educación alternativa

Hacia una nueva (y alternativa) educación

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Lo sostiene incluso el creador del informe PISA: las escuelas actuales preparan a los niños y niñas para un mundo que ya no existe. Sin embargo, las dinámicas dentro de las aulas permanecen casi inamovibles desde hace décadas o siglos. ¿Cómo transformarlas para adaptarlas al siglo XXI? Algunas pedagogías no tan nuevas como la Montessori, la Waldorf o la Reggio vuelven a ser el centro de la educación alternativa.


¿Te imaginas seguir haciendo raíces cuadradas sin calculadora? ¿Que los alimentos tuvieran que comerse al momento de cocinarlos por falta de microondas y neveras? ¿O que los coches aún estuvieran tirados por caballos? Si no tiene sentido seguir utilizando métodos antiguos y tecnologías ya desfasadas cuando el ser humano ha conseguido perfeccionar su técnica, ¿por qué seguimos haciéndolo cuando hablamos de educación?

Aunque suene sorprendente, la educación ha cambiado muy poco en los últimos 250 años. Algo tan importante y fundamental para las personas aún se basa en los principios que se establecieron a partir de la Revolución Industrial, cuando se hizo imprescindible formar a las personas con el fin de que fuesen capaces de trabajar en las fábricas.

Este tipo de enseñanza, que nació en lo que era Prusia –por eso recibe el nombre de educación prusiana– es hoy el más común en todo el mundo. Básicamente, se resume en que los niños van a la escuela, obtienen ciertos conocimientos a través del profesor y este les evalúa para que puedan pasar de nivel. Una vez superados los distintos niveles, el niño termina el colegio o instituto siendo una persona adulta con un título educativo bajo el brazo que acredita que es apto para desarrollar un trabajo y contribuir a la sociedad. Aunque este método de enseñanza ha ido perfeccionándose hasta la educación obligatoria que todos conocemos, los procesos se basan en lo mismo. Es más, la universidad también se asemeja en muchos aspectos.

«El sistema educativo tradicional tiene un amplio margen de mejora, pero la propia inercia y resistencia a los cambios hace muy difícil cualquier actuación. En primer lugar, los profesores tienen que prepararse conscientemente para entender que cada etapa del desarrollo de los niños y adolescentes está marcada por unas necesidades específicas», explica Viviana Orozco, guía Montessori del Colegio Montessori Village de Alcalá de Henares. Y añade: «Los maestros tienen que entender que no son portadores de la sabiduría absoluta y que su función debe ser la de un vehículo dinámico que acompaña al estudiante a desarrollar todas sus potencialidades».

La pregunta del millón: ¿tiene algún sentido que los niños sigan memorizando cantidades ingentes de información teniendo todo el conocimiento del mundo en la palma de su mano? La primera respuesta es que no, porque las escuelas no pueden seguir pareciendo centros donde los jóvenes reciben y cumplen órdenes: en el mundo actual, es más lógico que la enseñanza del siglo XXI se enfoque en proporcionar al alumno de capacidades analíticas, habilidades sociales, mente crítica o pensamiento abstracto que le ayuda a resolver problemas actuales tanto de corte emocional o familiar como laboral. En definitiva, que los jóvenes sepan aplicar en su vida los conocimientos que aprenden a lo largo del periodo escolar.

Colegio Montessori Village de Alcalá de Henares.

«La escuela tiene que convertirse en un espacio que permita vivencias e invite a conocerse a cada uno analizando problemáticas, intercambiando ideas, invitando a la sana discusión desde el argumento e indagando en busca de la solución real. Concibo la educación como una vía de reforma social. Para que esto suceda, el adulto y en especial los gobiernos deben renunciar a sus intereses de seguir manteniendo un sistema pedagógico que impide educar para la vida», defiende Orozco. «Los jóvenes que han aprendido a ser dependientes del adulto no saben satisfacer sus necesidades. Los niños se merecen métodos educativos que les permitan formar su psiquis y su conocimiento a partir de sus intereses y experiencias reales que los preparen para el mundo actual», cuenta.

Otra educación fue (y es) posible

A pesar de las mejoras experimentadas en la última década, las estadísticas siguen mostrando que nuestro país tiene la segunda tasa de abandono escolar temprano más alta de la Unión Europea. Además, este fenómeno afecta en mayor proporción a los chicos y a los jóvenes con familias de menor renta, siendo España uno de los países donde estos grupos sufren mayores brechas. Sin embargo, esto no siempre ha sido así.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, personalidades de la talla de Santiago Ramón y Cajal, Francisco Giner de los Ríos, María de Maeztu, José Ortega y Gasset, Berta Wilhelmt, Machado o Sorolla, entre muchos otros, desarrollaron en España los planteamientos de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), que llegaron a materializarse a partir de 1924 bajo el paragua del Instituto Escuela (IE).

