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Regalar pequeño (y local) es regalar dos veces

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Regalos a familiares, amigos invisibles, detalles de empresa… Estas fechas de consumo superior a lo habitual también son una oportunidad para pensar qué regalamos y, sobre todo, por qué. Si nuestras elecciones de compra pueden ser –son– un voto en la era de la consumocracia, la Navidad es un momento clave para utilizarlas como una forma de apoyar proyectos independientes que intentan hacerse un hueco. Aquí algunas ideas.


La Navidad es quizá la época del año que más pasiones –y rechazos– despierta: no suele haber término medio entre los fans acérrimos que se pasarían todo el día festejando y quienes si, por ellos fuera, se meterían en casa y no saldrían hasta la segunda semana de enero. Aunque seas de estos últimos, es muy difícil huir por completo de algunas tradiciones, comidas y regalos. La parte buena es que, en la medida de lo posible, podemos intentar al menos que nuestros presentes sean algo mejores.

Si estas fechas son tradicionalmente de reuniones y agradecimiento a los familiares y amigos a los que más queremos, el propio sistema ha hecho que sean también de consumo a nivel individual y colectivo –basta ver la iluminación de las ciudades–. Según los cálculos de la consultora Deloitte, cada hogar español se gastará unos 634 euros estas Navidades, más o menos lo mismo que el año pasado. De este presupuesto, la mayor parte se irá en ocio y restauración (29%) y regalos (12,4%). En este último punto, una encuesta publicada por Nielsen revela que lo más comprado y deseado sigue siendo la moda, los perfumes, los juguetes, la tecnología y el maquillaje.

En Igluu nos negamos a creer que intentar ser más sostenible en estas fechas te convierte automáticamente en un Grinch. Contra el consumismo exacerbado, la Navidad es una época ideal para preguntarte qué compras, cuánto y, sobre todo, para qué: en realidad, es el momento del año en el que más y mejor puedes practicar la consumocracia –una compra, un voto–. Regalar algo a la gente que quieres es un gesto de amor que puede ser doblemente transformador: para empezar, no tiene por qué ser algo material pero, si lo es, puede servir para apoyar proyectos pequeños o que estén alineados con los principios de justicia social o medioambiental que tú quieres.

Conocer qué piensa o qué es lo que más le mueve a la persona a la que vas a regalar algo –un ejercicio de tiempo que a menudo ya es un regalo per se– es el primer paso para poner en práctica esa conciencia, evitar caras de circunstancias y devoluciones. Después, a la hora de elegir, el abanico de opciones más conscientes es inmenso y adaptable a precios, personalidades y circunstancias. Aquí unas cuantas según los deseos recogidos por las consultoras de arriba y otras algo fuera de la caja.

Repensando el jersey y los calcetines

La unanimidad de los diferentes estudios de tendencias no deja lugar a dudas: nos sigue gustando mucho la moda. Antes de regalar una prenda de ropa, es necesario pensar bien para quién es: comprarle un jersey de Shein a un activista por la moda consciente probablemente no sea una buena idea. Mientras marcas de la fast fashion están inmersas en la transformación de sus líneas de producción para intentar reducir la inmensa huella ambiental que produce el sector –la industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo–, el abanico de opciones de marcas slow es cada día mayor. Para no extendernos mucho, en este post te dejamos algunos nombres que pueden inspirarte.

Aunque no sea demasiado habitual, la segunda mano también es una buena opción en Navidad. Cadenas de tiendas físicas dedicadas a ello como Humana o aplicaciones como Wallapop o Vinted están cada día más solicitadas y en ellas se pueden encontrar auténticas joyas con muchísima personalidad que son implícitamente sostenibles: como reza la campaña, lo hecho, hecho está y siempre consumirá menos recursos que producir algo nuevo.

De hecho, este tipo de consumo es –por suerte– una gran tendencia en el mundo de la moda. Además de estas grandes aplicaciones de intercambio entre particulares, en Instagram han proliferado innumerables cuentas vintage de venta de prendas muy especiales para estas fechas. Un ejemplo puede ser Amarga Vintage (@amargavintage), una pequeña tienda situada en el Barrio del Oeste de Salamanca que recoge todo tipo de prendas y precios y que también hacen arreglos trendy de la ropa que les llega para no desechar ningún tejido. Otro ejemplo: la cuenta de Instagram @desupadreydesumadre, en Chamberí, centrada en prendas con mucha personalidad y a menudo de grandes marcas. ¿Regalar una americana de Gucci por 40 €? Se puede.

