colegios rurales agrupados tabara

La innovación educativa no está en Noruega, está en tu pueblo

Cristina Suárez

Mientras las aulas se masifican en las grandes ciudades, los Colegios Rurales Agrupados se convierten en un atractivo laboratorio para aplicar los modelos educativos más innovadores de aprendizaje adaptado a las necesidades del alumnado. Puede ser, además, una herramienta eficaz para fijar población y hacer frente al reto demográfico de la España vaciada.


«Ayúdame a hacerlo por mí mismo». El cartel que corona el edificio de aulas de Faramontanos de Tábara, un pueblo zamorano de apenas 300 habitantes, anticipa que ese colegio no es como el resto. Es el único en el entorno rural que aplica la metodología de la psicóloga María Montessori, quien ya en 1950 defendía la capacidad de los niños para aprender por su cuenta cuando se les ofrece un entorno estimulante donde cada elemento tiene su razón de ser.

Montessori también consideraba que al entremezclar alumnos de distintas edades se les daba la oportunidad de enriquecerse de una manera única. Una idea que no le queda nada lejos a los más de 700 Colegios Rurales Agrupados (CRA) activos en nuestro país. Esta figura educativa, lanzada por decreto en 1986, sigue acogiendo a alumnos de varios pueblos y distintas edades –desde infantil a los primeros niveles de la ESO– para garantizar la educación en aquellos núcleos donde no hay niños suficientes para abrir un colegio.

Así, en sus «aulas dispersas» por las distintas localidades se entremezclan, en ratios bajos, distintos contextos y edades que construyen un espacio de aprendizaje personalizado e innovador. Los maestros de las aulas rurales acostumbran a repetir una frase que define la cohesión que impulsa esta figura en el entorno rural: «En los CRA, en lugar de pasillos, hay carreteras».

¿Cuánto pesa el número 1.000?

Las aulas de Faramontanos son hoy las únicas que quedan bajo el CRA de Tábara. Estaban a punto de desaparecer cuando Marta Pérez, su directora, junto a Cristina Nieto, también maestra, decidieron hace dos cursos sacrificar su verano para transformarlas por completo y hacer del colegio un imán para nuevos habitantes.

Ahora, el pueblo cuenta con 11 alumnos y dos aulas multinivel –una que acoge a los alumnos de infantil hasta 2º de primaria y otra de 3º de primaria a 6º– en las que se aplica la metodología Montessori. «Decidimos demostrar que el pueblo era un lugar maravilloso para quedarse también por su colegio», explica Marta. Gracias a las familias, la Consejería de Educación de Castilla y León, la Dirección Provincial y los ayuntamientos de Faramontanos y Tábara, pudieron hacerlo realidad.

Una de las aulas del CRA de Faramontanos de Tábara.

Las diferencias con un aula convencional son evidentes. De forma resumida, la clave del aprendizaje Montessori recae en que todo concepto tiene un material que lo representa, ya sea el sonido de una letra, el número 1.000 o las horas. Los alumnos descubren «qué son» antes de utilizar los conceptos dentro del currículum educativo que marca la ley actual. Por ejemplo, una pequeña bolsita con una letra O dibujada esconde dentro materiales que representan palabras con ese sonido, como oveja, ojo u oso.

«Demostramos que el pueblo es un lugar maravilloso para quedarse también por su colegio»

Marta Pérez, directora del Colegio Rural Agrupado de Tábara (Zamora)

Las aulas se dividen en áreas preparadas para cada asignatura por las que los niños van pasando. Poco a poco aprenden a ser independientes, lo que permite a las maestras, por ejemplo, dedicar la mañana a explicarle a un alumno algo que le cuesta comprender mientras otros hacen un proyecto de investigación, ayudándose entre ellos, sin parar el ritmo de la clase.

Además, las estanterías están ordenadas de tal manera que saben dónde está el material más sencillo de cada asignatura –en lo más alto a la izquierda– y, así, van pasando de niveles cuando los van entendiendo, sin sentir que van relegados frente al resto. «Hay autoridad y disciplina, –son ellos los que recogen, limpian y colocan los materiales–, pero esta metodología nos permite impulsar muchísimo el respeto. Creo que casa muy bien con lo que promovemos en los CRA», apunta Marta.

La escuela rural contra la despoblación

Los Colegios Rurales Agrupados han sido desde su origen una herramienta de fijación poblacional que mantiene vivo lo rural frente al creciente reto demográfico. En el curso 2020-2021, los datos más recientes, había 73.000 alumnos matriculados en estos centros (un 1% del total), según el Ministerio de Educación. Pero es una cifra volátil: todo CRA tiene en su horizonte el miedo a tener que echar la llave.

