Desde Igluu Magazine queremos recomendar Terrafilia. Más allá de lo humano en las colecciones Thyssen-Bornemisza, cuya inauguración tuvo lugar el 1 de julio y permanecerá abierta al público hasta el 24 de septiembre.
Somos conscientes del alivio y la trampa que supone el aire acondicionado. Lo buscamos para crearnos una falsa sensación de oasis frente a la bocanada ardiente de las calles. Pero una vez en esos lugares, qué menos que prestar atención a lo que nos ofrecen. Qué menos que tomar conciencia de otros oasis, como la pintura y las artes plásticas, que se aparecen ante nuestros ojos para olvidar el mundo durante un rato y volver a él con la perspectiva renovada.
La exposición Terrafilia, comisariada por Daniela Zyman, es la apuesta que el TBA21 ha hecho para la temporada estival que termina. Un recorrido de cinco siglos a través de su mezcla de lienzos, esculturas, instalaciones y videoarte, para que el público sienta lo estimulante de todas las disciplinas a la hora de expresar una misma premisa: la relación de la humanidad con la Tierra a través de una mirada filosófica y ecológica.

Respecto a las anteriores coordinadas por el TBA21, esta es una exposición temporal que no se presenta como una idea conceptual de un solo artista expandida según sus posibilidades, sino como un catálogo de obras que están conectadas por lo real y maravilloso que albergan las diferentes perspectivas sucedidas a través de las épocas. Pasando del óleo al objeto diseñado, de la pantalla al tapiz, Terrafilia busca la interacción continua del individuo con la multitud de organismos y paisajes que lo rodean. En la primera de sus seis salas, encontramos ese cuadro de Martin Johnson Heade, Orquídea y colibrí cerca de una cascada de montaña (1902), que puede servirnos de apertura para las apreciaciones que seguirán y se agrandarán una vez comencemos el itinerario. Una síntesis de delicadeza, investigación y conmoción de los sentidos.
Las obras firmadas por reconocidos nombres como Joachim Patinir, Wassily Kandinski, Franz Marc, Georgia O’Keeffe, Natalia Goncharova, se suman a las de contemporáneos como Diana Policarpo, Daniel Otero Torres, Sissel Tolaas o Daniel Steegmann. Una prueba más de la aproximación perenne que permite el tema y el repaso que hacen a las preguntas que se plantean al visitante: ¿Qué hemos hecho de este mundo? ¿Somos capaces de admitir y gestionar el potencial, normalmente malgastado, de los bienes naturales? ¿Qué papel jugamos en la naturaleza? ¿Cuál es el alcance de nuestro reflejo en ella? Lentamente, pasando de una sala a otra, cada uno deberá adaptar su conocimiento a favor de una línea de pensamiento que integre a lo colectivo de cara al futuro. Se evita el mal presagio, igualmente. No es una exposición tremendista, está muy lejos de la óptica deprimente en la que es tentador caer cuando se abordan estos temas. Si un tipo de carácter recorre Terrafilia, es aquel que intenta el gesto más comprometido con los recursos y el patrimonio planetario.

La decisión puede ser complicada, pues el nivel es alto, pero si hubiera que destacar dos espacios que sobresalieran, uno escogería los espacios El arte de los sueños y El retorno del tiempo de los mitos. La unión de los ritmos terrenales y oníricos tiene una secreta conexión con la presentación de un mundo —el nuestro, el actual, aunque también podría valer para otros periodos históricos— en el que su realidad se ha visto tambaleada por la exclusión, el colonialismo o la explotación, y necesita de esa fuerza ajena, extrasensorial, que disuelva y allane la brutalidad, devolviéndonos a una identidad que parecía extraviada sin su añadido mitológico, es decir, sin su apariencia de estar viva.

¿Cuáles son los límites? La duda queda resonando una vez se ha finalizado la visita. Está el Mundo y estamos Nosotros, y nos movemos en ese denominado ‘Mundo-Barco’, como lo describe el artista franco-martiniqués Malcolm Ferdinand, en el que todos nos hallamos compartiendo nuestras existencias pero creando a su vez un clima de injusticia y desigualdad. Terrafilia tiene a bien abrazar la pluralidad de seres y especies y cosmogonías entrelazadas entre unos y otros. El sueño dentro del sueño, por muy raro que suene, cuya materialización sí que es posible.
A modo de guinda, la exposición contará con un programa público, Festival Terrafilia, diseñado en colaboración con el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, y que tendrá lugar entre el 19 y el 21 de septiembre. A lo largo de esos tres días, se reunirá una constelación de artistas, pensadores e investigadores para, a través de charlas, proyecciones, conciertos y performances, proponer nuevas formas de vincularse con el planeta. Una cita ineludible.



