Bastan un par de acordes para dar el salto mental a esa mesa concreta del chiringuito donde te comiste unas riquísimas almejas a la marinera. O a tu toalla de rayas sobre el césped fresco de la piscina aquella mañana en la que el agua parecía estar solo disponible para ti. Así funciona la canción del verano. Sin embargo, la forma en la que nace ha cambiado: antes de internet, nos gustara o no, todos terminábamos escuchándola en la radio y la televisión y convirtiéndola en una experiencia cultural común; ahora, depende más bien de nuestro círculo social, nuestra edad y los sesgos del algoritmo.
Por mucho que cambie el paisaje, hay lugares comunes de los veranos. De Betanzos a Estepona: la luz que se estira hasta casi las diez de la noche, los berretes que te deja tu helado favorito o el olor del cloro y de la sal tirándote de la piel. Después, cuando el sol vuelve al invierno, el tiempo difumina los recuerdos y entremezcla aquellas vacaciones en el camping del lago con las otras en aquel pueblito de la costa. Pero cuando rescatar un año concreto de la vida se complica, las Ketchup, Don Omar o Karol G pueden ser la mejor brújula para orientarnos. Porque hay canciones que guardan junio, julio y agosto para la eternidad.
En pocas palabras, una buena canción del verano es como un hechizo: tiene la capacidad casi física de volver a sentarte en la mesa exacta de ese chiringuito en ese pequeño pueblo costero, llevarte a la barra de esa discoteca que te dejó sin palabras o teletransportarte a esa carretera que recorriste escuchándola hasta la saciedad. Porque para convertirse en souvenir, la canción del verano tiene que cumplir una condición indispensable: ser una órbita de la que no puedes escapar.
Antes del brat summer, fue el Coney Island girl summer
Cuando llega el verano, cada generación está completamente convencida de haber inventado una nueva forma de vivirlo. Cambian las etiquetas, los códigos y los lugares en los que se baila, pero siempre se mantiene ese afán por ponerle banda sonora. Porque mucho antes de que las redes sociales bautizaran musicalmente cada temporada, la industria musical ya había descubierto que el verano también podía tener su propio estribillo.
Pero la idea de elegir siempre una banda sonora para nuestras vacaciones no es un invento de la era MTV, por inolvidable que sean los trajes de cuero futuristas del Boom Boom Pow. Es mucho más romántico que eso: según el crítico musical David Hajdu, el concepto de la canción del verano empezó a cocerse en la industria de la música impresa a finales del siglo XIX y principios del XX.
Antes de la llegada del vinilo y la radio, la gente compraba partituras para tocar el piano en casa. Todo estalló en Tin Pan Alley, una calle neoyorkina donde se concentraban los compositores y editores de música del momento. El ruido constante de los pianos afinándose a través de las ventanas recordaba al tintineo de cacerolas de hojalata (tin pans), de donde viene su nombre. En ese hervidero, la música popular empezó a comerle el terreno a las canciones religiosas. No existía el brat summer, pero sí el Coney Island girl summer.
Posteriormente, a mediados de siglo, la radio y los tocadiscos coronaron clásicos como Summertime de George Gershwin. Y en los años 60 y 70, con el estallido del rock and roll en la posguerra, se adoptaron himnos como Good Vibrations de The Beach Boys. Billboard, la revista musical estadounidense conocida por elaborar listas de éxitos, institucionalizó definitivamente este fenómeno en 2010 con su lista oficial Songs of the Summer. Ese primer año ganó California Gurls, de Katy Perry y Snoop Dogg, y los MTV Video Music Awards inauguraron su categoría homónima en 2013, premiando a One Direction por su Best Song Ever.
Mientras tanto, en Europa el fenómeno tuvo un tinte mucho más mediterráneo. Empezó con el Festival de Sanremo en Italia (considerado el antecesor de Eurovisión), del que salieron temas icónicos como Volare (Nel Blu Dipinto Di Blu), pasando por la llegada a España de Los 40 Principales y terminando en la auténtica edad de oro del hit veraniego, en la década de los 90 y los 2000: los recopilatorios en formato CD tipo Caribe Mix, concebidos por y para el viaje en coche, las tardes de piscina y de chiringuito.
Mira lo que se avecina a la vuelta de la esquina
Si el verano de 2025 fuese de un color, sería el verde fosforito del brat summer de Charli XCX. Al menos es así para mí y para algunos de los que estéis leyendo esto, pero por ejemplo, para mi madre, eso no significa absolutamente nada. Sin embargo ambas guardamos exactamente el mismo recuerdo del Aserejé en el año 2002. Ahí está el truco.