Para Nydia Recio, pedagoga (@aprendizajenhr), las ratios bajas de alumnado en los CRA son los grandes aliados para impulsar todo tipo de pedagogías activas como Waldorf, Reggio Emilia, Aprendizaje Basado en Proyectos. «La atención es mucho más personalizada, un gran beneficio especialmente para aquellos que tienen dificultades, porque las actividades son más adaptables», explica.

«Las pedagogías activas bien aplicadas, con objetivos claros y secuenciación, permiten poner al niño en el centro de su aprendizaje, lo que también reduce las tasas de abandono», añade. «Cuantos menos alumnos haya en el aula, más capacidad hay para innovar y también para estar más conectados con las familias. Eso genera una cohesión que se les queda grabada», apunta.

Alumnado del CRA Tres Riberas.

Eso es lo que defiende Lorena Hostalot, directora del CRA Tres Riberas (Zaragoza), formado por siete pueblos de la comarca de Calatayud con 145 alumnos de tres a doce años. «Es imposible no abordar lo rural desde lo innovador. La escuela rural es de por sí más humana y tiene un vínculo emocional increíble con el alumnado y las familias, lo que permite al profesorado aplicar diferentes metodologías», explica.

«La escuela rural es una de las mejores políticas contra la despoblación»

Lorena Hostalot, directora del CRA Tres Riberas (Zaragoza)

Gestionar la educación en siete pueblos distintos implica gestionar siete contextos, con sus correspondientes necesidades, lo que «fuerza» a buscar pedagogías que permitan atender a toda esa diversidad. En Tres Riberas utilizan, por ejemplo, la pedagogía de la luz, el aprendizaje inmersivo, la gamificación y las provocaciones, una actividad que sirve para que el alumnado descubra y actúe sobre objetos como telas u hojas que dispone el maestro sobre una superficie.

Este CRA forma parte desde hace dos años de la Red Aragonesa de Escuelas Promotoras de Salud, que pone como eje principal de su proyecto educativo el bienestar en todos los sentidos, tanto físico como emocional, lo que les está permitiendo desarrollar habilidades psicosociales con el alumnado. Por ejemplo, la propia escuela ofrece a las familias distintas píldoras de aprendizaje para trabajar conjuntamente diversas habilidades y cohesionar lo que los niños aprenden en el aula y en casa.

«La escuela rural es una de las mejores políticas contra la despoblación», insiste Lorena. «Como maestra, cuando encuentras tu hueco donde poder desarrollar ideas que ves que tienen tanto resultado, ya no te quieres mover».

Pedagogías alternativas, a la cabeza

En enero de 2022, el Ministerio de Educación premió a 30 proyectos desarrollados por grupos de un centenar de centros para promover la innovación educativa y la inclusión. Se trataba de propuestas trabajadas en conjunto por equipos de docentes de distintas provincias bajo un mismo objetivo. En el listado, centros educativos rurales y un importante número de escuelas ubicadas en entornos urbanos, lo que evidencia la apuesta de la docencia por pedagogías que dejen los libros de texto a un lado e impulsen más la participación.

María Mascuñana, una maestra que ha trabajado en ambas versiones educativas, la rural y la urbana, pasando de una escuela en una pequeña aldea con 9 niños a otra con 400 en A Coruña, se congratula de que en las ciudades ya estén avanzando. «Hay muchos claustros que se están dando cuenta de que, a pesar de que las clases están masificadas, se puede trabajar de otra manera».

«El paisaje es también un maestro»

María Mascuñana, profesora

Sin embargo, las diferencias son evidentes. «En la escuela rural hay por norma general personas muy implicadas y con una visión compartida centrada en las metodologías activas, el cuidado de los espacios y, sobre todo, el alumnado como centro de todo. Cuando llegas a la escuela rural cambia todo tu paradigma educativo porque pasas a una enseñanza mucho más multidisciplinar».

El otro aspecto que, bajo su punto de vista, marca la diferencia es el entorno. «El paisaje es también un maestro», apunta. Así, la naturaleza se vuelve también aula y permite experimentar aprendizajes únicos difíciles de encontrar en la ciudad. «Las familias cada vez están más comprometidas con una educación más amable centrada en los niños, llegando a trasladarse a núcleos más pequeños para poder llevar a sus niños a aprender allí».

En 2021, según el Ministerio de Educación, en España se registraron más de 600 centros educativos con pedagogías alternativas que reducen el número de alumnos por clase y ofrecen una alternativa a la escuela de siempre. Un camino que han marcado silenciosamente y durante años las escuelas rurales y que demuestra que, como defiende María, «innovar es una cuestión de querer hacerlo». 

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