Foto: Sharon López

«No puedes cambiar el mundo con canciones, pero pueden ayudarte a reflexionar sobre él»

El mundo de la música está lleno de artificios, ilusiones y cosas que parecen verdad, pero que no siempre lo son. Sin embargo, hay cosas muy difíciles de fingir y la complicidad entre artistas es una de ellas: al igual que Lola Flores decía que el brillo de los ojos no se opera, la química en un escenario es algo que existe o no, pero que es imposible inventar. De la unión de Zahara y Martí Perarnau IV, dos pesos pesados del indie, nació _juno, un proyecto difícil de clasificar, un techno puro y delicado en el que la conexión se percibe cuando bailan juntos en las canciones más electrónicas y cuando se rozan el pelo en las más íntimas. Hablamos con ellos en el cierre de su gira en el Teatro Principal de Zamora, cita en la que despiden por este año su último disco, _BCN747.


Siempre reivindicáis que _juno es Zahara y Martí, pero que no es ni Zahara ni Martí. Ambos tenéis trayectorias sólidas. ¿Qué os ha aportado esta visión de conjunto?

[Martí]: Es nuestro sitio de libertad para hacer nuestros experimentos e intentar descifrar cuáles son los misterios que engloba empezar un disco desde cero y terminarlo por completo. Con este segundo álbum, _BCN747, ha sido la primera vez que nos hemos encargado de la producción, la grabación… Hasta hicimos las fotos nosotras mismas. Eso nos ha aportado una visión, digamos, do it yourself y quizá más punki en el que no necesitemos de elementos sistémicos que se dan por sentado: ahora nos sentimos bastante antisistema y nos vemos capaces de hacerlo todo nosotras dos solas, no ya solo grabar o producir, sino también mezclar.

Siempre se habla de que en el mundo de la música es muy complicado gestionar los egos. Sorprende que un grupo lleve por delante un proyecto tan fifty-fifty.

[Zahara]: De hecho, yo vengo del proyecto más egocéntrico del mundo: llevo hasta mi propio nombre y mis canciones van centradas en mi vida. [Risas]. Uno de los mayores aprendizajes del proyecto ha sido precisamente ese: asumir que lo que hago, lo que soy, mis ideas y lo que me apetece a mí no es lo más importante, porque puede ser que esté equivocada o que la otra persona tenga una idea más bonita. Saber que no pasa nada por prescindir de una idea porque va a venir otra, porque lo bello es crear algo nuevo y que eso no pasaría si no estuviéramos las dos juntas trabajando. Ha sido muy positivo quitar el foco de mí y repartir esa carga, porque así lo bueno se multiplica: me llevo lo que va para mí, lo que va para él y lo que va para nosotras. Siento que crecemos mucho más, que el ego se diluye y se transforma en un trabajo colaborativo precioso.

Vuestro primer disco vio la luz en plena pandemia, en un momento de confinamiento en que la introspección era casi obligatoria. Ahora estamos en el momento contrario. ¿Ha influido este tiempo de destape en que ahora os encontréis de rave a las 7:47 de la mañana?

[Martí]: Los discos son fotografías de momentos. En la gestación de este segundo álbum coincidieron el momento en el que todo el mundo se iba abriendo y nuestras ansias de salir y ver mundo, así que aprovechamos para viajar y visitar raves de Londres y Berlín. Esas ganas son las que han traído estas canciones.

[Zahara]: En el caso del primer álbum fue casual: hicimos un disco íntimo que hablaba de estar encerrados en una habitación y poco después la sociedad terminó encerrada no voluntariamente. Este segundo fue fruto de empezar a salir, de dejar de mirar hacia lo que tenemos dentro y poner la atención en lo de fuera. Fue algo casi involuntario: al viajar dejamos de hablar de nuestra intimidad para hablar de lo que hay más allá de ella, de cómo nos afecta lo que los rodea. Aunque para mí también es muy íntimo, porque no deja de ser nuestra visión y nuestra posición en el mundo.

En esas ciudades, Londres y Berlín, la cultura de club es muy potente y está muy protegida. En España, sin embargo, no paran de cerrar salas en casi todas las ciudades. ¿La festivalización de la escena ha tenido que ver en ello?

