En este mundo existen dos tipos de personas: las que jamás renuncian a su perfume y las que disfrutan jugando con nuevos aromas para escapar de ese «olor a todos». Para las segundas llega esta tendencia impulsada por la Generación Zeta que consiste en combinar fragancias por capas hasta dar con una mezcla propia y difícil de imitar. Es pura alquimia olfativa y aquí te contamos cómo dominarla.
Cae el sol de mayo en el parque. La temperatura es perfecta para jugar hasta que anochezca. Varios niños corretean con la mirada fija en el suelo. Se agachan, recogen algo y vuelven a su base de operaciones: un banco donde una botella rescatada de la basura se llena, poco a poco, de restos de flores.
Margaritas, dientes de león, hojas de madreselva. Todo vale mientras huela bien. Al final de la tarde, hay ahí dentro un brebaje valiosísimo: su primera colonia, la mejor fragancia inventada jamás. Pero esa mezcla caótica de flores, hojas y agua encierra algo más profundo que un simple juego: es una manera de decir «esto somos nosotros».
Porque esa es la magia de los olores: despiertan emociones casi de inmediato y pueden cambiar nuestro estado de ánimo antes incluso de que sepamos qué estamos sintiendo. Desde los ungüentos del Antiguo Egipto hasta las aguas perfumadas de Grecia y Roma, pasando por las mezclas de resinas, flores, especias y aceites que atravesaron culturas y siglos, oler bien siempre ha ido mucho más allá de lo estético.
Se cancela oler igual que tu amiga
Lo que hacían aquellos pequeños perfumistas es hoy, en una versión mucho más sofisticada, una técnica que ha cobrado especial protagonismo entre los más jóvenes: el layering, combinar a capas distintos perfumes, aceites y productos para crear un olor propio e inimitable. Detrás están los zeta, una generación en constante búsqueda de identidad para la que oler de forma única es el nuevo lujo.
Así, si durante décadas la industria del perfume ha estado dominada por fragancias diseñadas para agradar a la mayoría —esa tan reconocible que llevabais tú, tu amiga y la persona que iba a tu lado en el bus—, ahora se trata de todo lo contrario: escapar del imaginario olfativo común. En las redes sociales triunfa la idea de crear un armario de perfumes con una pequeña colección que cubra varias familias de olores y, sobre todo, distintos estados de ánimo.
Qué notas combinan mejor con un perfume cítrico, cómo darle profundidad a un ámbar o de qué manera suavizar una fragancia son algunas de las explicaciones que se multiplican en tutoriales y vídeos sobre rutinas olfativas. Ese interés está haciendo ganar terreno a las perfumerías nicho, casas especializadas que priorizan la calidad de los ingredientes y la exclusividad de cada fragancia.
De hecho, según un informe de Fortune Business Insights, el mercado global de perfumes de lujo alcanzará los 44.830 millones de dólares en 2032 impulsado por el consumo de fragancias exclusivas y de alta gama, así como por el interés creciente en productos más personalizados y con materias primas de mayor calidad. Incluso las grandes firmas han empezado a trabajar en propuestas más selectivas, demostrando que el fenómeno ya no responde solo a expertos del perfume.
5 pasos para oler como tú
En realidad, el concepto de ponerse tres o cuatro perfumes a la vez se inspira en la moda, donde el layering es una de las técnicas más versátiles para vestirnos: crear nuestros outfits por capas nos permite dar con combinaciones más creativas e inspiradoras.
Ocurre lo mismo con los olores. Se trata de sumar elementos que den más profundidad que cuando actúan por separado. Por eso, se extiende a todo el universo aromático. La crema corporal, el aceite de ducha, el champú, la bruma para el pelo, el suavizante, las velas e incluso los ambientadores… todo forma parte de una misma narrativa olfativa.
Y como no creemos en el gatekeeping, si eres de esas narices obsesionadas con encontrar un sello propio, te dejamos las claves para conseguirlo paso a paso. Nuestro mayor consejo: no tengas miedo a equivocarte.
El primer sello, con brumas. Las brumas corporales capilares crean un fondo sutil. Gracias a su baja concentración de alcohol permiten que las capas posteriores se asienten de forma menos agresiva. Es el truco definitivo para que el olor no se perciba como un parche.
La hidratación como lienzo. ¿La crema corporal? Tu mejor aliada. Sabemos que da pereza salir de la ducha y esperar a que se absorba, pero este paso es innegociable. La piel hidratada retiene mejor las moléculas aromáticas, actúa como fijador y ayuda a que todo lo que apliques dure más tiempo.
El hilo invisible. Ya lo decía Taylor Swift en Invisible String: hay un hilo invisible que une lo que, a simple vista, parece no encajar. Y en esta técnica es la nota común que conecta una fragancia con la siguiente. Para no fallar, busca perfumes que compartan al menos una: vainilla, bergamota, rosa, sándalo… Puedes comprobar las composiciones en webs especializadas como Fragrantica, donde aparecen desglosadas las notas principales de cada perfume.
La jerarquía del peso. El mandamiento de oro. Aplica primero los aromas más intensos: maderas, resinas o almizcles. Las notas ligeras, como cítricos o flores blancas, al final. Sus moléculas son más pequeñas y volátiles y, si las pones debajo de una fragancia pesada, las “aplastarás”.
Prohibido frotar. Ya sabes que la paciencia es la madre de la ciencia. Deja que el alcohol de la primera capa se evapore totalmente antes de aplicar la siguiente (generalmente, suele bastar con un minuto) y, por favor, olvida ese gesto tan típico de frotar las muñecas: el calor de la fricción rompe las notas más delicadas y arruina la arquitectura del perfume.


