Pensar el agua: diseño de soluciones contra la escasez

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A nivel global, cualquier cifra que se dé sobre el agua es preocupante y, aun así, apenas sirve para imaginar un futuro donde esta sea cada vez más escasa. Desde el mundo del diseño se plantean algunas propuestas rompedoras para intentar evitar que ese mañana se haga realidad.


Si golpeas un huevo, se rompe. Si tocas una pompa de jabón, estalla. Si abres el grifo, sale agua. O no. De hecho, aunque para nosotros esas tres premisas sean casi verdades universales, más de 2.000 millones de personas hoy solo pueden comprobar dos de ellas. Y se espera que, para 2025, la cifra sea aún mayor debido a la contaminación y a otros problemas derivados de la emergencia climática, que a su vez generarán tensiones sociales que ya se pueden percibir en las zonas donde el agua no abunda. Como todas las situaciones de esa envergadura, intentar acabar con la escasez no es una tarea sencilla y requiere de la colaboración de muchas personas y muchas entidades en muchos lugares diferentes. Sin embargo, existe un factor clave que puede ser crucial para aliviar un poco la situación: el diseño.

Miles de diseñadores, tanto a nivel nacional como internacional, se están dejando la piel para aportar soluciones creativas e ingeniosas, aportando esa chispa de imaginación que siempre ha marcado la historia de los grandes y pequeños inventos. Algunas de estas ideas se recogen en la exposición Dulce Agua. Ideas para un futuro de escasez, que puede verse hasta el 21 de agosto en el CentroCentro de Madrid.

Aunque la concienciación tiene un peso importante en los proyectos que componen esta muestra, los más interesantes son los que se ponen manos a la obra y, con un carácter decididamente práctico, proponen remedios originales para conseguir agua incluso en áreas remotas en las no solo escasea el agua, sino también la electricidad.

Un ejemplo perfecto de ello es el prototipo Solar bottle, ideado por los diseñadores españoles Francisco Gómez Paz y Alberto Meda. Se trata de una botella que, al exponerse al sol durante unas seis horas, consigue que los patógenos del agua se destruyan, convirtiendo el agua contaminada en agua potable. El dispositivo, con cuatro litros de capacidad, cuenta con una cara transparente que capta rayos infrarrojos UV-A+ y otra de aluminio para aumentar los reflejos. Nada en su diseño es casual: por ejemplo, su forma plana y apilable facilita su almacenamiento y, de paso, aumenta la superficie para que impacten los rayos del sol, mejorando así el rendimiento y la capacidad de desinfección de la botella.

En la misma línea trabaja el purificador de agua Eliodomestico, diseñado por Gabriele Diamanti, una especie de horno construido a partir de tres piezas de cerámica que transforma el agua salada en agua potable. Funciona con energía solar y, con ocho horas de luz, es capaz de producir hasta cinco litros de agua fresca al día. Además, el recipiente en el que se recoge el líquido elemento también está diseñado para que sea fácil llevarlo sobre la cabeza, un método que aún es muy común en algunos países de África.

Eliodomestico, de Gabriele Diamanti.

Sin embargo, además de este tipo de soluciones enfocadas en el individuo, en la exposición también se trabajan otras para dar respuesta a los problemas de las diferentes comunidades. Así, el Solar distiller de Henry Glogau es un destilador de agua solar que parte de ideas y materiales sencillos para generar un impacto más grande: una lona de plástico de dos capas que se monta sobre una estructura simple de bambú puede generar hasta 18 litros de agua al día.

Este es un ejemplo perfecto de la biomímesis, la imitación de la naturaleza en el campo del diseño de soluciones, pues reproduce el ciclo del agua —evaporación, condensación y precipitación— a pequeña escala. Para poner el proceso en marcha, se vierte agua de mar o agua potable contaminada en la capa inferior del dosel, fabricado con un plástico que absorbe el calor y que se calienta gracias a la luz solar que recibe durante todo el día. Esto ayuda a que el agua pura se evapore mientras que la sal, los patógenos y otros contaminantes se quedan en el recipiente, ya que son demasiado pesados para irse con el agua. Después, en lugar de liberarse en el aire, el vapor de agua limpia se condensa en gotas en la capa superior de plástico del mismo dosel, agujereada con microrranuras inspiradas en la estructura de las hojas que canalizan el agua hacia el centro del mismo, donde cae en un embudo y se recolecta. El ciclo finaliza en un grifo situado en la parte inferior de la marquesina o en un tanque donde se almacena el agua dulce para que los usuarios puedan acceder a ella.

Solar distiller, de Henry Glogau.

Además de ideas ingeniosas enfocadas en afrontar los problemas de escasez cuando no hay fuentes de agua potable, otras de las propuestas se dirigen a cuestiones más pragmáticas cuando estas sí existen, pero están demasiado lejos de las poblaciones. En Kenia, por ejemplo, es habitual que grupos de mujeres, niños y ancianos tengan que recorrer varios kilómetros cada día para recoger los litros que necesitan para abastecer a la comunidad. ¿Y si una sola persona pudiese realizar esa tarea? Pettie Petzer y Johan Jonker se lo plantearon para crear el Hippo Water Roller, un invento con el que un solo individuo puede acarrear sin esfuerzo unos 90 litros de agua, la cantidad que consume una familia de cinco a siete personas durante una semana.

Hippo Water Roller, de Pettie Petzer y Johan Jonker.

Aunque la escasez afecta, sobre todo, a países lejanos y en vías de desarrollo, la innovación que recoge la exposición también es aplicable a entornos urbanos más cerca de nosotros. El robot Dryver Mobile Cloud Service, diseñado por el Studio Ronnenberg, utiliza técnicas de condensación capaces de producir agua a partir del aire, y es capaz de desplazarse por la ciudad y proporcionar agua recién generada a los transeúntes. Estos pueden interactuar con la fuente móvil a través del reconocimiento de voz y, a cambio del agua, solo les pide que carguen las baterías girando la manivela que tiene en uno de sus laterales. ¿Qué menos que eso, si a cambio tenemos ideas que calman nuestra sed de futuro?

Dryver Mobile Cloud Service, de Studio Ronnenberg.

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