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Verde que te juego verde

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Hace años que los más jóvenes ya no quieren ser rockeros o futbolistas. Si los gamers y el sector de los videojuegos son tendencias al alza, también lo son el impacto positivo dentro de los equipos de esports y las narrativas atractivas para concienciar a los más jóvenes y transmitir valores de activismo medioambiental.


Final Fantasy VII tiene lugar en un mundo alternativo. Hay magia, brujería, un dragón zombi –sí, Juego de tronos no fue tan original– y un villano que es al mismo tiempo un experimento genético y un alienígena. No es lo que se dice un juego realista, pero tiene ciertos elementos que pueden recordarnos a nuestro mundo. Los héroes pertenecen a un grupo ecoterrorista que revienta centrales eléctricas. Luchan contra una megacorporación que está sobreexplotando el planeta, generando graves daños ambientales. Es, en el fondo, un relato ecologista.

Final Fantasy VII –tanto su versión original del 97 como su reciente remake– es un ejemplo de una corriente más amplia, la de videojuegos con conciencia verde. En los últimos años han sido muchos los títulos que han incluido el cambio climático en la narrativa o, incluso, en sus mecánicas jugables: Cities Skylines, Civilization VI, Alba, a wildlife story…

Todos estos son ejemplos de juegos de masas, pero es fuera del mainstream donde los juegos verdes han explotado. Muchos de ellos se presentan en Games for Change, un festival de videojuegos que apuestan por concienciar respecto a distintas problemáticas. Aquí los villanos no son alienígenas o zombis, sino males más costumbristas como prejuicios, monopolios o gases contaminantes. Es allí donde se presentó BBC Earth: Life in VR, una apuesta por hibridar los documentales de naturaleza de la cadena inglesa con los videojuegos en realidad virtual. También se presentó (y arrasó con los premios) Walden, a game un título que pone al jugador en la piel del escritor naturalista Henry David Thoreau durante su estancia de dos años en una cabaña en Walden Pond. Pero no solo los juegos narrativos tienen potencial para transmitir valores de respeto por la naturaleza.

Esports y ecologismo

Con más de 2.700 millones de jugadores en el planeta y una audiencia de 436 millones de usuarios en 2020, los esports son más que un espectáculo. Las competiciones de videojuegos generan, aproximadamente, 947 millones de dólares al año. Estas cifras triplican las generadas por la FIFA en 2020. Sin embargo, el impacto más grande que está teniendo este nicho en las nuevas generaciones no se puede cuantificar.

«Creo que es una de las formas más fáciles de conectar con la audiencia joven», explica Antonio Pérez Mata, responsable de impacto positivo en Kawaii Kiwis, un equipo de esports semiprofesional. «Parte de los millennials, los zetas y la gente aún más joven… ya no están en los medios tradicionales. Así que si quieres dar relevancia a temas importantes, utilizar nuevos canales para la recaudación de fondos o concienciar a las nuevas generaciones, tienes que estar aquí». Pérez Mata cree que puestos como el suyo serán cada vez más comunes en el mundo de la competición reglada de videojuegos. Y explica cómo, al final, se está popularizando una lucha interseccional. «Hay clubes que están empezando a hablar de impacto social, impacto positivo, igualdad de oportunidades para las mujeres… Pero es verdad que en temas de sostenibilidad con foco medioambiental aún no hay mucho desarrollado».

Gente como él se está empeñando en cambiar esta realidad. Pérez Mata está dando forma, junto a su compañero Javier Calvo, a VideojuegODS, un movimiento de divulgación para agrupar, promover y desarrollar iniciativas relacionadas con la agenda global a través de los videojuegos que se enmarca dentro de GaImpact, un proyecto mayor con el que quieren acercar el impacto positivo en términos socioambientales al sector de los videojuegos y los esports. «Es una plataforma web de libre acceso donde publishers, clubes, creadores de contenido, marcas y jugadores interactúan para conectar de forma original, recaudar fondos para proyectos y generar impacto positivo». Pérez Mata cree que los videojuegos tienen potencial para ayudar en la lucha contra el cambio climático. Para financiar proyectos, pero sobre todo para difundir, explicar y concienciar.

En su reciente ensayo, Elegía para las estaciones de un país, la escritora Zadie Smith sostiene que el relato del calentamiento global necesita potenciar su parte emocional. Tenemos la jerga científica para describir lo que sucede a nuestro alrededor, hay un relato político y un señalamiento social a las empresas más contaminantes, «pero apenas hay términos íntimos». El relato cultural, cree la autora, es la forma de construirlos. Y los videojuegos, como formato cultural revolucionario de la modernidad digital, no se pueden quedar fuera.

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