Hay momentos que no parecen importantes hasta que te das cuenta de que te han cambiado. Una conversación breve, una invitación inesperada, y de pronto estás al volante en el Ecomotion Tour 2025 aprendiendo a conducir de forma mucho más eficiente. Y, sobre todo, descubriendo que conducir no va solo de consumo: va de escucharnos más.
Viernes. Una llamada que lo cambia todo.
— Hola, Brezo. Una pregunta: ¿tienes carné de conducir?
— Ehh… sí, claro. ¿Por?
— Porque queremos invitarte a participar en un rally.
Pausa. Pequeño infarto interno. Rally. La palabra resuena como si me acabaran de proponer escalar el Everest en chanclas.
— Vale, espera… conduzco por necesidad, no por placer. Lo de la velocidad no es lo mío. ¿Esto es en serio?
— Tranquila, no te asustes. No va de correr, todo lo contrario: se trata de conducir con calma, con cabeza. De demostrar que con una conducción eficiente se puede reducir el consumo de combustible y también mejorar la seguridad vial. No hace falta pisar a fondo, solo pisar con conciencia.—Vale… entonces es más mindfulness sobre ruedas que un Fast & Furious. Me gusta. Jefa, me voy de rally dos días. Nos vemos el lunes.
Y así fue como una llamada inesperada de Ayvens, la compañía global de movilidad sostenible especializada en renting, gestión de flotas y soluciones para empresas y particulares, cambió mi forma de pensar sobre movilidad eléctrica y eficiente.
Un año más, la compañía nos invitó a su Ecomotion Tour 2025, la 16ª edición de su iniciativa celebrada en junio para demostrar, junto a las grandes marcas del automóvil, que nuestra forma de conducir puede reducir el consumo de combustible y mejorar la seguridad vial.

Casi 400 kilómetros entre Madrid y Segovia. Todo un recorrido que nos puso a prueba pero no de la forma en que lo imaginas: no ganaba quien llegara primero, sino quien consumiera menos. Cada detalle contaba —una frenada, una aceleración suave, evitar poner el aire si podías bajar la ventanilla—. No estaba todo en la velocidad, sino en la estrategia.
Los equipos, formados por periodistas del motor y representantes de más de una veintena de marcas de automoción que pusieron a nuestro servicio sus coches, competíamos en igualdad de condiciones bajo la mirada técnica del equipo de Ayvens. Los vehículos eran electrificados (HEV, PHEV y BEV) con baterías al 100%, neumáticos de baja resistencia y una red de recarga eléctrica —facilitada por SOLRED— capaz de abastecer a 30 vehículos al mismo tiempo. Una hazaña logística que, en el contexto español y no deportivo, marca un hito. Un auténtico laboratorio sobre ruedas para una nueva manera de moverse.

Viajando sin GPS (mi familia está orgullosa)
Tuve que buscar qué era exactamente un libro de ruta. Para quienes no están familiarizados, se trata de una guía de navegación muy utilizada en competiciones de rally y travesías de aventura. Incluye distancias, giros, puntos de control, peligros en la carretera y símbolos que debes interpretar rápidamente si no quieres acabar dando vueltas en círculos. Al abrirlo por primera vez, te invade cierto calor: una leyenda de símbolos que mezcla cifras, flechas, signos de exclamación… y tú ahí, intentando no perderte entre curvas reales y curvas de papel.
Durante el Ecomotion Tour, los coches estaban controlados mediante sistemas de geolocalización y telemetría, pero aun así perderse era posible (y habitual). Si te despistabas charlando con tu copiloto o malinterpretabas una indicación, alguien del equipo te llamaba para reconducirte. Aunque esa incertidumbre despertaba otra sensación: ¿estamos preparados para viajar sin el móvil como brújula?
Y es ahí donde cobra valor algo tan básico como un mapa de carreteras físico. Para nuestros abuelos, era lo único. Antes de salir, repasaban la ruta, anotaban desvíos en un papel y consultaban señales que hoy nos pasarían desapercibidas. A menudo, preguntaban en gasolineras o a vecinos en los pueblos, lo que hacía de cada viaje una experiencia compartida no solo entre copiloto y conductor, sino también con el entorno. El mapa de papel era una forma de viajar que exigía atención, intuición y, por qué no decirlo, paciencia.
Hoy, ante emergencias como un fallo digital, puede marcar la diferencia. Saber leerlo —algo que damos por sentado pero que muchos ya no saben hacer— podría sacarnos de más de un apuro. En tiempos de movilidad avanzada, volver a lo esencial es también una forma de avanzar. Por eso, incluir un mapa de carreteras, linterna, agua y batería externa en tu maletero puede ser tan relevante como cualquier app. Porque la mejor tecnología, a veces, es la que no necesita conexión.