[Martí]: No creo que sea solo culpa de eso. Somos el único país europeo en el que la cultura de salas no está protegida y en el que las subvenciones, en lugar de ir a los clubs, se dan directamente a los festivales, montados por empresas privadas que buscan ganar dinero y que, a mayores, reciben fondos públicos. Eso ha hecho que hayamos perdido la batalla de las salas por completo. Hemos construido un sistema extrañísimo que, para los grandes cabezas de cartel internacional, es una especie de oasis: pueden cobrar muchísimo dinero por hacer un solo concierto en exclusiva para un festival y no tocar en clubes, algo impensable en el resto de los países de Europa. Aquí ya nunca podremos ver a un Radiohead en una sala, solo nos quedará ir a un Primavera Sound, por ejemplo.

[Zahara]: Bueno, aventuro que a Radiohead ya no lo vamos a ver. [Risas]

[Martí]: Vale, pues a The Smile. [Risas]. Es que cuando vas a Berlín, flipas. Allí los clubes son algo cultural y se ve lo que eso supone para la música más underground de los grupos que están empezando a tocar. Aquí, esas bandas se encuentran un desierto terrible y una realidad contra la que es imposible luchar. Al final, tienen que entrar en el escenario C de los festivales, cobrando una miseria si es que cobran. La precariedad que vivimos en la música de este país es extrema.

[Zahara]: Desconozco hasta qué punto sucede esto fuera de España, pero aquí hay muchísimos prejuicios sobre la música de baile. Se asocia lo que pasa en la pista a algo puramente lúdico sin ningún valor, asumiendo que los clubes son lugares para emborracharse y drogarse y no hay nada más allá. Yo creo que la propia festividad es cultura y que, por eso mismo, deberíamos valorarla y cuidarla. Además, en lo que rodea a la música electrónica te encuentras mensajes que trascienden lo que está pasando físicamente: sobre cómo el movimiento conecta los cuerpos, la libertad… Es un lugar lleno no solo de cultura sino también de política, y es algo que deberíamos proteger. A quienes nos gusta la música electrónica acabamos teniendo que viajar a otros países no porque no haya buenos DJs o buenas salas, sino porque falta esa protección que se siente en los clubes de Berlín, por ejemplo. Allí sientes que vas a un sitio a liberarte y a ser tu misma, un lugar donde nadie te va a juzgar o a señalar. Aquí eso no sucede.

«Que las subvenciones hayan ido a los festivales ha hecho que perdamos la batalla de las salas por completo»

Martí Perarnau IV

Nos decían hace unos meses Cala Vento en una entrevista que en España todavía nos falta convencer a la gente de que verdaderamente las cosas pasan en las salas de concierto.

[Martí]: El convencimiento se produce cuando alguien va. No hay que explicárselo mucho: cuando vas a una sala y ves lo que ocurre en ese espacio y con esa comunidad, lo entiendes. Todos los seres humanos son sensibles a esa energía que se genera, y creo que a muchos es lo que nos hizo dedicarnos a la música. El reto sería conseguir que todo el mundo entrase, al menos una vez, a ver un concierto o una sesión de DJ.

Foto: Sharon López

En vuestro caso, ¿cómo mantenéis esa esencia a caballo entre lo íntimo y la electrónica en festivales, clubes y hasta teatros, como habéis hecho en este fin de gira?

[Zahara]: Precisamente el teatro es el lugar para el que iba enfocado este proyecto. Nos gusta la intimidad y que la gente pueda atender a lo que pasa con una conexión de forma más relajada. Hacemos un viaje emocional y sónico que pasa por muchos lugares y emociones, tanto íntimos como muy potentes, y eso no se contradice con la atmósfera que puede crearse en un teatro. Al revés, mola provocar esas ganas de levantarte de la silla y bailar después de estar media hora sentada observando. Intentamos disfrutar de esa solemnidad y romperla. En festivales y en salas notas que, aunque tengas el mismo repertorio o puesta en escena, el público y el lugar hacen que se cree una energía totalmente diferente a la que se siente en un teatro. Eso es lo bonito.

«Las canciones son compañeras fantásticas que te sostienen, te agarran de la mano y te sacan del hoyo»

Zahara

Convivís entre esas dualidades que van más allá de la diferencia en los espacios: reivindicáis activamente pelear para cambiar las cosas y cantáis que «nos merecemos la aniquilación».

[Martí]: Somos una contradicción andante y supongo que es en ella donde vivimos los seres humanos y donde a nosotras nos nacen las canciones. Es una energía muy poderosa a la hora de componer, aunque no tengamos la solución a estos dilemas. Vamos de gira en coches, nuestros conciertos consumen mucha electricidad, viajamos en avión… Somos parte del capitalismo más feroz y cantamos nuestras canciones antisistema mientras pertenecemos a él. No existe otra solución más que abrazar la contradicción que somos.

