muñoz.
Si no es posible, la nutricionista aconseja adaptar lo que se come para minimizar los efectos en la salud. «Optar por cenas ligeras, con verduras en forma de cremas o cocinadas, proteínas fáciles de digerir (pescado, huevo) y porciones moderadas de carbohidratos», dice. Además, debemos «incluir grasas saludables en pequeñas cantidades, como aceite de oliva o frutos secos» y «evitar fritos y comidas muy grasas».
María Muñoz subraya que, aunque la cena sea tarde, es mejor «mantener horarios regulares, para no desajustar el reloj interno». Y añade: «Siguiendo estas pautas se puede proteger la salud metabólica, favorecer la digestión y dormir mejor». Todo para que el reloj no influya en tu salud.


