Reservas Marinas, las guardianas del equilibrio

La actualidad medioambiental nos deja una noticia para celebrar: España es el primer país europeo en ratificar el Tratado Global de los Océanos frente a las Naciones Unidas. Un gesto decisivo para alcanzar el 30% de superficie marina protegida en 2030 y frenar el deterioro del océano.


Como decía el gran defensor de los mares Jacques Cousteau, «la gente protege lo que ama, ama lo que entiende y entiende lo que se le ha enseñado». Y la mejor forma de preservar el océano es creando reservas marinas, áreas donde se limita o prohíbe la actividad humana para permitir la regeneración de la vida esenciales para proteger la biodiversidad y garantizar la sostenibilidad de los recursos pesqueros.

Esta necesidad quedó evidenciada el pasado mes de febrero, en pleno Decenio del Océano, cuando España se convirtió en el primer país europeo en ratificar el Tratado Global de los Océanos, el acuerdo que busca declarar como área protegida un 30% de la superficie de alta mar antes de 2030.

Una meta tan ambiciosa como urgente y un hito diplomático -que llega tras casi dos décadas de negociaciones-, porque supone la posibilidad real de salvaguardar zonas donde hasta ahora reinaba un vacío legal en cuanto a gobernanza oceánica. También un acto de amor por el océano fruto del compromiso de quienes llevan décadas insistiendo en la importancia de preservarlo.

Eso sí, queda trabajo por hacer: necesitamos 60 naciones para que el pacto entre en vigor y, de momento, solo lo han ratificado 21. Seguir insistiendo es un paso primordial para regular las actividades humanas que enumera Paul Watson, activista y fundador de Sea Shepherd: la minería submarina, la pesca ilegal y la contaminación por plásticos. «Todas contribuyen a la pérdida de diversidad y al colapso ecológico. Y cuando el océano muere, nosotros morimos», advierte.

Reservas marinas

Dañar los océanos también es perder dinero

Delimitar áreas protegidas en alta mar es revertir el daño que provocamos. «Ya sea en forma de reservas u otros espacios marinos protegidos, es la mejor forma de proteger la biodiversidad. La vida vuelve, se asienta y prolifera», explican el doctor en Ciencias del Mar Pablo Rodríguez y la bióloga Nuria Salmerón, del área de Espacios Marinos Protegidos de la Fundació Marilles.

Su visión es clara: las reservas marinas funcionan como refugios vitales frente a los cambios ambientales, incrementando la resiliencia de los ecosistemas. Además, contribuyen a preservar hábitats como las rutas de migración y las áreas de cría. También contribuyen a la reposición de los recursos marinos vivos, protegen el litoral y mejoran la seguridad alimentaria a nivel local y global.

«Además son beneficio económico neto: cuanto más grande es un espacio marino protegido, más puestos de trabajo se generan en sectores como el turismo o el submarinismo», apuntan Rodríguez y Salmerón. «De hecho, cuanto más antiguo es el espacio, mayores son los beneficios monetarios». En otras palabras: no proteger los océanos es también perder dinero.

Según el informe Protected Planet Report 2024, desde 2020 se han añadido 1,77 millones de km² a las áreas marinas protegidas, alcanzando una cobertura global del 8,4%. Pero aunque hay avances, las Naciones Unidas advierten de que un tercio de las áreas clave de biodiversidad en el planeta carecen de cobertura. Mención especial merece un Mediterráneo que, con ese «sabor amargo y llanto eterno» que cantaba Serrat, atraviesa su momento más frágil.

Lo explica José María Gili, director del proyecto MITICAP, una iniciativa que promueve la pesca artesanal sostenible mediante la restauración de hábitats marinos degradados: «Aunque cubre menos del 1% del océano global, el Mediterráneo alberga hasta el 18% de la biodiversidad marina conocida, lo que lo hace muy vulnerable por dos motivos: es un mar casi cerrado y en cuyas costas vive más de un tercio de la población de los países circundantes».

Reservas marinas

Turismo, ¿el gran aliado?

Hay que tener en cuenta, además, que los océanos son grandes reguladores del clima, producen más del 50% del oxígeno que respiramos y capturan enormes cantidades de dióxido de carbono. Sin embargo, menos del 1% de las aguas internacionales está hoy bajo alguna figura de protección. El porcentaje se eleva en España al 13%.

