Nostalgia millenial: un viaje al pasado en plena era digital

No es casualidad que Los Serrano se reúnan para hablar de lo mucho que molaban cuando se emitían en Telecinco o de que la gente siga viendo en bucle Aquí no hay quien viva o Friends: la nostalgia no solo es un fenómeno individual, sino que también desempeña un papel importante en la cultura contemporánea.


Seguro que la mayoría de quienes lean este artículo y se consideren a sí mismos millenials y jóvenes habrán escuchado alguna vez la siguiente cita de uno de los grandes sabios del siglo XX, el babuino Rafiki en El Rey León: «El pasado puede doler, pero según lo veo, puedes o huir de él o aprender». Pues bien, de todas estas afirmaciones, la única cierta es que quienes lo leen son millenials, pero ya ni son tan jóvenes ni han aprendido demasiado del pasado. O, al menos, lo echan tanto de menos que recurrentemente vuelven hacia a él.

En un mundo donde la digitalización y la evolución constante marcan el pulso de la modernidad, los ya casi exjóvenes encuentran un refugio emocional en la nostalgia generacional. Desde la resurrección de programas televisivos emblemáticos hasta la reinvención de tendencias de moda de los años 2000, el millenial revive y reinterpreta su pasado de una manera singular y cautivadora. Como empeñado en no dejar que el tiempo decida pasar.

Entenderlo es tan complejo como el desarrollo mismo de una sociedad. Hay muchos aspectos que nos pueden ayudar a entender mejor por qué quienes han nacido entre 1981 y 1996 –ese es el rango de años más aceptado por los especialistas– siguen revisitando sus infancias y adolescencias tres o cuatro (y casi cinco) décadas después. La mayoría de esas cuestiones están íntimamente relacionadas con la propia forma de ser de la también llamada Generación Y, pero, igualmente, con factores externos.

No es casualidad que Los Serrano se reúnan para hablar de lo mucho que molaban cuando se emitían en Telecinco o que la gente siga viendo en bucle Aquí no hay quien viva o Friends. Son las llamadas series «series confort», aquellas a las que recurrimos cuando simplemente necesitamos desconectar y buscamos hacerlo con aquello que ya se conoce. Como volver con el ex del que guardas buena imagen, aunque el final de la relación fuese tan decepcionante como el sueño de Resines. Vuelves a ese recuerdo, pero ni la ropa les cabe a los personajes de la película que te habías montado. Ni a ti tampoco.

Ilustración: Alexis Herranz

«La generación millenial ha vivido su socialización primaria, es decir, su infancia, su primera adolescencia, con una promesa de bonanza económica, de desarrollo de los primeros años de la segunda globalización, que al final eran años de promesas de un futuro brillante que se han caído por la crisis», reflexiona Teresa Verdejo, socióloga. Además de las presiones económicas, los miembros de esta generación fueron testigos de un cambio sin precedentes en la tecnología y su relación con el mundo. Adoptaron rápidamente redes sociales, dispositivos móviles y otras herramientas digitales, pero esto también trajo desafíos únicos. Fans de las notificaciones verdes de Tuenti o los zumbidos del Messenger, hoy en día hay quienes dedican su actividad profesional a recuperar esos recuerdos y volcarlos en perfiles de Instagram, Twitter o TikTok.

«Mi tesis es que los millenials en realidad no son nativos digitales, puesto que tienen recuerdos de un pasado en el que no existía la tecnología o la digitalización, tal y como la entendemos ahora. Al final, nacieron durante la tercera revolución industrial que tiene que ver con todos los procesos de digitalización y ahora están siendo adultos durante la cuarta revolución industrial. Toda su vida adulta, lo que denominamos también socialización secundaria, viene marcada por esa inseguridad», señala la Verdejo.

En lo concreto, esta generación ha atravesado etapas vitales muy relevantes en lo sociológico y encara el mañana sin una ruta clara. «No hay una seguridad sobre el futuro porque en el futuro siempre hay cierta incertidumbre. Sus vidas adultas están marcadas por ella y por eso añoran especialmente los años de infancia y juventud», comenta Verdejo. «La nostalgia no es exclusiva de los millenials, pero sí es cierto que se ha usado mucho tanto en marketing como en comunicación política y ha demostrado ser bastante efectiva con esa generación».

De ese modo, se entiende que la nostalgia no solo es un fenómeno individual, sino que también desempeña un papel importante en la cultura contemporánea. Desde el resurgimiento de franquicias de películas y series de televisión hasta el renacimiento de géneros musicales populares, la nostalgia ha demostrado ser una fuerza poderosa en la industria del entretenimiento. Que les pregunten a C. Tangana o a Rosalía cómo se puede vender utilizando estilos que se consideraban caducos o reservados para eventos populares de segunda fila. También vemos por las calles a personas que se ponen la misma ropa de deporte que se ponían nuestros padres en los 90 y que generaba risas en casa. Ese es el poder de la nostalgia.

Una reinterpretación creativa del pasado

Como apuntan los expertos, este anhelo por tiempos pasados se manifiesta de diversas formas en la vida cotidiana de los millennials. Desde el mencionado revival de programas de televisión icónicos hasta el resurgimiento de estilos de moda vintage, esta generación abraza el pasado como un medio para entender y expresar su identidad en un mundo en constante cambio. Manuel Romero, periodista especializado en moda, agrega: «La nostalgia no es solo un regreso al pasado, sino una reinterpretación creativa de él. Los millennials adoptan estilos de moda del pasado y los reinventan para expresar su identidad única en la era digital».

Si se trata de entender fenómenos como las cuentas nostálgicas en redes sociales o como el citado C. Tangana ha conseguido que compres por el triple de su precio el chándal que se ponía tu padre para comprar el periódico, hay una explicación. «La nostalgia vende. Las marcas y los creadores comprenden el poder emocional de la nostalgia y lo utilizan para atraer a los consumidores y generar interés en sus productos y contenidos», comenta Romero.

«El tema de la recurrente vuelta de la moda a época pasadas no es tanto por nostalgia, sino debido a movimientos cíclicos vinculados el redescubrimiento de las tendencias y su renovación», añade el periodista. «La nostalgia en sí no es una tendencia –al menos masiva, porque siempre conocemos el caso de alguna persona cuyo look y personalidad se ha quedado anclada en algún momento del pasado–, sino que el hecho de repetir épocas y patrones se basa más en esos ciclos de tendencias».

En este sentido, está estudiado, apunta el experto, que la vida de una tendencia es cíclica, contando con cuatro fases en su trayectoria: ascenso, apogeo, declive y obsolescencia. «Este proceso tiene una duración aproximada de veinte años, por eso no es de extrañar que se repliquen conceptos ya vistos en épocas pasadas que parecen revivir, pero solo están siendo redescubiertas de nuevo, sorprendiendo con su actualización al que ya la vivió o conquistando a una nueva generación de personas que no pudieron disfrutarla en su momento».

En resumen, «la nostalgia millennial es más que un simple anhelo por tiempos pasados», reflexiona por su parte Teresa Verdejo. «Actúa como un puente entre el pasado y el presente, permitiendo a los miembros de esta generación encontrar un sentido de pertenencia en un mundo que a menudo se siente fragmentado y desconectado». En ese puente entre épocas hay quienes han decidido quedarse en el confort de sus recuerdos para no perderse en un mundo que parece desmoronarse bajo los pies de la Generación Y.

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