Se dice que, si los buscas bien, en Santa María de las Lomas (Extremadura) puedes encontrarte campos plagados de índigo. Y no es una leyenda: en esta pequeña localidad, hay una marca que une ciencia y diseño para desarrollar tintes naturales y producir prendas de ropa únicas y más sostenibles, demostrando que otra forma de hacer moda es posible y revitalizando el entorno rural.
Todo empezó casi por accidente, como una de tantas ideas que nacen dentro de una empresa y luego acaban tomando un camino propio. Para Clemente Cebrián y Lola López, la cuestión trataba de producir prendas más respetuosas con el medio ambiente a través de la producción de tintes naturales, conectando ciencia, diseño y campo. Y lo están demostrando desde un pequeño pueblo extremeño donde cultivan el índigo que luego termina paseándose por toda España en forma de prendas únicas.
Son los fundadores de Tintoremus, un proyecto que nació como parte de una acción interna de El Ganso, marca cofundada que desde 2022 camina de forma independiente. Así, lo que comenzó como uno más de los proyectos dentro de la reconocida marca ha terminado por convertirse en uno con alma propia, que une ciencia, campo y diseño para desarrollar tintes naturales y producir prendas de ropa más sostenibles, demostrando que otra forma de hacer moda es posible.
Como si de un ecosistema se tratara, el proyecto vive en plena simbiosis con la localidad extremeña de Santa María de las Lomas, donde se cultiva el índigo, el tinte azul tradicional que se usaba para los vaqueros y con el que ahora se desarrollan prendas únicas. Pero no te equivoques, porque Tintoremus es mucho más que una marca: es un proyecto con una filosofía clara y una identidad muy marcada.
Aprovechando la próxima apertura de su primera tienda física en Madrid, charlamos con Clemente y Lola para conocer cómo surgió la bombilla de un proyecto capaz de convertir campos en desuso en plantaciones de índigo que les han llevado a ser lo que son hoy.
«Coordinar campo, ciencia, tecnología y diseño no es fácil», explica Clemente. «Hubo un momento en el que se nos fue un poco la pinza porque vimos oportunidades por todas partes, desde nuevos textiles hasta jabones. Quisimos hacerlo todo, pero era una barbaridad».
El gran reto para ellos ha sido aprender a focalizar. Por eso, hoy, el campo donde cultivan, el I+D y la moda a través de colecciones y colaboraciones son los tres principales pilares sobre los que se construye todo el esfuerzo. Y es que el proyecto no tardó en despuntar: «Llegó un momento en que empezó a coger fuerza y vimos que merecía la pena lanzarlo como una empresa independiente».

Todo empieza y termina en el tintorero
La producción de la marca es, ante todo, natural y colaborativa. «Elegimos tejidos naturales en los que funcione bien el tinte y trabajamos con un tintorero colaborador para aplicar nuestro índigo», cuenta Lola. «Es un proceso muy distinto al convencional: desde la elección del tejido hasta el diseño, todo gira en torno al tintorero».
No cabe duda que uno de los puntos fuertes es el impacto local. En Santa María de las Lomas, el proyecto ya ha conseguido generar empleo para el 10% de la población. «Lo más especial de todo es que los agricultores que colaboran son jóvenes del propio pueblo. Esta era una zona tradicionalmente tabaquera, y el índigo crece en condiciones similares, por lo que ha sido una forma de complementar un cultivo que está en decadencia y aportar valor a la economía local», explica Clemente.Por ejemplo, trabajan con proveedores como Tejidos Royo, que ya usa procesos con un 95% menos de agua y químicos y que ya constituyen la mitad de las piezas. Además, la marca cuenta con un equipo de I+D apoyado por el Centro de Alta Tecnología de Mérida: bioquímicos, biólogos y técnicos que trabajan cada día en mejorar la fijación del tinte y ampliar su aplicabilidad a más tipos de tejidos.

El futuro se tiñe de azul
En un mercado saturado de discursos sostenibles, Tintoremus afirma que se distingue por proponer soluciones reales, tangibles y transparentes. «Somos sostenibles desde el origen y eso facilita que tanto los proveedores como los consumidores comprendan el proyecto», explica Clemente.
La transparencia es un elemento clave para ellos: «Queremos que todo se entienda: igual que la gente quiere saber de dónde viene su comida o cómo entrena, también quieren conocer lo que hay detrás de lo que visten. Contar todo lo que hacemos es vital», asegura Lola.
Pero nada es fácil: «el mayor reto es ofrecer precios competitivos con la estructura que tenemos: hay mucho esfuerzo detrás, desde cultivar el tinte hasta elegir algodón orgánico y producir cerca». Próximamente, Tintoremus abrirá su primera tienda física en la calle Almirante, en Madrid. «Queremos que sea una experiencia: habrá un pequeño invernadero con nuestras plantas, un córner para dar nueva vida a prendas con tinte natural e incluso una selección de libros en colaboración con la librería Ocho y Medio», explican los protagonistas.
¿Y en cinco o diez años? «Nos vemos como un proyecto internacional, colaborando con grandes marcas y contribuyendo a que los tintes naturales se integren en todo tipo de tejidos».



