La generación de los filtros quiere verse sin filtros

Paula Mahamud

El triunfo de las series juveniles Off Campus y Sterling Point se explica con lo que están redefiniendo como aspiracional: rostros menos perfectos, nuevas masculinidades, sexualidad normalizada y personajes que hablan como las generaciones más jóvenes sin que parezca que se esfuerzan por hacerlo.


Tengo 26 años y me ha pasado algo viendo Off Campus y Sterling Point: me las creo. No porque todo lo que ocurre en ellas sea estrictamente realista —siguen siendo series con las que consumimos romances, gente atractiva y vidas un poco más interesantes que las nuestras—, sino porque hay algo en sus personajes que se siente poco fabricado. Y creo que ahí reside gran parte de su atractivo.

Durante años, las series juveniles tuvieron una idea bastante peculiar de lo que significaba ser adolescente. Intérpretes de 28 años con pieles imposibles, cuerpos perfectos y romances en los que los celos, la obsesión y el sufrimiento eran prácticamente requisitos para demostrar química. Ser adolescente en la ficción era cualquier cosa menos parecerlo.

Una de las primeras cosas que llama la atención de estas series es el casting: hay rostros diferentes, expresivos, con peculiaridades

Es cierto que Off Campus y Sterling Point conservan muchos de esos ingredientes que enganchan. Hay deseo, inseguridades, amistades a prueba de bombas y protagonistas guapos (tampoco vamos a renunciar a todo). Pero las reglas del juego han cambiado.

Por fin, caras que parecen caras 

Una de las primeras cosas que llama la atención de estas series es algo aparentemente superficial: el casting. Hay rostros diferentes, expresivos, con peculiaridades. Cuando vemos a Annie o Ramona interactuar en Sterling Point, nos encontramos con personajes que resultan magnéticos sin estar diseñados milimétricamente para el fotograma perfecto. 

Y aunque pueda parecer una tontería, es algo que tiene bastante sentido en una época marcada por Instagram, TikTok y los retoques al alcance de cualquiera. Hemos convivido con plantillas estéticas donde una determinada nariz o pómulo se convertían en la norma. Tenemos más herramientas que nunca para diferenciarnos y, paradójicamente, a veces las utilizamos para mimetizarnos un poco más.

Garrett Graham (Belmont Cameli) y Hannah Wells (Ella Bright) en OFF CAMPUS (Liane Hentscher / Amazon Prime Video)

Por eso resulta refrescante encontrarse una cara particular en pantalla. La diversidad de cuerpos y rasgos no se subraya como algo excepcional; simplemente está ahí. Ser guapo y tener una belleza imperfecta ya no son conceptos incompatibles.

Estas ficciones también apuestan por explorar otros modelos masculinos. Hemos pasado del chico misterioso, celoso y emocionalmente inaccesible a protagonistas como Garrett en Off Campus. A pesar de cumplir a simple vista con el arquetipo del jugador de hockey seductor y exitoso, sabe comunicarse con Hannah, respeta sus límites y muestra vulnerabilidad sin perder un ápice de atractivo. El drama sigue siendo necesario, pero ya no hace falta que dos personajes se destruyan para que el público crea en su historia. 

Hace unos años, ser adolescente en la ficción era cualquier cosa menos parecerlo

Además, el sexo, la menstruación o la bisexualidad aparecen con una fluidez que hace unos años escaseaba. En Sterling Point, Ramona puede lidiar con los secretos de su familia biológica o su repentina herencia en Muskoka sin que su orientación sexual tenga que convertirse en el tema del episodio: dos personajes pueden acostarse, sin más. Normalizar algo implica dejar de señalar que lo estás normalizando.

Hablan nuestro idioma, pero sin parecer nuestros padres

En este sentido, es muy fácil detectar cuándo un guion refleja el lenguaje actual y cuándo se limita a imitarlo. No basta con forzar un cringe, hablar de red flags o colar el término ghosting con calzador. La forma de comunicarse de buena parte de los jóvenes reside en la ironía, en los memes y en cómo se utiliza el humor para rebajar la tensión de una conversación que se estaba poniendo seria.

Temporada 1 de Sterling Point (Amazon Prime Video)

Cuando Annie dispara frases a mil por hora presa de la ansiedad en Sterling Point o los personajes de Off Campus se vacilan en sus conversaciones de pasillo, operan desde esos códigos sin dar la sensación de que hay un guionista de cincuenta años detrás tomando notas. Funcionan precisamente porque no intentan traducir un nicho demográfico; simplemente dejan que sus protagonistas habiten en él. Por eso es tan fácil escuchar un diálogo y pensar que podría haberlo protagonizado perfectamente cualquiera de nuestros amigos.

Ser guapo y tener una belleza imperfecta ya no son conceptos incompatibles

Porque somos, probablemente, la generación que más herramientas ha tenido para editar su propia imagen y, por eso mismo, una de las más rápidas en detectar el artificio. Durante años, las marcas y el entretenimiento han intentado descifrar esta clave: han asimilado nuestras jergas, adoptado el formato POV y repetido tendencias de TikTok hasta la saciedad. Pero hablar un idioma no significa entender su idiosincrasia. Lo que Off Campus y Sterling Point demuestran es que conectar no consiste en exhibir constantemente que comprendes a tu audiencia, sino en representar su mundo sin forzar las costuras.

Después de crecer bombardeados por realidades pulidas, hay un agotamiento general hacia la perfección. No es que hayamos dejado de buscar referentes aspiracionales, es que el concepto ha mutado. Queremos una ficción lo suficientemente bonita como para desear entrar en ella, pero lo bastante terrenal como para reconocernos.

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