Modo co-op activado

Joana Rei


¿Para qué tirarte los trastos con el de al lado si podéis jugar juntos? Seamos honestos: competir es agotador. Por eso, los videojuegos y juegos de mesa cooperativos proponen otra forma de pasarlo bien. Una en la que el objetivo no es ganar al otro, sino hacerlo en compañía.


Ahora mismo, en algún lugar del mundo, dos o más personas están intentando superar con éxito una misión. Lo hacen juntas o separadas por kilómetros, pueden conocerse o no, pero allí, en la pantalla de un videojuego, están comprometidas con ese ejercicio de cooperación y confianza. No compiten. No disputan un premio: unen esfuerzos, porque esa es la única forma de ganar.


En un mundo hiperconectado y cada vez más competitivo, los videojuegos cooperativos están viviendo su edad dorada: tan solo en la primera mitad de 2025, recaudaron 4.100 millones de dólares en Steam, la plataforma de distribución digital de videojuegos para PC más grande del mundo. En otras palabras, cada vez hay más jugadores interesados en pasar un buen rato trabajando en equipo y compartiendo objetivos y emociones en lugar de competir a destajo por hacerse con un premio en solitario.

Estamos recuperando el juego porque ese es el estado natural de las personas: jugar con otras durante toda la vida»

Carlos González Tardón, psicólogo experto en videojuegos


En 2021, It Takes Two fue elegido el mejor videojuego del año. La trama cuenta la historia de Cody y May, un matrimonio a punto de divorciarse que, por deseo de su hija, se transforma en una pareja de muñecos. Para volver a su forma humana deben trabajar juntos, superar retos y reparar su relación. El año de su consagración no es casual: 2021 fue el año después de la pandemia del coronavirus. En 2020 todos fuimos conscientes de nuestra vulnerabilidad y el aislamiento se hizo palpable. Ese año, hasta la OMS, que tiene categorizada la adicción a los videojuegos, los recomendó para combatir la soledad.


Y los videojuegos, tantas veces demonizados, empezaron a lucir su cara amable. «Se han convertido en una herramienta de socialización importante. Te incluyen en una comunidad», asegura Carlos González Tardón, psicólogo experto en videojuegos, profesor universitario y diseñador de videojuegos.


Durante mucho tiempo, el imaginario del videojuego estuvo asociado a una escena muy concreta: una habitación cerrada, una pantalla y un jugador aislado, casi siempre joven, casi siempre hombre, compitiendo contra la máquina o contra otros desde la distancia. Pero esa imagen está obsoleta: la forma de jugar ha cambiado y, sobre todo, lo ha hecho la forma en que miramos a quienes juegan.

Sin competición todo es mejor

«Ha sido una evolución que tiene mucho que ver con el abandono de la idea de que los videojuegos son para niños», explica González Tardón. «La generación de los 90 no dejó de jugar cuando pasó a la adultez. Las mujeres se han asumido como jugadoras y ese marcador social de fracaso de ser un hombre adulto que jugaba a videojuegos dejó de existir».


Con la adultez del jugador llegó el aumento de la complejidad de las historias y de los protagonistas. Los videojuegos ya no van (solo) de héroes o villanos. Ahora hay personajes exigentes, dilemas morales y tramas emocionalmente complejas. «Son experiencias interactivas increíblemente gratificantes con historias que no se pueden contar de la misma manera en ningún otro medio audiovisual. Y encierran interacciones sociales tan válidas como ir a un restaurante, al cine o a un club de lectura», considera Manuel García Tabuyo, psicólogo especialista en videojuegos y gamer.


Al no haber competición, los videojuegos cooperativos se muestran como una herramienta poderosa para trabajar habilidades sociales importantes en el día a día. «Primero la comunicación. Sin ella, no puedes avanzar en el juego», dice González Tardón. «Luego, la comprensión y la escucha. Además, el esfuerzo siempre se ve recompensado porque nadie gana, lo cual aumenta la resiliencia y el manejo de la frustración. Y luego, algo que a nivel social va a ser muy útil: entender que tú no vas a ser bueno en todo, pero en algo sí».


Sin enfrentamiento, las comunidades se amplían y se mezclan, porque el resultado final ya no depende de las capacidades de un único jugador: «Es un factor de unión intergeneracional potente. Cuando uno juega con niños en competición nunca lo hace “de verdad”, porque, si no, ellos nunca ganan; pero en modo cooperativo puedes jugar a tu nivel y ellos al suyo».


Aimar Intxaurrondo, fundador de The Good Game Generation, una plataforma que fomenta el uso consciente y sano de la tecnología y los videojuegos, va más allá: «Cuando trabajamos con gente mayor se da una inversión de roles muy interesante. Normalmente es el adulto quien asume el rol de profesor, pero cuando hablamos de videojuegos, el niño es quien da las lecciones. Y ese cambio genera una fuerte empatía».

