sr. chinarro
© Emilio Fraile.

«Los humanos deberíamos intentar suavizar la crueldad de la naturaleza»

Aunque diga que nunca ha sido un artista capaz de reunir multitudes, si el éxito se mide por la cantidad del tiempo que consigues mantenerte en el escenario, pocos triunfadores como Antonio Luque (Sevilla, 1970), que lleva treinta años encima de ellos con Sr. Chinarro. Con veinticinco discos –y subiendo– a sus espaldas, es una de las voces indiscutibles de la música independiente española que, en sus letras enigmáticas, se atreve con el amor, con la guerra, con las ‘fake news’ y el cambio climático.


El bando bueno vio la luz en mayo de 2020, probablemente uno de los peores momentos de la historia de la música pop para sacar un disco: crisis económica y sanitaria, salas cerradas, ánimo colectivo por el suelo…

Fue un poco triste, pero tampoco esperaba un gran triunfo. Casi me supo peor por los compañeros que en ese momento estaban en pleno éxito, porque es una putada haber llegado arriba y que todo pare. Pienso en Triángulo de Amor Bizarro, La Bienquerida, Rufus T. Firefly, Cala Vento… Ahora les sigue yendo bien, pero tuvieron que parar giras grandes. Yo no pensaba hacer sesenta conciertos con sold out porque no estábamos en absoluto en ese punto.

Quizá la única parte buena de ese momento era que había tiempo para escucharlo, algo que con los ritmos de hoy no abunda.

Tampoco fue así. Tuve la sensación –y luego me lo confirmaron desde el sello discográfico– de que las escuchas de música habían bajado. Cada uno lo viviría de una manera, pero en un momento tan tenso creo que no teníamos ánimo ni para ello. Quizá alguien aprovechase el tiempo de forma positiva, pero en mi caso yo no tenía ganas ni de escuchar ni de componer ni de nada. Apenas hice un par de canciones.

¿Quién está en el bando bueno y quién en el lado oscuro?

Todos lo sabemos. La propia teoría de la evolución –a la que se han agarrado tantas veces los nazis, por otra parte– viene a decir que la naturaleza es cruel y radical en sí misma. Durante la pandemia se vio cómo hubo gente que llevó a cabo esos planteamientos crueles, dejando sin asistencia a los más débiles, o dando órdenes de no atenderlos y que pasara lo que tuviera que pasar. Como estamos en democracia, si luego ganan las elecciones supongo que a la gente eso le parecerá bien. Yo creo que los humanos deberíamos intentar, si no corregirla, sí suavizar esa crueldad.

En un momento en el que hablamos tanto de bandos, ¿no puede ser eso parte precisamente del problema? ¿Estamos abocados a ellos irremediablemente?

Cada cierto tiempo, la humanidad se aburre y se lía a palos. Si es cierto el dicho de que cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo, ahora está buscándolas. No sé si será a garrotazos o con drones, pero ya hay sitios no muy lejanos, como Alepo, que ya están totalmente arrasados por las bombas, con niños pequeños destrozados. ¿A alguien le extraña que eso pueda volver a pasar aquí? Ojalá me equivoque, pero llevo mucho tiempo diciendo que esto va a explotar. En la portada de Menos samba (2012) ya salía vestido de guerrillero e imaginando bombas en Málaga… Hay gente a la que eso, los desfiles y las banderas, les encanta. A mí me gusta más tomarme una cerveza. Seré raro.

«Antes que acabar con los vinilos, deberíamos acabar con los envases de plástico del supermercado»

«Las mentiras con las que se cierran tratos / son la base de la civilización». ¿En qué creer en el mundo de falsas noticias? ¿Podemos vivir sin confiar?

Es muy difícil, y hay que buscar formas para evadirse de ello: viendo el Betis, tocando la guitarra… Da mucha tristeza pensarlo, y hay mucha gente con problemas de salud mental por ello. Yo creo que nunca he tenido depresión, pero mi estado natural es tirando a triste e intento sobrellevar el absurdo riéndome bastante. Así asumo que todo el mundo va a lo suyo y que hace lo que sea para conseguir su propósito, que normalmente es comer bien, follar bien y dormir bien… Y tener más pasta para poder comer mejor, follar mejor y dormir mejor.

Después de casi dos años de parón, vuelven las salas abiertas y los festivales, incluso las prácticas que llevaron a la masificación de los conciertos.

Me gusta que haya muchos festivales y que la gente lo tenga como una actividad de ocio asentada, pero me da mucha rabia que en los carteles se repitan los mismos artistas, que los compren las mismas empresas que al final hacen el mismo festival, pero itinerante… Ahora casi no es mi problema, porque hice lo que pude en su momento. Alguna vez me siguen llamando, pero pocas veces y siempre para la carpa pequeña a las cinco de la tarde, que siempre fue mi slot. No necesito hacer lo que hace Carlos Sadness, por mucho que piense que está guay. Además, ya no pagan tan bien como antes, y hay algunos grupos pequeños que ni cobran, que van por la pulsera o por tener acceso para entrar a la parte VIP y hacerse una foto. Eso devalúa el trabajo, y se lo he dicho en persona a grupos que lo hacían y que ahora están muy arriba.

