Hace unas semanas, caminaba entre los primeros brotes verdes de uno de nuestros proyectos de reforestación en Teruel. Allí donde hace cinco años había tierra seca y sin vida, ahora empiezan a crecer encinas y plantas aromáticas. Poco a poco, vuelve el zumbido de los insectos y el canto de algunos pájaros. Este no es solo un proyecto de reforestación o compensación de carbono. Es una forma de reconstruir futuro.
Porque la visión de Retree no es solo plantar árboles. Regeneramos ecosistemas: restauramos suelos, protegemos cuencas hídricas, devolvemos alimento y refugio a la fauna silvestre, generamos empleo rural y fortalecemos el tejido social de zonas despobladas. En cada hectárea rehabilitada no solo vuelve la vida vegetal, también lo hace la animal y, sobre todo, la humana.
Según el Foro Económico Mundial, el 55% del PIB mundial depende de los servicios ecosistémicos que nos presta la naturaleza: agua limpia, suelos fértiles, clima estable, polinización, materias primas vegetales y animales, entre otros.
Sin embargo, estamos perdiendo esa base. La biodiversidad global cae a un ritmo sin precedentes: más de un millón de especies de animales y plantas desaparecerán en los próximos 30 años. Esta crisis no es solo ambiental. Es económica. Es empresarial.
Sin suelos sanos peligra nuestro alimento, la filtración del agua o la calidad del aire. Esa capa de vida invisible que pisamos sin pensar alberga más del 25% de la biodiversidad global, según la FAO. Una sola cucharada de suelo fértil contiene más organismos que el total de seres humanos que poblamos la Tierra.
Y cuando el suelo se degrada, se vuelve compacto y menos poroso. Pierde hasta el 90% de su capacidad de retención hídrica. Según WWF, la península ibérica es la región europea con mayor riesgo de desertificación. En el caso de España, este alcanza hasta el 75% de nuestro territorio.
«Allí donde la vida vuelve al suelo, también vuelve a las comunidades»
Por si no tuviésemos suficientes motivos para proteger nuestros suelos, hay otro dato: absorben hasta el 30% de las emisiones globales de CO2. En los primeros 30 centímetros se almacena casi el doble de carbono que en toda la atmósfera. Sin suelos vivos no hay futuro climático posible.
En cuanto a nosotros, los humanos, el problema va más allá del campo. Muchos sectores clave -textil, cosmética, farmacéutica, agroindustria- dependen directamente de la biodiversidad. Más del 50% de los medicamentos actuales incluyen derivados de plantas, animales o microorganismos. La degradación de hábitats también facilita la propagación de enfermedades.
Proteger la biodiversidad no es filantropía corporativa. Es una decisión estratégica que exige pasar de modelos productivos lineales a modelos regenerativos y transformar cadenas de valor: no basta con reducir emisiones; hay que restaurar los ecosistemas.
Actualmente, la nueva Directiva CSRD obliga a las empresas a realizar un análisis de doble materialidad. Para muchas ha sido una sorpresa que la biodiversidad, alejada de sus prioridades, sea un tema material con grandes riesgos. Además, el estándar ESRS E4 obliga a reportar impactos, dependencias y riesgos financieros vinculados a la biodiversidad.
Se trata, en resumen, de un nuevo marco que exige analizar el ciclo de vida: desde el origen de materias hasta las buenas prácticas de los proveedores en cuanto a impactos sobre los ecosistemas.
Por eso, en Retree trabajamos con empresas que ya han entendido este cambio y quieren regenerar ecosistemas, proteger acuíferos, crear empleo rural y devolver resiliencia a territorios olvidados, exigiendo datos fiables y trazables sobre su impacto.
Como parte de este trabajo llevamos años perfeccionando nuestro algoritmo de medición -toneladas de CO2 capturadas, beneficio hídrico, superficie restaurada…-, e incluso hemos ido un paso más allá: nuestro departamento de innovación colabora con la Universidad Autónoma de Madrid y la Politécnica para crear métricas de evolución de biodiversidad y salud ecosistémica. Porque lo que no se mide, no se mejora. Y porque no se trata solo de plantar, sino de regenerar y sostener.
Lo hemos visto con nuestros ojos: donde la naturaleza vuelve, también lo hace la esperanza. Vuelven las abejas, los pájaros, los cultivos y la energía de una comunidad que recupera empleo, sentido y arraigo. La biodiversidad no es un lujo, es la base invisible de todo lo que damos por hecho. Cuidarla no debería ser opcional. Es una oportunidad sin precedentes para repensar nuestras cadenas de valor, reducir riesgos, innovar con propósito y crear alianzas que construyan un futuro común.
Leticia Pérez Lobón es General Manager de Retree.