Sin embargo, aproximadamente desde 2016, siempre aparece alguien dispuesto a declarar muerta la canción del verano: que si las audiencias están fragmentadas, que si los algoritmos han acabado con los éxitos colectivos, que si las tendencias caducan demasiado rápido. Antes, decir «todo el mundo está escuchando esto» no era una exageración: la radio y la televisión concentraban a buena parte de la población alrededor de las mismas canciones. Ahora, cada uno escucha desde su propia burbuja y la vida útil del entretenimiento dura menos que un paraguayo fuera de la nevera. Un tema puede hacerse viral en TikTok en cuestión de horas y, apenas dos semanas después, quedar sepultado bajo la siguiente tendencia. En esas condiciones, parece casi imposible que una sola canción sostenga el peso de los tres largos meses del verano —que ahora son más bien cinco—.
A diferencia de hace unas décadas, ahora la respuesta a cuál es la canción del verano depende por completo de tu círculo social, tu edad y los sesgos de tu algoritmo
Además, ¿dónde se escucha realmente la música hoy en día? ¿En el altavoz de la piscina, en el coche, en las discotecas o dentro del bucle infinito de nuestros auriculares mientras hacemos scroll tirados en la cama? En realidad, pasa un poco en todos los sitios a la vez; las redes sociales obviamente no han sustituido a los bares, pero sí han fragmentado la experiencia.
Hace poco, Ana Mena y Lola Índigo hablaban en la Pija y la Quinqui de este fenómeno. Repasando las listas de éxitos de España, Carlos Peguer confesaba que no conocía casi ninguna canción. «¿Y por qué? Esa música alguien la tiene que escuchar», se preguntaba. Lola Índigo comentaba que le había preguntado a su productor varias veces por canciones en las listas que tampoco conocía. Y es que los éxitos de hoy ya no son universales: no es raro que un tema que sea viral en TikTok no se traduzca en las listas de éxitos de las plataformas digitales o la radio, y viceversa.
Tanto las redes sociales como la radio o las plataformas digitales crean microclimas de éxito que no necesariamente llegan a saltar la barrera de un lado a otro. Por eso, la respuesta a cuál es la canción del verano depende por completo de tu círculo social, tu edad y los sesgos de tu algoritmo. Por un lado, esta fragmentación es genial: de alguna forma democratiza la producción musical, abre el camino a artistas fuera del circuito tradicional y nos descubre música nueva. Por otro, es inevitable sentir cierta nostalgia por aquellos días en los que una canción (nos gustase o no, en realidad) construía una experiencia cultural en común.
Luchamos contra la extinción de la canción del verano porque nos gusta dejarnos la garganta cantando a las tres de la mañana en la verbena
Quiero rayos de sol (y de nostalgia)
Aún así, si existe el concepto de canción del verano y no del invierno es precisamente porque esta estación es la estación más bailonga y divertida; nos empuja a habitar los espacios comunes, y especialmente los públicos y al aire libre, con otras personas. Sigue siendo el momento del año en el que más nos reunimos, cuando más llenamos las calles y cuando menos productivos somos. Luchamos contra la extinción de la canción del verano porque nos gusta dejarnos la garganta cantando Creo que empiezo a entender… a las tres de la mañana en la verbena.
Existe el concepto de canción del verano y no del invierno porque esta estación es la estación más bailonga y divertida: nos empuja a habitar los espacios comunes, especialmente los públicos y al aire libre, con otras personas
Lo más mágico es que solo podemos identificar la canción del verano meses después de que haya cerrado la piscina municipal. Ocurre cuando menos te lo esperas: una tarde en la que empiezas a lamentarte de que cada vez anochezca antes, pasas por delante de un bar deseando haber sacado una chaqueta y el «ya no puedo, girl, ya no puedo, girl» de Danny Ocean te golpea como el sol de agosto en la cara. Para cuando llegue ese momento, aquí tienes una selección que, casi con total seguridad, te hará revivir la nostalgia estival.
- Las que triunfan ahora mismo: Espresso, de Sabrina Carpenter; Apple, de Charli XCX; Birds of a Feather, de Billie Eilish; y Not Like Us, de Kendrick Lamar.
- Las del milenio: Hips Don’t Lie, de Shakira; Despacito, de Luis Fonsi; Bailando, de Enrique Iglesias; Dynamite, de Taio Cruz; y Danza Kuduro, de Don Omar.
- Las que dan nostalgia de verbena: Yo quiero bailar, de Sonia y Selena; Devuélveme a mi chica, de Hombres G; Aserejé, de Las Ketchup; Bomba, de King África; Atrévete-te-te, de Calle 13; e Insurrección, de Manolo García.
- Los clásicos eternos: el fenómeno global de Macarena, de Los del Río; la elegancia festiva de Raffaella Carrá con Fiesta; la luminosidad de Un rayo de sol, de Los Diablos; y el grito de libertad madrileño de Aquí no hay playa, de Los Refrescos.