@desupadreydesumadre

Si no quieres arriesgarte a acertar con la talla, a alguien que ame la moda y la lectura también puedes dejarle bajo el árbol La moda justa: una invitación a vestir con ética, un breve ensayo de Marta D. Riezu publicado en los Cuadernos de Anagrama en la que hace una invitación a reflexionar sobre nuestras elecciones a la hora de vestir para repensar el modelo de consumo voraz de la moda. O, también puedes apostar por una iniciativa original: desde 20 € también regalar una experiencia de Ecodicta, un sistema de armario circular y alquiler de ropa en el que se reciben prendas –seleccionadas personalmente o a elección de un estilista– cada 30, 90 o 60 días. Pasado ese tiempo, puedes decidir devolverlas y recibir otras nuevas, repetirlas o comprarlas si te han gustado.

La era del cuidado (y del autocuidado)

La perfumería, el maquillaje y la cosmética es otra de las categorías líderes a la hora de regalar. Lo primero, como en el caso de la ropa, es intentar conocer al máximo a la persona que va a recibir el presente para que le dé uso y no quede en un cajón hasta estropearse.

Una vez que sabemos que nuestro interlocutor o interlocutora es fan del autocuidado y la belleza, el abanico de opciones es tan amplio como la gama de productos. Una marca interesante para regalar es La Malvaflor, de cosmética artesanal y natural que elabora todos sus productos en su tienda-taller de Madrid (Av. Monforte de Lemos, 83). Allí hacen un proceso artesanal de principio a fin: utilizan sus propios macerados de plantas, elaboran, cortan, envasan y etiquetan a mano el producto, que está libre de elementos de origen animal y de aceite de palma. Champú sólido, aceites faciales y corporales, jabones, bálsamos, complementos… Todo realizado a mano y con un procesado y un empaquetado mínimo, así que con una mínima huella de carbono.

Champús sólidos de La Malvalfor.

Otra opción es Usar y Reusar, centrados en el residuo cero. Además de cosméticos sólidos, venden otros productos para intentar llevar una vida más cercana al zero waste desde productos de higiene menstrual a diferentes kits de belleza, para limpiar, para comer –con cubiertos, cantimploras, pajitas, sustitutos de tela y cera de abeja para conservar alimentos y desterrar el film de plástico…– o bolsas reutilizables con diseños propios. También organizan cursos para aprender a elaborar tu propio jabón con aceite usado o hacer limpieza con productos libres de tóxicos.

Los perfumes son otro de los sospechosos habituales bajo el árbol. Aunque son algo muy personal –pocas cosas tan sensibles como el olfato– si quieres regalar aromas eco una marca a tener en cuenta es Abel, fundada en Ámsterdam por un ex enólogo que elabora sus perfumes con ingredientes naturales y trazabilidad certificada hasta el origen de cada uno de ellos. La estética y el diseño minimalista de sus envases es otro de sus puntos fuertes, como también lo son la transparencia y la ética en el proceso de elaboración. Además, destinan el 1% de sus beneficios a diferentes causas según el producto elegido.

Jugar para construir un mundo mejor

Tener peques en casa suele multiplicar peligrosamente el número de paquetes en casa… aunque lo que contienen no siempre se usa: un estudio realizado por la cadena de supermercados Aldi en 2019 reveló que más de la mitad de los niños españoles le dedican apenas entre uno y siete días de atención a sus nuevos juguetes.

Además de no sobresaturar a las criaturas en estas fechas, existen opciones muy variadas y adaptadas a las edades y métodos de crianza para intentar poner en práctica el juego consciente desde edades tempranas. Una de ellas es Alupé, una página que aglutina productos de todo tipo (disfraces, arrastradores, juegos de mesa, libros…) libres de químicos y con madera procedente de bosques sostenibles con sello FSC.

