Sylvia

Sylvia Earle: Reina de los mares

A sus 90 años, la oceanógrafa más influyente del mundo sigue sumergiéndose en las profundidades del planeta para recordarnos algo esencial: necesitamos océanos vivos. Pionera en la exploración marina y activista incansable, su vida sigue estando dedicada a la exploración de los mares con una ambiciosa meta: que al menos el 30% del océano esté protegido en 2030.


«Ahora entiendo por qué la llaman Her Deepness (la Dama de las Profundidades). No es porque haya pasado más de 7.000 horas bajo el agua: es porque cada una de sus palabras es tan significativa que consigue que cualquiera quiera salvar el mundo». Así recuerda Klara Fejer, científica del Ocean First Institute a Sylvia Earle, oceanógrafa y pionera de la exploración marina.

A las personas como ella, con una trayectoria tan brillante a sus espaldas, es mejor describirlas a través de quienes tuvieron la suerte de compartir espacio y tiempo. Aunque basta con escuchar su Ted Talk de 2009 para entender cómo la sensibilidad, la pasión y el compromiso han definido una de las trayectorias más fascinantes del activismo científico contemporáneo. A sus 90 años, Sylvia Earle sigue luchando infatigablemente para crear una red global de áreas marinas protegidas que, como mínimo, iguale a la superficie terrestre.

Nacida en Nueva Jersey en 1935, la infancia de Sylvia se tiñó de salitre tras la mudanza familiar a Florida, donde empezó a forjarse su vínculo con el mar. A los 17 buceó por primera vez, y ya nunca dejó de mirar el mundo desde abajo. Pronto fue consciente de lo imprescindibles que son los océanos para la vida, lo que le llevó a obtener un doctorado en botánica marina por la Universidad de Duke y, después, hacerse un hueco entre expediciones científicas dominadas casi exclusivamente por hombres -y en las que era habitual sufrir acoso sexual-.

Las cinco décadas que Sylvia carga a su espalda hacen de ella la mejor testigo en vida de la transformación de los océanos

En 1964 participó en una de sus primeras grandes misiones: la Indian Ocean Expedition, un ambicioso programa internacional en el que recorrió más de 70.000 millas náuticas recopilando datos sobre la biodiversidad marina. Cinco años después fue seleccionada para el proyecto Tektite -una misión experimental bajo el mar organizada por la NASA y la Marina estadounidense-, pero quedó fuera de la primera fase. ¿El motivo? Ser mujer.

Sylvia podría haber bajado los brazos y dedicarse a otra cosa. Hizo todo lo contrario: liderar su propia misión.
En 1970 encabezó Tektite II, una expedición inédita compuesta por un equipo íntegramente femenino que habitó durante dos semanas un laboratorio submarino bajo las Islas Vírgenes. Es de ese tipo de personas que hacen que las cosas sucedan, cueste lo que cueste.

La escena más cinematográfica de su biografía tuvo lugar en Hawái en 1979. Vestida con un traje JIM -una escafandra rígida de casi 300 kilos-, llegó al fondo del mar atada a un pequeño sumergible, con tan mala suerte que, una vez en el lecho marino, se desenganchó de él. Tuvo que caminar más de dos horas bajo agua, lo que le hizo alcanzar, en una especie de serendipia, el récord mundial de la caminata submarina más profunda sin ataduras. Todavía lo ostenta.

Nunca es tarde

Las cinco décadas de mar que Sylvia carga a su espalda hacen de ella la mejor testigo en vida de la transformación de los océanos. Viene de una época en la que la mayor parte de los ecosistemas marinos vivían plácidamente y ha visto cómo se han degradado. Por eso es referente de la investigación marina de una manera muy particular: es una humanista que dedica todavía hoy su vida a proteger los océanos, pero también a la humanidad. Porque van juntos.

Esa convicción le llevó en su momento a fundar junto al ingeniero Graham Hawkes la compañía Deep Ocean Engineering para desarrollar tecnologías de expedición submarina más autónomas y seguras. De ahí nacieron sumergibles como el Deep Rover, que permitieron a los científicos alcanzar hábitats nunca antes explorados. Era consciente de que cuanto más supiera la humanidad de los tesoros que esconde el océano, más aprendería a respetarlo.

Pero también sabía que hacía falta otro vehículo mucho más potente: el conocimiento. Por eso, fue la primera mujer en ocupar el cargo de científica jefe de la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos), desde donde defendió la necesidad de integrar la ciencia marina en las políticas públicas y de protección medioambiental. Renunció dos años más tarde por discrepancias con las decisiones gubernamentales sobre explotación de recursos marinos.

Así, ha dedicado la otra parte de su vida a ser exploradora residente de National Geographic desde 1998, escribir libros de divulgación, firmar más de 200 artículos científicos y protagonizar un documental de Netflix donde lanza una advertencia clara: sin océanos saludables, no hay planeta habitable.

Su cruzada más ambiciosa es que al menos el 30% del océano esté protegido en 2030. Por eso encabeza Mission Blue, una alianza global creada para impulsar la conciencia en torno a los océanos y construir una red mundial de áreas marinas protegidas: los Hope Spots, «lugares de esperanza» que constituyen áreas marinas de alto interés ecológico. Entre ellos se incluyen las Islas Baleares y la costa de Vilanova i la Geltrú (Barcelona).

Reconocida por su incansable labor, nombrada Héroe del Planeta por la revista Time y Premio Princesa de Asturias de la Concordia, la oceanógrafa no habla hoy como alguien que se retira. Sigue buceando, sigue investigando. Porque es imparable, como otros tantos defensores firmes del planeta que comparten sabiduría con ella: Jane Goodall (90 años), que sigue viajando para proteger primates o David Attenborough (98), quien continúa narrando la vida salvaje con una lucidez asombrosa.

Cuando Sylvia se sumerge en las aguas más profundas lo hace para recordarnos que las personas que persiguen la esperanza son también el oxígeno que necesitamos para imaginar un futuro distinto. Que la edad no detiene la causa cuando la causa nos necesita. Y que, quizás, la mejor forma de escuchar el planeta es dejarse llevar por sus olas.

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Igluu, con su consentimiento, tratará sus datos para enviarle la newsletter. Para el envío se utiliza MailChimp, ubicado fuera de la UE pero acogido en US EU Privacy Shield. Puede ejercer sus derechos de acceso, rectificación o limitación, entre otros, según indicamos en nuestra Política de privacidad.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.