Jugar, y ya

Jugar, sin más, es primordial en la infancia, ya que es el mecanismo por el que el cerebro procesa y entiende el mundo. «El juego es lo único que comparten todos los animales. Jugar siempre enseña», insiste González Tardón. «En psicología lo explicamos desde el modelado, un proceso mediante el cual aprendemos por imitación», explica García Tabuyo.


En un momento en el que la inmediatez abruma, gana adeptos la conexión directa y la calma en la manera de hacer las cosas. Jugar de forma colaborativa, ya sea a través de una pantalla o sobre un tablero de mesa, es una manera de socializar y pausar la vorágine diaria. «Estamos recuperando el juego porque, al final, ese es el estado natural de las personas: jugar con otra gente de forma constante, durante toda la vida», dice González Tardón.

«Son experiencias interactivas increíblemente gratificantes con interacciones sociales tan válidas como ir a un restaurante, al cine o a un club de lectura»

Manuel García Tabuyo, psicólogo especialista en videojuegos y gamer


Y si la pandemia trajo nuevas necesidades de socializar, la nostalgia que se apoderó de la sociedad después, hizo lo demás. «Vivimos muy atrapados en lo digital. Tras la pandemia, las dinámicas no presenciales como el teletrabajo también se incrementaron y apareció esa necesidad de volver al cuerpo y a la presencia», añade Eurídice Cabañes, doctora en Filosofía y fundadora de ArsGames. «El juego es una forma de volver a conectar, a compartir un mismo espacio y construir algo juntos».


En 2017, las autoridades de Estocolmo trastearon con el videojuego de simulación urbana Cities: Skylines para rediseñar un área de la ciudad cerca del puerto. Los ciudadanos pudieron simular sus propuestas para contribuir al proyecto. «Sin el videojuego hubiera sido imposible, porque habría hecho falta tener amplios conocimientos de arquitectura y urbanismo. De esta forma, se hizo mucho más ágil una toma de decisiones más consensuada», recuerda Cabañes. «Elegir entre juegos de competición o de cooperación se traduce en lo que queremos como sociedad: ser más competitivos o ser más colaborativos», añade.


Ahí está el verdadero cambio: entender que ya no hablamos solo de entretenimiento, sino de juegos con los que poder impactar en la vida real. Herramientas que pueden ayudar a dibujar nuevos tipos de relaciones y, con ello, fomentar otra interacción social en la que la cooperación salga de las pantallas. Quizá no esté de más pararse a coger el mando de la consola y dar el salto a una realidad distinta: más empática, más divertida y pensada para disfrutar juntos.

¿Te ha picado el gusanillo? Si quieres jugar, desde Igluu te recomendamos estos títulos:

Videojuegos

It Takes Two

Para 2 jugadores.

Ganador del Game of The Year 2021.

Cody y May son un matrimonio a punto de divorciarse que, por deseo de su hija, se transforma en una pareja de muñecos. Para volver a su forma humana deben trabajar juntos, superar retos y reparar su relación. Permite jugar en consolas diferentes o en la misma, con dos mandos y pantalla dividida.

Overcooked!

De 1 a 4 jugadores.

Bienvenido al caos. Tú y los demás chefs tenéis como misión cocinar y servir una serie de platos antes de que los clientes se marchen furiosos. En este videojuego que lleva la paciencia al límite, el trabajo en equipo es clave para que todo el mundo esté contento.

A Way Out

Para 2 jugadores.

La historia es sencilla: sois reclusos y debéis escapar de la prisión. Sin embargo, un giro de guion hace que la historia se vuelva mucho más interesante. Un juego de acción corto y muy entretenido.

Juegos de mesa

Pandemic

De 2 a 5 jugadores.

El clásico de los juegos cooperativos. Un virus se extiende rápidamente y hay que encontrar la cura. ¿Te suena? En Pandemic son cuatro las enfermedades que amenazan al mundo. Los jugadores forman un equipo de especialistas que vive en constante tensión y al que le tocará tomar decisiones importantes.

Just One

De 3 a 7 jugadores.

Un juego de palabras cooperativo en el que todos colaboran para que una sola persona adivine una palabra secreta. Para ayudarla, cada jugador escribe una pista, pero con una condición: si dos o más coinciden, se eliminan antes de que quien adivina pueda verlas. Rápido, sencillo y muy entretenido.

Hanabi

De 2 a 5 jugadores.

Juntos, debéis construir un precioso espectáculo de fuegos artificiales colocando las cartas en el orden correcto, del 1 al 5. El problema es que tú no puedes ver tus propias cartas y deberás confiar en las pistas que te dan los demás para jugar la carta correcta.

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