Niños en una de las aulas de la Institución Libre de Enseñanza. (Fundación Giner de los Ríos)

Este innovador sistema educativo pretendió modernizar el país dando un gran peso a la relación entre la escuela y la familia, convirtiendo el espacio y al maestro en un segundo hogar. En dichos espacios se impartieron pedagogías activas e inclusivas basadas en experimentación científica, artística y cultural, abandonando progresivamente la instrucción memorística, el libro de texto y los exámenes. Además, el aula podía ser tanto un taller de costura, como un bosque o un laboratorio, ya que las excursiones eran otro pilar fundamental del método.

Todo este impulso modernizador quedó truncado durante la Guerra Civil y más tarde desmantelado durante la dictadura franquista. El resto es historia. Aun así, España fue un ejemplo educativo para Europa durante los comentado años y países como Finlandia siguen teniendo los métodos de la ILE como base de su sistema educativo.

Tres viejos-nuevos métodos de educación alternativa

Mientras la ILE intentaba modernizar España, otros novedosos métodos educativos comenzaron a surgir por Europa con la intención de huir del antiguo sistema prusiano. Fue la época en la que comenzaron a desarrollarse el método María Montessori, la pedagogía Waldorf o el enfoque Reggio Emilia, hoy muy presentes en la nueva ola educativa. Todos ellos tienen en común la motivación del alumno a través del trabajo por proyectos y el uso de materiales naturales, dejando a un lado las típicas asignaturas del sistema educativo tradicional y el uso de libros de texto. Curiosamente, muchos de los grandes gurús de Silicon Valley han sido educados desde muy temprana edad con algunos de los citados métodos.

Quizá el método Montessori es el más estudiado y más de moda estos últimos años. Este sistema educativo –que hoy se ha convertido en una opción bastante elitista, ya que los colegios que siguen esta pedagogía normalmente son centros privados con precios elevados–, tiene un origen libertario muy ligado a los barrios pobres de Roma. Creado por María Montessori, busca desarrollar todas las capacidades del niño poniéndolo en el centro. Dicho de otra forma, el maestro pasa a ser un guía que potencia el interés del alumno por aprender distintas áreas de conocimiento. Estas áreas pueden abarcar desde las matemáticas –juego con canicas–, la naturaleza –puzles de animales, letras, fichas de objetos– hasta tareas de la vida cotidiana como cocinar, tejer o planchar.

Colegio Montessori Village de Alcalá de Henares.

Las aulas Montessori están preparadas para dar al alumno respuestas basadas en la ciencia y en el ensayo-error con la intención de despertar su curiosidad por el mundo que le rodea mediante la experimentación. Los niños se dividen en distintas clases por etapas de tres años (de 3 a 6, de 6 a 9 y de 9 a 12) e interactúan sin que la edad sea un problema. De esta forma, se fomenta el liderazgo, la personalidad, la autonomía y el pensamiento crítico.

Otro sistema educativo salido de Italia fue el enfoque Reggio Emilia. A diferencia del anterior, esta pedagogía prima el trabajo colaborativo y en grupo. El maestro se integra en la clase siendo «uno más», y de esa forma consigue que el aprendizaje sea visto como un juego diluyendo la figura de autoridad. Asimismo, el aula juega una baza muy importante en el aprendizaje, ya que actúa como elemento transmisor: se busca que alumno interactúe con el resto de la clase y que así genere su propia perspectiva de la realidad. De ahí, que la mayoría de las escuelas de este tipo sean talleres de arte.

El profesor suele apoyar el aprendizaje con documentación del progreso de los alumnos, trabajando así el esfuerzo colaborativo y el potencial individual de forma simultánea. Un ejemplo de las aulas Reggio Emilia las encontramos en el sistema infantil actual pero, en este caso, se alargaría hasta los doce años.

Pasando los Alpes, otra alternativa educativa que se desarrolló al terminar la II Guerra Mundial fue el enfoque Waldorf. Al igual que el Reggio, se centra mucho más en el aprendizaje lúdico que en el ensayo-error. De hecho, su filosofía es aprender jugando y se intenta no entrar en aprendizajes densos hasta los siete años. Lo importante es la creatividad y el trabajo en grupo, dado que los «proyectos» realizados son elegidos libremente en función del interés de todo el grupo.

La gran diferencia de este método con el resto de los anteriores es el desarrollo de la imaginación. El maestro nunca cohíbe la voluntad del alumno, sino que se nutre de ella para preparar la clase con el resto.

Andreas Schleicher, director del área educativa de la OCDE y creador del famoso informe PISA, ya lo advertía en una entrevista a El País: «la educación actual prepara para un mundo que ya no existe». Como cualquier otro aspecto de la vida cotidiana, tenemos que adaptar las aulas a nuestro tiempo para que sí lo haga.

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