A diferencia de otras medidas de conservación más difusas, las reservas marinas ofrecen resultados visibles y medibles. Un ejemplo claro es la Reserva Marina de las Islas Medes, en la Costa Brava: tras varios años de protección, la biomasa de peces aumentó un 400%. La diversidad y tamaño de los ejemplares también se incrementó, beneficiando incluso a la pesca artesanal fuera de la reserva.

Y cuando los entornos marinos se recuperan, también se vuelven más atractivos. Así, la relación entre un turismo responsable y las reservas marinas se vuelve clave. «La masificación en el mar, que también se da en algunos espacios marinos protegidos, genera impactos que van desde el ruido submarino hasta el empeoramiento de la calidad del agua. Paradójicamente, esto convierte esos lugares en entornos menos interesantes», apuntan Rodríguez y Salmerón.

«Las reservas marinas fortalecen la resiliencia de los ecosistemas y protegen las rutas migratorias y zonas de cría»

​​Un turismo regulado puede ser aliado de la conservación, siempre que involucre a las comunidades locales y priorice la calidad frente a la cantidad. 

Es el enfoque que ha dado buenos resultados en el proyecto MITICAP, en el Cap de Creus, en Cataluña, donde la cooperación entre científicos y pescadores ha permitido trasplantar más de 3.000 gorgonias -un tipo de coral- con una tasa de supervivencia del 95% y adaptar las artes de pesca para proteger los hábitats sensibles. 

Otro de los casos más inspiradores es la Reserva Marina de Cabo de Palos e Islas Hormigas, en la Región de Murcia. Creada en 1995, al principio generó una fuerte oposición entre el sector pesquero. Hoy, sin embargo, los propios pescadores la defienden como «lo mejor que nos ha pasado nunca», ya que ha permitido que la pesca artesanal perviva en la zona y ha convertido a Cabo de Palos en un destino de referencia para el submarinismo, fijando población local.

Y una historia paradigmática es la del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de Cabrera, en Mallorca, que con unas visitas muy reguladas muestra el potencial de un Mediterráneo libre de presiones humanas: la prohibición de pesca alternativa ha permitido que la fauna marina se sienta segura. 

El mar empieza en cada uno de nosotros

Ahora bien, para que la protección tenga éxito necesita voluntad política y aplicación real. Paul Watson es tajante: «Que se haga cumplir la ley es condición indispensable para que una reserva marina funcione». «He trabajado en lugares como Galápagos donde la corrupción y la falta de pasión arruinan cualquier esfuerzo. Sobran soluciones, pero nos falta valor para aplicarlas».

Y si España ha sido pionera en la ratificación del tratado, también ha sido coherente al ampliar su propia red de reservas marinas: en 2022, Baleares amplió significativamente las de El Toro y Las Malgrats, y en 2024 creció la de Cabo de Palos-Islas Hormigas. Además, la inclusión de nuevos espacios en la Red Natura 2000 ha incrementado la superficie marina protegida en más de nueve millones de hectáreas, acercando al país al objetivo del 30% para 2030.

También hay ejemplos de empresas que están contribuyendo a cuidar del Mediterráneo: el programa de reforestación del coral naranja impulsado por imagin, la banca digital de Caixabank, que ha construido ocho jardines de coral con más de 120.000 unidades plantadas en nuestro país, recuperando más de 4.000 colonias.

No obstante, para Watson, la esperanza está en nosotros mismos: «Nadie vive lejos del océano. Nos rodea y está en el mar, en las nubes, bajo tierra, en el hielo, en cada planta y animal. Todos tenemos una conexión íntima con él y, por tanto, la obligación de asegurarnos de que se mantenga sano en el futuro».

museo acuático
Under (Noruega): El primer restaurante submarino de Europa, ofrece una experiencia única con exposiciones artísticas, invitándonos a replantear nuestra relación con el mar a través de un arte que es a la vez estético, ecológico y político.

La memoria también nos ayuda a entender la vulnerabilidad de los mares. Si te apetece hacer algo distinto, te dejamos varios museos acuáticos en los que puedes vivir una experiencia inmersiva en todos los sentidos.

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Igluu, con su consentimiento, tratará sus datos para enviarle la newsletter. Para el envío se utiliza MailChimp, ubicado fuera de la UE pero acogido en US EU Privacy Shield. Puede ejercer sus derechos de acceso, rectificación o limitación, entre otros, según indicamos en nuestra Política de privacidad.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.