moda consciente

No es más trendy el que más ropa tiene, sino el que menos necesita

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A las colecciones más respetuosas con el medio ambiente se unen otras tendencias de consumo que pasan, precisamente, por reducirlo. Dar una nueva vida a las prendas tiñéndolas a nuestra manera o implementar armarios cápsula con menos prendas pero más fácilmente combinables entre sí son algunas opciones a la moda y con menos impacto en el planeta.


Vivimos en un mundo en el que todo va muy rápido, incluido el consumo. Frente a esa inercia, muchos encuentran una forma de rebelión en la búsqueda de alternativas a la acumulación y al uso poco sostenible que se hace de ciertos objetos. La industria de la moda es una de las que más viven de ese consumo rápido, entre otras cosas, por las tendencias estacionales –quién no ha visto asomar bikinis en los escaparates con el abrigo aún puesto– y por las dinámicas generalizadas en las últimas décadas. Por ejemplo, el fondo de armario basado en las camisetas básicas baratas que se renuevan año a año y el fin de la cultura de la reparación que hace que, cuando algo se estropea, se tira.

El abaratamiento de la ropa ha llevado a que estemos acostumbrados a no preservar ninguna, a renovar el armario con cada temporada y a no cuestionar si realmente tal o cual prenda han dejado de servir –aunque haya algún jersey con pelotillas– o aún podemos alargar su vida. «Si compras un jersey, con el que te encariñas, de una marca que planifica para que se quede obsoleto en un año, no vas a poder desarrollar esa relación de afecto con la prenda. Últimamente estoy viendo gente en Instagram que rescata ropa de hace décadas. Estamos encontrándole el valor a la recuperación de prendas y estrenarlas como algo nuevo», nos decía Adriana Domínguez en el primer número de Igluu.

Las alternativas frente a este consumo voraz de lo textil son muchas y variadas. Casi todas ellas parten de aplicar los principios de circularidad. La clave para practicar una moda consciente es pensar para qué y cómo nos vestimos cada día porque, parafraseando el viejo refrán, no es más trendy el que más ropa tiene, sino el que menos necesita.

El minimalismo aplicado al armario

El llamado minimalismo ha explotado en este siglo tras la eclosión consumista de décadas pasadas. Confluyen aquí dos personajes aparentemente alejados, pero próximos en fondo: Henry David Thoreau y Marie Kondo. Parece un chiste…pero no.

Thoreau fue un pensador estadounidense del siglo XIX que, sin saberlo, creó la corriente de pensamiento que hoy se enmarca en el minimalismo. Con aquello de «fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente» de su magna obra Walden, el norteamericano narra cómo abandonó todo para vivir un par de años rodeado de naturaleza, utilizando solo los elementos básicos y esenciales para sobrevivir. Walden es un diario, casi unas instrucciones de uso de la vida: «Simplificad, simplificad. En lugar de tres comidas al día, comed solo una si es preciso; en lugar de cien platos, cinco, y reducid lo demás en proporción». En definitiva, desprenderse de todo salvo de lo que es, esencialmente, la vida misma.

Por su lado, ya en el siglo XXI, Marie Kondo explotó en nuestras pantallas enseñándonos a ordenar con la aplicación de su método, consistente en deshacerse de los objetos o prendas de ropa que no nos aportan, lo que ella llama felicidad. En resumidas cuentas, el método Kondo es una suerte de minimalismo a lo Thoreau, pero dospuntocero y que se puede ver en Netflix.

Ahora bien, uniendo estas dos formas de pensar separadas por más de un siglo, se puede conseguir, no solo más espacio en casa, sino en el armario. No se trata de reducir las prendas a tres o cuatro, sino de tener una variedad razonable para enfrentar el día a día. En lugar de cinco abrigos, tener uno o a lo sumo dos –uno de uso diario y otro para ocasiones especiales, por ejempo–, tres vaqueros en lugar de veinte o un par de prendas de vestir más elegantes en vez de ocho. Dicho de otra forma, consiste en ser práctico hasta el punto de usar toda la ropa que se tiene, con más o menos frecuencia, pero usarla y no tener las baldas llenas de ropa con la etiqueta puesta.

La moda de los armarios cápsula

El concepto de armario cápsula surgió de la primera colección de la archiconocida diseñadora Donna Karan. Cuando se piensa en ellos, lo más habitual es imaginar poca ropa y básica, un armario casi monocromático con las prendas justas y necesarias para el día a día… pero no tiene por qué ser del todo así. «Es cuestión de analizar nuestro estilo, buscar las prendas básicas que deberían estar en el armario, tener otras piezas más de temporada y apostar por la calidad», explicaba Saray Martín, autora del libro El método del armario cápsula (2017) en Vogue.