Antonio Luque, Sr. Chinarro, en el Ávalon Café (Zamora). © Emilio Fraile.

Aunque digas que no eres de formato multitudinario, algo habrás hecho si llevas treinta años en esto.   

Siempre tuve el reconocimiento de los músicos, pero luego el público es otra cosa. La gente quiere escuchar cosas que se entiendan y con las que poderse identificar sin ninguna duda, aunque sean canciones abstractas como Club de fans de John Boy, o de ese estilo. Si vas a un concierto con alguien al que le gusta mucho esa banda, tú también lo disfrutas aunque a ti no te gusten tanto, pero necesitas que todos lo sientan como algo propio, y eso se dice muy fácil, pero no lo es. A veces lo logras con una canción, y con eso tienes para dos o tres años de público, pero tienes que volver a acertar.

Mantenerse arriba siempre es lo más difícil.

Mis modelos son Jonathan Richman, Krahe… Es gente que estuvo toda su vida tocando en garitos para menos de trescientas personas, pero llenando. Es un formato genial, porque estás cerca del público, puedes hacerles reír y luego tomarte una cerveza. Otra gente en formatos más grandes no puede. Lo he vivido con mi amigo J (Los Planetas), que no puede salir tranquilo porque siempre hay alguien pidiéndole fotos o comiéndole la oreja. Imagínate Maradona, que tenía que estar encerrado en casa. Y, claro, ¿qué haces? Fiestas y el mal. No echo de menos grandes conciertos, pero si ves que vendes 50 entradas y no 200, pues piensas que tienes que tener cuidado y hacer letras que se entiendan mejor.

Hablando de letras, si ya en Presidente (2011) hablabas de los plásticos del mar y en Asunción (2018) cantabas a las trompetas del Apocalipsis, en este disco hablas del Planeta B. ¿Puede la emergencia climática ser lo que haga que vuelva la canción protesta, como cantaban tus amigos Los Planetas?

Dentro de todas las cuestiones políticas, esa es la más clara. Si decides no consumir tanto para cuidar el planeta, al final no solo afecta al consumo, sino al modo que tenemos de hacer economía o de relacionarnos con los demás. Dicho eso, no soy muy optimista y creo que es una guerra perdidísima. No hay nada que hacer: estamos locos por ir a centros comerciales, hay una nueva burbuja inmobiliaria… Volvemos a lo mismo una y otra vez. Somos como una plaga de depredadores, de parásitos que seguirán vivos mientras el huésped tenga recursos. Después, el planeta se recuperará, pero no estaremos ahí para verlo. Yo regalé el coche y llevo ocho años moviéndome por Málaga en autobús. Ya ni siquiera busco una coartada ecológica: es que así no tengo que preocuparme por aparcar. Consumir menos te permite vivir más cómodo y más tranquilo, no necesitas tantas cosas, no tienes que tener tanto espacio… Lo único que acumulo son guitarras, la trampa en la que caemos todos los artistas. Eso sí, no se talan más árboles porque son de segunda mano.

«En las canciones es mucho mejor hablar de amor que de temas medioambientales, si es que te sale hablar de amor»

«Ahora que faltan el plástico y el papel en las fábricas: dejemos ya para el pasado el soporte físico de los discos. Del estudio a los spotis en 24h. Mejor para el medio ambiente y la ansiedad. Coleccionemos camisetas», tuiteabas el otro día. Eso sí que es una unpopular opinion, sobre todo para artistas y melómanos.

Lo siento por el sello discográfico que gana dinero con ello, pero lo pienso. De todas maneras, lo digo en Twitter porque sé que ahí nadie me hace caso. Creo que es un debate interesante. Aunque lo pongas en un vinilo, hoy todas las grabaciones son digitales porque nadie graba ni hace el máster en bobina. Cuando tienes el archivo digital en máxima calidad, hay plataformas como Tidal que te lo sirven así, o tienes el CD, que soporta esa resolución. El vinilo quedó atrás, y lo de volver a sacar discos en cintas de cassette directamente no lo entiendo, porque eran un coñazo.

¿Te deshiciste de todos ellos?

Conservo algún CD, pero para mí es un alivio no tener tantos discos ni tantas cosas, sobre todo a la hora de las mudanzas. Esta camisa tiene ocho o nueve años, con que tengas tres o cuatro así, listo, aunque otras estén para trapos a los pocos días de comprarlas. Si consigues eso, te mueves en autobús, comes comida sana y frutas de la temporada que sea… Pues es más fácil vivir mejor. Necesitas una casa, claro, pero si no acumulas, tampoco necesitas tanto espacio. Ojo, que lo mismo si tienes 8.000 vinilos y son muy bonitos, puedes ponerlo en Instagram, y no pasa nada. Lo bueno es que como ese plástico no se va a quemar, eso no contamina… Al menos hasta que lo hagan sus nietos si el valor del coleccionismo no dura siempre. (Sonríe)

¿Cómo se lucha contra la culpa por acumular?

