¿Qué significa mirar una obra de arte en un momento dominado por pantallas, velocidad y estímulos constantes? ARCO2045 plantea esa pregunta en su 45º aniversario y propone una respuesta sencilla: detenerse. En Igluu asistimos al último fin de semana de la feria para recorrer algunos de los stands que mejor encarnan esa invitación a volver a observar desde la calma.
En un mundo que se siente acelerado, pararse a mirar una obra de arte sin que aparezca una pantalla dividida con un gameplay debajo —un formato muy común en redes en el que un vídeo explicativo se divide en dos partes; el vídeo original arriba y las imágenes de una partida de algún videojuego, normalmente Minecraft o Subway Surfers, para mantener la atención del espectador con movimiento constante— puede resultar un ejercicio agotador. Estamos tan acostumbrados a la gratificación instantánea que el silencio y la calma de una pieza se hace casi raro.
En este contexto de atención fragmentada, ARCO, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid, celebra su 45º aniversario bajo el título ARCO2045: el futuro, por ahora – Por Estudio Angela Juarranz. Frente a la tentación de imaginar un mañana hipertecnológico, saturado y negativo, la feria nos propone un ejercicio de presencia: nos lleva a pensar que lo que está por venir no es un lugar al que llegamos, sino algo que se está construyendo aquí y ahora.
Este fin de semana, he querido descubrir con mis propios ojos esa propuesta de recuperar la mirada única que ha preparado la feria por dos pabellones mediante un efecto déjà-vu, un juego de espejos y telas que se mezclan con alguna nostalgia suelta. Como la que desprende la obra de Dave McKenzie, un ejemplar de un periódico de ayer que funciona como una suerte de bola de cristal, una forma de adivinar el futuro leyendo el ayer.
Primera parada: Proyectos Ultravioleta
Si el futuro es un lugar que se construye desde la presencia, la galería guatemalteca Proyectos Ultravioleta ha dado en el clavo. Galardonada con el Premio Lexus al mejor stand, su propuesta se aleja de la frialdad blanca para abrazar una calidez que se siente casi doméstica. La galería ha logrado lo que parece imposible en el bullicio de una feria: activar un espacio donde la geometría traslúcida de Amalia Pica convive con el arte textil de Claudia Alarcón y el colectivo Silät.
Proyectos Ultravioleta pone sobre la mesa una apuesta decidida por el arte latinoamericano y su capacidad de generar códigos comunes en un momento de absoluta falta de entendimiento global. Es, en esencia, una reivindicación del esfuerzo de la identidad propia. Un lugar de encuentro y resonancia.

Segunda parada: El Apartamento
Esa misma precisión nos conduce al stand de El Apartamento, una de las propuestas más celebradas y magnéticas de esta edición. La galería, que conecta constantemente las escenas de La Habana, Madrid y Miami, ha sido el escenario de reconocimiento de Los Bravu, ganadores del Premio de Arte Joven de la Comunidad de Madrid.
El dúo formado por Dea Gómez y Diego Omil vuelve a demostrar por qué su pintura es una de las más magnéticas del panorama actual. Una mezcla de herencia clásica y costumbrismo contemporáneo que hace detenerse en cada detalle. En sus lienzos, el Renacimiento se encuentra con la estética de nuestra generación, creando un lenguaje que se siente atemporal pero profundamente actual. Es una pintura de ejecución minuciosa, alejándose de lo efímero para apostar por una permanencia que se siente casi arqueológica.
Junto a ellos, el stand de El Apartamento logra que cada pieza respire. Es una apuesta por el rigor y la delicadeza técnica que nos recuerda que, a veces, no se necesitan grandes artificios, sino simplemente una ejecución limpia y delicada que te invita a mirar con detenimiento.