La filosofía pedagógica fue lo que movió a Carmen y Claudia a fundar Jugar i Jugar, una web de juguetes en la que la premisa principal –compartida con sus compañeras de Alupé– es que no hay que comprar tanto. «Los niños y las niñas no necesitan nada especial para que el juego ocurra. Que si quieren jugar a espadas, cogerán un palo; que si quieren jugar a casitas, usarán una caja; que si quieren hacer ruido, aporrearán una cacerola», mantienen. Si decides llevarte algo, ellas te ayudan a acertar en función de la edad, los gustos y las necesidades de cada pequeño, y en su blog hablan de un montón de temas relacionados con juego y crianza.

Jugarijugar. (@jugarijugar)

Un extra: para los no tan pequeños, una buena opción es Consortium, un juego de mesa en el que nadie puede ganar si los demás pierden del que ya te hablamos aquí.

Para los amantes de la mesa (o para hacer packs y cestas sostenibles)

La buena mesa es uno de los grandes placeres de la vida. En Navidad, aunque las comidas y cenas se sucedan, también es un buen momento para regalar gastronomía en todas sus variantes.

Fetén Market es un supermercado bio online puesto en marcha por Thom y Lily Burns, dos emprendedores que han lanzado su proyecto al mundo desde Los Molinos, un pueblecito de la sierra de Madrid. Es la primera plataforma de este tipo que da la opción de suscripción para descubrir nuevos productos con el objetivo de hacer los productos ecológicos más accesibles o asequibles, reduciendo los embalajes y ahorrando. Además de ofrecer kits de regalo especiales en estas fechas, puedes comprar todo lo que necesitas para una cesta sostenible o regalar una suscripción mensual o anual a alguien a quien le encanten este tipo de productos.

Thom y Lily, de Fetén Market.

Otra opción: regalar una experiencia en algún restaurante sostenible, y las posibilidades son infinitas en función de la cantidad y el precio del menú. Una buena pista para saber dónde es está en las estrellas verdes de la Guía Michelin, un reconocimiento que este año obtuvieron catorce nuevos restaurantes por sus prácticas responsables con el producto y el entorno. Si no, en cada ciudad hay un montón de opciones de cocina local, tradicional y de temporada. Nosotros te hemos hablado de dos de ellas: Ovillo en Madrid o los diferentes proyectos del chef Eneko Atxa, considerado uno de los chefs más verdes del mundo que este año sumó dos nuevas estrellas Michelin a su palmarés.

Más allá de eso, lo básico: acude a las tiendas de tu barrio. En España tenemos la suerte de tener, en casi todos los puntos de nuestra geografía, una gastronomía de auténtico lujo. Lácteos, embutidos, encurtidos, chocolates y dulces artesanos… Seas de donde seas, seguro que puedes configurar una cesta sostenible a tu medida y de kilómetro casi cero.

Apoyar a pequeños proyectos independientes

Dejamos para el final un tipo de regalos capaces de generar un gran impacto doble en quien lo recibe y en quien lo produce. Estas fechas son ideales para apoyar a creadores independientes, a artistas que invierten tiempo y talento en sacar adelante proyectos personales de literatura –aquí tienes tres ejemplos de pequeñas editoriales independientes–, pintura, escultura, fotografía, textil…

En el sector más premium, puedes echar un vistazo al trabajo que hacen en ESFascinante, una plataforma online que une el arte made in Spain con el diseño sostenible de moda y productos propios de aquí, promoviendo la artesanía, el estilo y el talento local.

@esfascinante

Abarcando todo el rango de precios, Instagram y Pinterest son quizá los mejores escaparates para inspirarte porque, como los gustos, las opciones en cada campo artístico son infinitos. Puedes regalar entradas para el concierto de alguna banda pequeña o en una sala independiente, una pieza de joyería artesana o de una firma pequeña –por ejemplo, los pendientes y pañuelos de Pizpireta o las joyas de Meraki–, collages –para los amantes del arte rural, son imprescindibles los que realiza y personaliza La Galana–, intervenciones en fotografía –¿has visto los bordados fotográficos que hace Garbi Galatea?–… Te gusten o no estas fechas, siempre puedes hacer que sean un poco más justas o que tengan un impacto positivo a tu alrededor. ¡Feliz (y consciente) Navidad!

PD: ¿Tienes alguna recomendación? Si quieres contarnos tu proyecto u otro que te apasione, recuerda que te leemos siempre en hola@igluu.es.

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