Son objetos bonitos, hay un buen mercado… Al final pasará como con los sellos. Aunque antes que acabar con los vinilos deberíamos acabar con los envases de plástico del supermercado. O, por lo menos, reutilizarlos.

Tú cantas sobre ello y en la sociedad se habla, pero no es un tema muy común en las canciones pop.

Creo que leí en un libro sobre Vainica Doble que las canciones de salvar a las ballenas no le gustan a nadie, y es algo que he oído a otros artistas. Creo que ninguna ha triunfado, quitando esa canción de «yo quiero ser civilizado como los animales» de Roberto Carlos, pero porque nadie pensó en las ballenas sino en sus mascotas. A la gente no le gusta que le digan lo que tiene que hacer. En las canciones es mucho mejor hablar de amor que de cosas medioambientales, si es que te sale. El amor es un sentimiento tan inexplicable que a veces cuesta mucho plasmarlo en una letra.

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Antonio Luque, Sr. Chinarro, en el Ávalon Café (Zamora). © Emilio Fraile.

En el confinamiento, muchos artistas llenaron Instagram de directos. Aún cuando tenías un disco reciente con el que hacer ruido, tú fuiste de los que prefirió no hacerlo. ¿Esa necesidad de estar presente en las redes –tener más seguidores, publicar mucho, ser cercano– es oportunidad o problema para los artistas?

No creo que tener más seguidores sea el objetivo de los artistas, sino que va de la mano con el éxito de tu música. Cuando tienes una canción que le gusta a la gente, los seguidores empiezan a subir y a ver tus fotos. Una vez que tienes éxito, es raro que no subas cosas, porque te vienes arriba y te apetece enseñar tu casa, a tu familia o dónde vives como si estuvieras en el ¡Hola!, porque todos tenemos ese punto vanidoso. Como el torero que tuvo contacto carnal con Ava Gardner y, cuando le preguntaron qué había hecho después, dijo que lo primero fue ir a contarlo. Es cierto que hay gente que mira tu número de seguidores para ofrecerte mejores contratos o más conciertos, pero cualquiera puede entrar en Spotify y ver cuántas escuchas tienen tus canciones, que es de lo que se trata. Si suben tus escuchas, van a subir tus likes en Instagram, pero no por subir fotos en calzoncillos van a subir tus escuchas. Aunque es probable que, si tienes muchas escuchas, te sientas tentado a subir una foto en calzoncillos.

Pero, si influye en que aumenten los contratos, es una presión añadida para quien no los tiene.

Los artistas de verdad suelen tener un ego un poco frágil y bastante inseguridad, y lo que hacen en redes suele reflejarlo. Antiguamente era un «¡Ay, llevo dos semanas sin tocar! ¡Nadie me aplaude!», y hoy piensas «bueno, pues que me aplaudan las fotos por lo menos». Es humano querer contar lo que hemos conseguido, pero hace que entremos en una rueda de competición y de envidia porque tú has ido a Tegucigalpa y yo solo a Zamora. Eso es la rueda del capitalismo, y las redes ayudan a engrasarla.

«Si suben tus escuchas, van a subir tus likes, pero no por subir fotos en calzoncillos van a subir tus escuchas»

Ahora que parece que ha explotado la burbuja del ‘saldremos mejores’, ¿crees que la industria musical (y nosotros mismos) al menos aprenderemos algo?

Lo peor del confinamiento fueron los aplausos, sin duda. La candidez de la gente. ¿De verdad se puede ser tan inocente? ¿De verdad pensaban que algo que te mata o te deja tocado si lo pillas iba a servir para algo más que para jodernos durante una temporada? ¿Para qué sirve, por ejemplo, una gripe?

Sé que esto es difícil pero, ¿cómo te imaginas el mundo de aquí a 2030, por ejemplo?

Personalmente, tengo pocas metas. Solo espero conservar el pelo y no engordar mucho. (Ríe). Imagino cosas buenas: cada vez hay menos coches, hacen menos ruido, hay más gente joven preocupada por el medio ambiente… Mi hijo habla de eso, y cuando yo tenía su edad nadie lo hacía. Por otro lado, la ultraderecha está en ascenso en muchos lugares de Europa y no creo que eso se arregle. Estallará. La guerra es la apoteosis del capitalismo: cuando todo se destruye, eliminas a gente parada, los que sobreviven se sienten victoriosos y tienes que volver a construirlo todo. Lo sentiría por mi hijo, porque a mi edad ya casi me daría igual que me obligaran a coger la escopeta. Pero van a mandarlo a él, no a mí, así que prefiero que eso no ocurra.

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Antonio Luque, Sr. Chinarro, en el Ávalon Café (Zamora). © Emilio Fraile.

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