Por tanto, lo ideal es que un armario cápsula esté hecho a medida. No solamente hablamos de prendas clásicas, algo que puede resultar inherente a los básicos, porque si la persona en cuestión no suele utilizar camisas –por poner un ejemplo– no es necesario que la prenda se incluya entre las de la cápsula. Consiste en saber vestirse, y vestirse bien, con un puñado de textiles combinables entre sí. Esto redunda en la sostenibilidad del armario: se consume menos –ergo, se produce menos– teniendo múltiples opciones versátiles en función de la ocasión.

Partiendo de ello, el número de prendas de un armario cápsula puede variar en función de predilecciones varias. La cifra óptima suele oscilar entre 30 y 40 piezas, incluyendo zapatos y complementos y sacando, eso sí, cosas específicas como ropa de deporte o de fiesta, que vendrían a ser extras para completar el fondo de armario.

La segunda mano como alternativa al fast fashion

Una de las mejores y más efectivas formas de ser sostenible, en todo lo que se consume en general, pero con la ropa en particular, radica en los comercios de segunda mano. Mientras que, por una parte y de manera mayoritaria, el fast fashion incita a la compra compulsiva, la compra de segunda mano tiene un sesgo de consumo mucho más lento y circular.

Plataformas como Vinted o Wallapop han dado una nueva dimensión al mercado de segunda mano y permiten adquirir productos seminuevos o usados a un precio más asequible. Con ello, se reutilizan las prendas y se reduce la producción. Si esto fuera aplicado por un grupo considerable de personas supondría un gran avance en términos de sostenibilidad. Eso sí, aún falta camino por recorrer para eliminar los prejuicios, sobre todo entre los sectores mayores de la población aún reacios a este tipo de compras. Eso sí, los más jóvenes llegan arrasando con ello: según un estudio de GlobalData, en 2020 el 42% de los jóvenes de la generación z compró ropa o accesorios de segunda mano.

Las aplicaciones mencionadas tenido mucho que ver pero, fuera de ellas, hay tiendas de ropa al peso que permiten adquirir ropa vintage por un precio casi irrisorio. Una opción perfecta para aquellas personas que tienen un estilo único: además de ser una opción sostenible y original, si compras un vestido en una tienda de segunda mano te garantizas que, llegado el momento, no coincidirás con el mismo vestido que otra persona en una boda o cita importante.

Reciclar la ropa como nueva tendencia

Aunque, confinamientos mediante, las marcas de ropa han introducido desde hace unos años infinidad de líneas de ropa cómoda para estar por casa, muchas veces no son necesarias siempre y cuando le demos una nueva vida a aquello que ya no está tan bien como para ir a trabajar, pero que aún puede tener una nueva vida en nuestro hogar. ¿Un jersey ya tiene tantas pelotillas que da un poco de corte llevarlo a la oficina? No pasa nada, en invierno puedes ponértelo para estar cómodo y calentito en casa.

Al hacer revisión del armario, algo que debería practicarse con más frecuencia de lo que a muchos nos gustaría, no solo hay que preguntarse qué me pongo y qué he de donar; también cabe cuestionarse cómo acomodar una prenda para darle una nueva vida y volver a usarla.

En esa línea, una opción que se ha reinventado últimamente a la hora de darle una vuelta a nuestro armario es la personalización de prendas. Si en los años noventa vivimos la fiebre de la customización –llamada así por los icónicos diseños de Custo Barcelona– ahora tenemos algo similar con el Do It Yourself (DIY). Un ejemplo de ello son los tijeretazos para darle el toque personal a una camiseta, o los talleres caseros de tie dye y estar a la última con los estampados hippies en tendencia.

Otra vía para reducir las compras de ropa consiste en utilizar las típicas camisetas de propaganda que todos tenemos por casa para hacer deporte o para dormir. No hay mejor pijama cuando aprieta el calor que una camiseta ancha y fina con la que pasearse por la casa… De hecho, hay quien las considera tendencia y hace poco, por ejemplo, Carrefour comercializó una línea con los emblemáticos logos de Pryca y Continente.

Las opciones para practicar una moda consciente son muchas y diversas. Pasan, asimismo, por sopesar la calidad e inclinar la balanza hacia ella en lugar de hacia la cantidad: menos prendas, pero mejores y más llevables. Las diferentes posibilidades permiten que cada cual escoja la que mejor se adapte a sí mismo. Todos nos vestimos cada día… solo es cuestión de hacerlo, cada día, un poquito mejor.

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