Que fluyan las conversaciones infinitas en un coche
Es quizá una de las grandes lecciones que me llevo del Ecomotion Tour: el conductor importa, sí, pero también lo hace el copiloto. Porque este rally va de estar presente, de coordinarse y ajustar cada tramo al segundo, como si de una coreografía silenciosa se tratase. La pareja formada por periodista y representante de marca comparte más que un coche —en nuestro caso, un elegante Mazda CX‑80 híbrido—: estrategia, intuición, silencios, decisiones y muchos kilómetros que terminan por convertirse en confianza.
Conducir de forma eficiente exige concentración total: estar atento al entorno, anticipar el tráfico, medir cada aceleración, cada frenada. No hay espacio para distracciones. Y, paradójicamente, ese mismo estado de alerta tranquila abre espacio para otro tipo de conexión: la conversación sin prisa. Lejos del zumbido constante de las notificaciones, sin música de fondo ni pantallas encendidas, resurgen las charlas de antes. Las que fluyen durante horas y se van profundizando con el paisaje, el cansancio y la intimidad que solo se da cuando compartes habitáculo y dirección.
Empiezan con temas técnicos —giros, puntos de control, eficiencia energética—, pero terminan llegando a lo personal: decisiones vitales, dudas, ideas que a veces solo emergen cuando el mundo exterior queda al otro lado de la ventanilla.
Y en medio de esas charlas, los silencios. Pero esos que no incomodan, sino que invitan a observar: un valle al fondo, un rebaño cruzando, un pueblo dormido a mediodía. Silencios que nos devuelven algo esencial y cada vez más escaso: de conducir sin piloto automático, ni en el coche ni en la vida. Porque moverse mejor no es solo una cuestión de energía, sino de atención, consciencia y de vínculo.

A la izquierda, Brezo Sintes de Igluu Magazine y a la derecha Carlos Schavlovsky, representante de la marca Mazda.
Cuando reducir el consumo energético en las rutas de Castilla y León no es ficción
Reducir el consumo energético al conducir no es solo una cuestión de ahorro, sino una necesidad urgente si queremos frenar el impacto ambiental del transporte por carretera. En España, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el sector del transporte representa aproximadamente el 29% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, siendo el tráfico rodado el principal responsable. De hecho, los turismos generan más del 60% de esas emisiones, principalmente por el uso de combustibles fósiles.
En este contexto, los resultados del Ayvens Ecomotion Tour 2025 cobran especial relevancia. La competición no solo fue un ejercicio técnico, sino una demostración práctica de cómo una conducción eficiente puede marcar la diferencia. En la categoría de vehículos 100% eléctricos (BEV), el Citroën e-C3 Aircross consiguió reducir su consumo en un 29,39% respecto a su referencia WLTP, posicionándose como un referente en eficiencia para la movilidad urbana y los SUV ligeros.
Por su parte, el MG HS —modelo híbrido enchufable (PHEV)— logró un equilibrio óptimo entre electricidad y gasolina, destacando con unos consumos combinados de 7,54 kWh y 2,35 l/100 km, cifras que refuerzan el papel de los híbridos como una opción de transición responsable.
En la categoría de híbridos no enchufables (HEV-MHEV), el Volkswagen Tayron también demostró que, incluso con tecnología tradicional, aún hay margen de mejora: redujo su consumo en casi un 23%, confirmando que el comportamiento del conductor sigue siendo un factor decisivo para lograr una movilidad más limpia.
Estos resultados no son solo cifras: son señales de hacia dónde debemos avanzar. Porque cada litro de combustible que se ahorra, cada kilovatio bien gestionado, es una contribución directa a un aire más limpio y a una reducción efectiva de nuestra huella de carbono. El reto de la movilidad sostenible está en marcha, y el volante lo seguimos teniendo en nuestras manos.

Moverse mejor también es repensarnos
Lo que deja el Ecomotion Tour no son solo datos de consumo o rankings de eficiencia. Es una invitación a repensar cómo nos movemos y qué papel jugamos en el impacto ambiental que generamos cada día. Porque sí, la tecnología avanza —y lo hace a pasos agigantados—, pero en un mundo donde todo cambia a velocidad de vértigo, incluso la innovación se vuelve fugaz. Lo que hoy es puntero, mañana puede quedar obsoleto.
Por eso es tan importante entender que la sostenibilidad no solo depende del vehículo, del tipo de motor o de la batería más eficiente, sino también —y sobre todo— de las personas que lo conducen. La tecnología es aliada, pero no sustituto de la conciencia. Necesitamos ambas: avances técnicos y una actitud responsable al volante.
Durante los kilómetros entre Madrid y la sierra de Segovia, entre curvas suaves y paisajes cambiantes, quedó claro que levantar el pie del acelerador puede parecer algo mínimo, pero en conjunto, es el principio de un cambio mayor.



