Si no paras, no creas

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Decía Albert Einstein que la creatividad es la inteligencia divirtiéndose y, en tiempos como estos, cada vez es más difícil dejarle espacio para que juegue: la hiperestimulación y el afán de productividad permanente dejan poco espacio al descanso. O, al menos, al espacio libre de culpa… y, sin él, nuestro cerebro se queda sin pilas.

La creatividad no es solo pintar, hacer música o crear cualquier tipo de arte. Es buscar soluciones innovadoras y pensar fuera de la caja, y te abre la puerta a mundos nuevos en cualquier área, personal y laboral. Si permanentemente vivimos entre la agitación y la prisa, tomaremos ese entorno hiperrevolucionado como algo habitual, olvidaremos cómo es vivir en calma y no buscaremos la forma de volver a ella.

«Cuando asumimos el derecho a descansar, hacemos del descanso algo gratificante y si lo practicamos de día en día y año tras año, estamos haciendo que nuestra vida sea más rica y placentera», escribe Alex Soojung-Kim Pang en el libro  Descansa, produce más trabajando menos. Sin embargo, a veces la presión social, nuestro trabajo o las propias creencias que nos hemos impuesto nos hacen ser incapaces de parar.

Ya en los años noventa, varios estudios neurocientíficos apuntaban a que nuestro cerebro posee una Red Neurona por Defecto (RND), un conjunto de regiones que se activan cuando este se encuentra en reposo, y descubrieron que incluso entonces no se encontraba para nada inactivo. Si sabemos que nuestra mente sigue funcionando incluso cuando parece que estamos parando, podemos ayudarla a refrescarse, sobre todo en estos meses: desconectar de la tecnología, reconectar con la naturaleza, dedicar el tiempo a aficiones que no tengan nada que ver con el trabajo…

Crear nuestros propios espacios y rutinas de desconexión es importante para cuidar nuestro bienestar y nuestra salud mental. Si lo hacemos, seremos más felices… y la creatividad nos lo recompensará. Puedes leer más en este artículo de  Judit Sánchez Torner  en Yorokobu.

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