Eva Morell

Eva Morell: «La cabaña es refugio, pero también un estado mental»

Carlos Madrid

Dice la escritora Eva Morell que su pasión por las cabañas le viene desde pequeña. Todavía recuerda la primera de la que se enamoró: una ubicada en la carretera que sube a la estación de esquí de Sierra Nevada, «tan de cuento de Blancanieves que se conoce como la de los enanitos», explica. Pero su fascinación por estas construcciones se intensificó más tarde, con la llegada de internet, especialmente a través de comunidades como Cabin Porn, donde descubrió el verdadero poder terapeútico de imaginarlas que posteriormente trasladaría a su newsletter de éxito El club de la cabaña. Un proyecto del que acabaría naciendo Refugio (Debate), un ensayo íntimo que explora el rol capital que las cabañas han ocupado a lo largo de la historia de la humanidad, mucho más allá de ofrecer cobijo.

¿Qué tienen de especial las cabañas?

Me desconectan de la realidad. Yo siempre he sido una persona con mucha imaginación y creo que las cabañas siempre han formado parte de ese sentimiento de desconexión de la vida real. Yo he tenido una infancia y una adultez muy buenas, pero siempre me he creado un refugio en los momentos que más lo necesitaba. Las cabañas eran mi lugar secreto en el que desconectar y donde nada malo me podía pasar. Un sentimiento que me ha perseguido hasta hoy.

La palabra cabaña para ti tiene muchos más significados, es polisémica.

Por eso el libro se llama Refugio y no cabaña: la cabaña es refugio, pero el refugio son más cosas. Para mí es más un estado mental y metafórico que el propio espacio físico.

Eva Morell

Ese espacio físico y mental, aunque creamos que es muy actual, ya sucedía desde la prehistoria.

A mí esto es algo que me sorprendió mucho cuando empecé a investigar para escribir el libro. A la hora de construir cabañas en el Imperio Romano, aplicaron mucho el respeto por la protección de la naturaleza. Una idea que me pareció increíble que haya estado presente hasta hoy, momento en el que la estamos recuperando y repensando. La cabaña forma parte de la historia de la humanidad igual que la agricultura o el descubrimiento del fuego. No seríamos nosotros sin ese tipo de refugios.

«La humanidad no sería nada sin este tipo de refugios»

Gracias a esos puntos positivos que decías antes, la cabaña ha servido de refugio tanto para escritores como personas de poder.

Aquí se dan dos puntos importantes. Por una parte, está este sueño que han tenido los perfiles de artistas de aislarse para crear. Todo esto ha ido evolucionando muchísimo hasta encontrar lo que ahora denominamos la cabaña del escritor, es decir, ese lugar donde se han creado grandes libros, teorías, etc. Pero al mismo tiempo, ese espacio tiene una disyuntiva negativa porque es algo que solo puede permitir alguien con dinero. Yo, siendo periodista, no habría podido escribir el libro en una cabaña. Para mí esto es un debate muy interesante respecto a las cabañas.

También abordas el debate que surge a partir de la pandemia, cuando muchas personas redescubren las cabañas como refugio y forma de vida, algo que planteas como positivo en términos de reconexión con lo esencial. Sin embargo, ese mismo auge trae consigo un proceso de capitalización —lo que denominas la “cabañización” de la sociedad—, en el que estos espacios pasan de ser refugios íntimos a convertirse en tendencia. 

Hay una cosa del ser humano que me fascina desde que llegó la industrialización: el querer sacar pasta de todo lo posible. Hasta la pandemia, algo que no se había tocado a un nivel tan grande como entonces fue la naturaleza. Cuando llegó y no podíamos estar en interiores, hubo un boom de las cabañas, un nicho aún por explotar. ese momento ya había cabañas, pero había mucho nicho por explotar. A partir de ahí se empezó a gentrificar la naturaleza, es decir, a cobrar por dar paseos, pagar un pastizal por dormir en una cabaña, etc. Así llegó ese fenómeno que yo bautizo como cabañización y que significa la gentrificación del entorno rural para el ocio. Algo que tiene su punto positivo, pero que también se pregunta qué pasa con la sostenibilidad, con la masificación y con proyectos que están pensados solo en capitalizar cosas. 

«A partir de la pandemia se dio la ‘cabañización’ de la naturaleza: el ocio gentrificó el entorno rural»

Otro de los problemas que abordas es el de la vivienda. ¿Qué tiene que ver la cabaña con la crisis que estamos atravesando en la actualidad?

Siempre ha sido una construcción económicamente rentable, sostenible, fácil de levantar y barata. A lo largo de la historia, sobre todo la reciente, ha habido muchísimos arquitectos que empezaron a buscar alternativas, es decir, a pensar en ese formato cabaña para resolver el problema de la vivienda. Ha habido muchas ideas buenas, pero nunca ha llegado a materializarse del todo. A día de hoy muchísimas personas están decididas a dejar la ciudad e irse a zonas rurales donde pueden recuperar casas. Y, por otro lado, hay muchos arquitectos que están viendo soluciones en el terreno de la casa y la cabaña prefabricada. Me gusta ver hacia dónde está yendo la arquitectura para resolver el problema. Como está sucediendo en Tokio, donde están creando sistemas parecidos a las cabañas para aprovechar más el espacio. Hay proyectos increíbles de cabañas urbanas pequeñas en las que puedes estar cómodo.

«Hay muchísimos arquitectos que buscan en el formato de la cabaña alternativas para resolver el problema de la vivienda» 

Durante la conversación has utilizado mucho la palabra sostenible. ¿La cabaña la condensa?

Debería. Si uno va mirando proyectos de cabañas a lo largo de la historia, lo que más se va a repetir es la palabra sostenibilidad o casa pasiva. Al final la cabaña es un edificio que está en armonía con el entorno, es decir, que lo tiene que respetar. Cabaña y sostenibilidad tienen que ir juntas.

¿Es un espacio de futuro?

Por supuesto. Primero porque no nos va a quedar más remedio que vivir en entornos más pequeños. También porque en términos de hiperconectividad necesitamos a la naturaleza más que antes. Yo creo que vamos a volver un poco al inicio, como seres cíclicos que somos. De hecho, si te pones a ver películas de ciencia ficción, muchos imaginan el futuro con asentamientos al estilo de la cabaña. Yo creo que vamos para allá.

Para terminar: ¿Cuál es la cabaña ideal de Eva Morell?

No existe todavía, pero me la imagino como una cabaña muy clásica. Tendría un techo a dos aguas, madera muy oscura, un espacio compartido, una habitación con buenas vistas y que tenga la montaña y el mar cerca. También que esté relativamente aislada, pero no incomunicada. 

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