Tercera parada: LEVY
El recorrido nos lleva a la galería LEVY, con una trayectoria en ARCO casi tan extensa como la propia feria. Una galería con sede en Madrid y Hamburgo que apostó por la obra de Daniel Spoerri.
Daniel Spoerri y sus célebres “mesas” capturan un instante preciso de la existencia. Estos bodegones tridimensionales fijan para siempre objetos cotidianos como platos, restos de cacahuetes, cubiertos desordenados… en una especie de fósil doméstico. Al cambiar su disposición y presentarlas en vertical, Spoerri nos obliga a jugar con la gravedad y a enfrentarnos a una forma de ver una mesa bastante inusual: en un plano cenital (y muy estético). Nos ofrece el rastro físico, el caos y la huella de una vida que se detiene para ser observada.
Estas muestras de lo cotidiano funcionan como una pausa de la dimensión espacio-temporal. Es como si alguien hubiera dejado de comer de golpe y su mesa hubiese sido teletransportada directamente a ARCO. En un presente de platos precocinados y prisas, estas piezas nos recuerdan que tener tiempo para comer y para decorar tu mesa es un arte.

Cuarta parada: House of Chappaz
El recorrido da un giro hacia lo insurgente en el stand de House of Chappaz. Bajo el título Myths and Monsters, la galería propone un «aquelarre contemporáneo» que utiliza la figura de la bruja y lo monstruoso como espacios de resistencia feminista y queer. Es una apuesta que huye de lo normativo para reivindicar el cuerpo que no encaja.
En este ecosistema, el mito deja de ser una fábula lejana para convertirse en un dispositivo vivo, una herramienta para leer el presente desde la desobediencia simbólica. Aquí el monstruo no es una amenaza, sino el signo de quien se sale de la norma. Bajo este paraguas se despliega una selección de artistas que parecen invocar sus propios conjuros. Fito Conesa transforma lo íntimo en ritual, mientras Antonio Fernández Alvira utiliza esculturas para desarmar la estética del poder.

La muestra se completa con la estética de lo vulnerable de Carmen Ortíz Blanco, que eleva lo táctil a gesto político, y las ficciones críticas de Eli Cortiñas, donde el género y el deseo se revelan. En este aquelarre, Raisa Maudit convierte la contracultura queer en un arsenal de resistencia, Diego del Pozo Barriuso traza mapas afectivos contra el olvido y Anna Moreno contamina el tiempo con espacios de ficción no muy lineales. Finalmente, la abstracción de Vicky Uslé cierra el círculo con formas orgánicas que respiran como criaturas autónomas, suspendidas entre lo real y lo fantástico.
En House of Chappaz, el arte no es solo un objeto de contemplación, sino un lugar de símbolos que se despliega en un stand bañado por un morado envolvente. Este tono, que impregna el espacio de una mística feminista, refuerza la idea de que siempre existe otra manera de habitar el mundo: desde la desobediencia.
Y por último: Gregor Podnar
La galería Gregor Podnar nos transmite esencia. Mantiene su apuesta por el rigor conceptual donde los espacios tienen tanto valor como la obra. Franz Kapfer rompe este silencio espacial con la potente carga simbólica de su obra. El artista austriaco vuelve a tratar y diseccionar los temas de poder e historia, pero lo hace desde la materialidad absoluta.
Destacan sus piezas creadas a partir de botellas de plástico de colores. Son elementos de uso cotidiano, industrial y desechable que Kapfer transforma en estructuras que recuerdan a elementos arquitectónicos o trofeos de un pasado que hoy se percibe fragilizado y precario. Al utilizar este material, el artista genera un choque directo, la estética «barata» y sintética del plástico colisiona con la supuesta eternidad de nuestros mitos e historias.
Nos invita así a mirar estas formas no como basura, sino como una especie de alfabeto de colores que reclama (y consigue) una atención plena y crítica. En el stand deGregor Podnar, la obra de Kapfer convierte el plástico en una lente a través de la cual observar la fragilidad de nuestra construcción de historia.
Creemos que ahí está la verdadera propuesta de ARCO2045. Detenerse. Mirar una mesa, reescribir un mito o convertir un objeto cotidiano en símbolo para huir de la tentación del consumo rápido de arte. El futuro también podemos (y debemos) construirlo teniendo tiempo para mirar la pantalla completa.



