La moda, cíclica por naturaleza, siempre ha jugado al tira y afloja entre lo ajustado y lo holgado. Ahora, las formas anchas y los patrones envolventes, que no definen ni acotan el cuerpo, se han convertido en una norma de estilo juvenil en los últimos años: ya sea en la calle o en la oficina, abrazar la comodidad de una sudadera nunca fue tan fácil.
¿Sabe usted lo que es un millennial sock? La mayoría de los propios millennials, al menos hasta este verano, tampoco. Miles de personas envuelven sus pies en calcetines cortos cada día sin saber que están cometiendo un acto generacional. Uno, además, muy cercano a convertirse en un crimen de moda en ciertos espacios de internet. Es el residuo estético de una época, alrededor de 2010, en la que probablemente doblaban hacia arriba el bajo de sus pantalones, tan elásticos y ajustados que se adherían por completo a su silueta. Los pantalones pitillo, los leggings –y su versión vaquera, los jeggings–, las camisetas con el French tuck, –esa aparentemente descuidada manera de remeter solo un poco de la camiseta por dentro– y todas esas prendas y gestos de estilo que definieron el cool de la generación milénica son ahora una visión del pasado, además de carne de meme.
Aunque este asunto de las generaciones nunca consiste en una división tan cartesiana como se suele pintar, es cierto que las prendas que definen a la generación Z, la inmediatamente posterior, exhiben una juventud muy diferente en cuanto a silueta. Las formas anchas, los patrones holgados, envolventes, que no definen ni acotan el cuerpo, se han convertido en una norma de estilo juvenil en los últimos años. Desde las prendas deportivas más paradigmáticas, como el chándal y la sudadera, hasta los patrones de sastrería, heredados de la moda masculina, abrazan el formato oversized.
Si buscásemos su raíz, daríamos una causa multifactorial que ha devenido en la popularidad de estas tendencias que tanto contrastan con la de la década pasada. Patricia Moreno es periodista de moda y directora de Fashion Now, Máster en Comunicación y Marketing de Moda de Barreira Arte + Diseño de Valencia. Un espacio de aprendizaje e intercambio en el que entra en contacto con los intereses de esta nueva generación de profesionales del sector.
«Incluso el público más pijo tiene ya una marca de sudaderas de referencia»
Patricia Moreno, periodista de moda y directora de Fashion Now
Cuando se trata de encontrar referencias a las que anclar el origen de esta tendencia dominante, para ella es crucial hablar de aquellos agentes que han contribuido a dar una pátina lustrosa a las tendencias de la moda urbana que hasta hace no mucho eran significante de contracultura. «Aunque Kanye West haya dinamitado su popularidad, la impronta que ha dejado en moda es muy profunda», explica, advirtiendo de que el factor de la nostalgia juega sus cartas y, en este momento, mira a las siluetas de la moda asociada al hip-hop y a los deportes urbanos de los 80 y 90. «Al suyo se suman otros nombres que en los últimos diez años han sacado el streetwear del nicho y lo han elevado al concepto de deseo a través del lujo. Incluso el público más pijo tiene ya una marca de sudaderas de referencia. Esa confluencia entre la música urbana y la alta moda cada vez está más diluida en el mercado».
De la calle a la oficina
Moreno también se retrotrae a la pandemia, momento en el que algunos de los jóvenes de esta generación que hoy eligen estas prendas anchas alcanzaban la mayoría de edad y definían su identidad estética en un contexto de confinamiento y aislamiento. Otros factores, como la popularidad imparable de la moda que no se deja categorizar por género, también han dejado un poso importante en este devenir estético. Para Iria Domínguez, experta en comunicación de moda, la holgura tiene poco de laboratorio de tendencias y mucho de viralidad online. «Proviene directamente de la cultura del street style. De esas fotos de gente saliendo de los desfiles, pillados en la calle con sus looks. En este sentido, las propias influencers la originaron. Vestir un look oversized te hacía parecer, casi automáticamente, una persona interesada por la moda», defiende la experta.
Aunque las formas oversized traigan sentido de novedad a la ecuación de estilismo, que la ropa comunique una cierta energía de ruptura con la norma anterior ha pasado caso siempre. Fue en la década de los 50 cuando la juventud comenzó a escindirse, desde el punto de vista de mercado, como un público con criterios y motivaciones de compra propia. Y, por supuesto, la moda se convirtió en el principal elemento con el que performar esa ansia rebelde.
A María José Pérez Méndez, periodista de moda y cofundadora de Dmoda.io, una plataforma digital de divulgación de información del sector, no se le escapa el análisis histórico-antropológico de estas transformaciones en moda. «Existe un alejamiento de las líneas ajustadas que los millennials llevaron en la década de los 2010 en el momento del indie sleaze. Esto es una cuestión sociológica: los jóvenes no quieren vestir como sus mayores. Las micro estéticas actuales como la de las clean girls tienden mucho al oversized, y en España tienen un impacto importante en las marcas más jóvenes de streetwear que aspiran a un estilo más variado y elevado», explica la periodista.
En el auge de las prendas anchas se mezclan la nostalgia de la cultura hip-hop y la despreocupación de los looks de las estrellas con el ansia de los jóvenes que iniciaron su carrera laboral durante la pandemia por mantener su identidad en la oficina sin sucumbir al ‘corporate core’
Sin embargo, existe un factor mercadotécnico que, aunque menos evidente, también contribuye a que estas nuevas firmas puedan vestir a su público gracias a los patrones holgados. «Este gusto por el patrón amplio lo hace factible desde el punto de vista de negocio para firmas nuevas», argumenta Pérez Méndez. Dicho de otra forma, mientras los patrones ajustados precisan de mayor diversidad de talla para adaptarse a toda una variedad de cuerpos, los oversized pueden vestir satisfactoriamente a mayor rango de personas sin tanta variedad de tallaje, ahorrando costes de producción.
Puede que haya sido ahora, con la generación Z ocupando más espacio en el mundo laboral, cuando las siluetas holgadas hayan sido más perceptibles para los analistas de tendencias. Mientras que al vestuario de oficina siempre se le han asociado unas formas algo más ceñidas, el contraste de la sastrería oversized que reina ahora explica algo del espíritu del tiempo. «Nace de pretensiones de rebelión, como toda moda joven. Rompen así con el corporate core, hay un mensaje de rebeldía, de no querer renunciar a tus valores por entrar en una compañía», explica Patricia Moreno, que encuentra en las generaciones más jóvenes la voluntad de desligarse del espacio de trabajo como elemento identitario.
De una manera u otra, y no solo entre los más jóvenes, los patrones anchos se han convertido en sinónimo de modernidad y de interés por la moda. Han logrado redefinir el cool de una época, dando un vuelco de 180 grados a la brújula de tendencias de la década pasada. Incluso ahora, cuando el horizonte de la moda anuncia la llegada de una nueva norma de moda preppy –siluetas estructuradas, colores pastel, prendas básicas, estampados de cuadros y bordados–, los patrones anchos navegan sus posibilidades para seguir vigentes en el universo altamente cambiante de las tendencias.


