Respirar el mar: la apnea como puerta a la con(s)ciencia

Los deportes marinos están en pleno despegue. Cada vez somos más los que nos lanzamos al agua en busca de aventura y calma, forjando una conexión íntima con el océano que nos hace apreciar todo lo que podemos perder si no lo cuidamos. El caso de la apnea, que no deja de ganar adeptos, es aún más evidente: contener el aliento y vivir el silencio absoluto bajo el agua es un reto para el cuerpo y la mente que nos acerca a lo más profundo.


Descubrí la apnea sin buscarla. Ella me encontró.

En un momento de mi vida en el que necesitaba sanar por dentro y reconectar con algo más grande que yo misma, el océano me abrió una puerta. Fue una conexión tan visceral como silenciosa.

Respirar, contener el aliento y sumergirme me hicieron sentir, por primera vez en mucho tiempo, completamente presente. Empecé así un camino de autodescubrimiento profundo que me llevaría a alcanzar los 108 metros de profundidad con una sola inspiración. 

Desde entonces he hecho entre 7.000 y 8.000 inmersiones. Cada una de ellas ha sido un viaje único -no solo hacia el fondo del mar, sino hacia mi propio centro-. Porque la apnea no es solo un deporte: es una manera de estar en el mundo. En ese silencio absoluto bajo el agua aprendo cada día a soltar el control, a confiar en el cuerpo y a acoger con humildad lo que viene. Me ofrece salud física, claridad mental y una reconexión espiritual con la vida.

Mi récord de apnea estática es de 6 minutos y 40 segundos, pero lo que más valoro no son las marcas, sino los momentos de presencia total. Como el día que rompí por primera vez la barrera simbólica de los 100 metros. Lloré al salir a la superficie por todo lo que había dejado atrás para llegar allí: miedos, creencias limitantes, autosabotajes y muchas noches en vela conciliando entrenamientos con mi maternidad.

Sí, también soy madre y mi hija Lea ha estado a mi lado desde que empecé a formarme como instructora hasta las primeras competiciones internacionales. Hemos compartido viajes, entrenamientos, sesiones de yoga y risas en la orilla. Ella ha aprendido a respirar conmigo y yo he aprendido a respirar para ella.

Desde hace un tiempo, es cierto, no puedo llevarla conmigo a las competiciones por falta de recursos. Eso nos ha distanciado un poco y estoy en un momento en el que quiero que nos reencontremos. Es parte de mi lucha como mujer deportista, que también tiene que ver con esto. ¿Cómo se compagina la alta competición con una maternidad consciente?

El abrazo azul

A pesar de que es un deporte que cada vez cobra más adeptos, todavía hay muy poco reconocimiento para la apnea como disciplina, y menos aún para quienes la practicamos desde una mirada femenina, cuidadora, respetuosa. No existe apenas apoyo institucional.

Pero sí sobra la pasión y la entrega de una comunidad que crece cada día. Aquí, en Canarias, estoy rodeada de mujeres apneístas jóvenes con una fuerza impresionante: entrenamos juntas, compartimos experiencias, nos apoyamos. Queremos llevar la apnea femenina a lo más alto, sobre todo en los campeonatos del mundo, y tenemos talento para hacerlo. Solo necesitamos un poco más de visibilidad y oportunidades.

«El océano me ha devuelto a mí muchas veces»

Por eso uno de los proyectos que más me ilusionan en este momento son los retiros de yoga y freediving que organizo en la naturaleza y que nacieron de forma orgánica como sumatorio de mis dos pasiones: el cuerpo y el mar.

Toda una vivencia que une respiración, movimiento, escucha interna y conexión con los elementos: practicamos yoga al amanecer, exploramos los fundamentos del pranayama y la apnea consciente y nos sumergimos en aguas protegidas con respeto y atención plena. Son retiros transformadores, tanto para quienes se inician como para quienes buscan ir más allá del rendimiento deportivo.

Muchas personas se acercan a la apnea buscando algo que no saben nombrar del todo. Lo entiendo perfectamente, porque a veces no se trata de batir un récord, sino de recordar cómo se siente el cuerpo cuando no hay distracciones, cuando el tiempo se detiene. Es ahí donde este deporte, apto para todos los cuerpos, edades y niveles, enseña a habitar el presente y el entorno. Y en un mundo tan lleno de ruido, eso es un acto revolucionario.

La apnea no es un deporte elitista, sino un arte antiguo de estar con uno mismo y escuchar la sabiduría del cuerpo y del mar. Por eso me alegra ver que cada vez cobra más protagonismo. En los últimos años, yo misma he contestado a entrevistas en medios y participado en pódcasts sobre el tema y, aunque me cuesta a veces hablar de mí, sé que es importante porque cuanta más gente conozca este camino, más puertas abrimos para quienes vienen detrás.

Porque el océano me ha devuelto a la vida, me ha devuelto a mí muchas veces. En esta década en la que se celebra su valor y su belleza, quiero devolverle un poco a través del respeto, de la divulgación, de la enseñanza y de este testimonio. Agradecerle su inmenso y eterno abrazo azul.


Laia Sopeña es apneísta profesional, instructora de apnea y yoga y vicecampeona del mundo en apnea outdoor. Descúbrela aquí.

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