[Zahara]: Ver y reconocer la contradicción nos permite tomar decisiones. Estas canciones al principio no tenían una vocación reivindicativa ni siquiera crítica: simplemente buscábamos contar lo que vivíamos de una manera bella. A  posteriori, cuando hicimos el análisis de lo que habíamos escrito, nos dimos cuenta de que detestamos el sistema en el que estamos, y empezamos a ponernos en un lugar de cierta superioridad con los demás, con la industria… y, cuanto más lo criticamos, más nos damos cuenta de que, inevitablemente, nosotras también somos una pieza del sistema. La cultura en la que naces está por encima de tus ideales y la nuestra es una cultura turbocapitalista. Sin embargo, también creo que hacer canciones que lo muestran genera una conversación y una invitación a mirar las cosas desde otro punto de vista: está claro que no puedes cambiar el mundo con canciones, pero sí pueden ayudarte a reflexionar sobre él. Al escucharlas, puedes cuestionarte y valorar tu contradicción, aceptarla, ver hasta dónde puedes mejorarla, ahondar en ella, pensar en qué puedes cambiar de ti misma para intentar hacerlo algo mejor… o rendirte.

Foto: Sharon López

En la música, con una industria que es el máximo exponente de ese capitalismo, ¿sigue existiendo espacio para una contracultura más underground?

[Martí]: Nosotras creemos que sí. Hay que seguir creyendo en la música, en hacer álbumes enteros frente a la presión del streaming o la necesidad de explotación que incitan las plataformas. Dentro de unos años habrá una nueva generación que se negará a actuar así y seguramente veremos esta época como algo que pasó, como un periodo en el que había una especie de enfermedad que hacía que los seres humanos fuéramos anuncios andantes. Quiero creer que todo cambiará.

[Zahara]: Qué bonito que lo digas y que me incluyas, porque en realidad soy bastante pesimista. [Risas]. Creo que no nos queda otra que encontrar esos espacios e intentar hacer la música que nos gusta, grabar discos a pesar de que el sistema te empuje a sacar singles. Hay pequeñas bandas como nosotras y grupos al margen de esto, pero en eso también hay privilegio. Si tú te dedicas a esto necesitas estar ahí y que te escuchen y, cuando salen 25.000 canciones cada día, por supuesto que te preguntas qué va a pasar con la tuya, si se irá directa al cementerio de las canciones. Es algo muy difícil y, para mí, aquí está la gran contradicción: cómo hago algo bello, justo y honesto conmigo misma, pero que me permita vivir de ello. Nos han dicho que vivir de la música es lo mejor, que puedes trabajar y no necesitas nada más, pero no nos cuentan cómo para conseguirlo tienes que estar todo el rato pensando en qué quiere el sistema, Instagram o las plataformas para que te presten algo de atención y ganar el dinero con el que seguir haciendo canciones. Martí cree que esto acabará, pero yo veo que va a peor.

[Martí]: Puede ser, pero solo lo veremos dentro de un tiempo.

[Zahara]: Dentro de algunos años, quizá décadas, habrá un movimiento artístico que se plante frente a esto, pero todavía nos queda un rato largo de autoexplotarnos, de producir a un ritmo vertiginoso. Esa pelea continua que parece que hay en el mundo de la música es simplemente por sobrevivir, y me da mucha pena. Veo a bandas pequeñas que, en cuanto tienen más estabilidad o la popularidad necesaria para permitirse hacer más conciertos, empiezan a compartir que tienen que hacer más promos de mierda porque necesitan que compren entradas, que dicen abiertamente que no sabían que iban a tener que hacer tantas cosas que no les apetecen ni les gustan ni tienen nada que ver con su música. Eso es algo que acaba sucediendo siempre, a no ser que lo petes y tu banda sean los nuevos Beatles y no necesites nada más que tus canciones. 

Foto: Teatro Principal de Zamora (@principalzamora)

En Igluu decimos que queremos ser un refugio para las buenas personas e ideas que quieren cambiar el mundo. ¿Cómo puede la música contribuir a ello, a pesar de los caprichos y presiones de la industria?

[Zahara]: La música siempre ha tenido un poder sanador desde su mismo origen, es algo que conecta a los seres humanos y crea comunidad. Está probado y estudiado que tiene incluso propiedades físicas en nuestro cuerpo, y socialmente nos mejora. Las letras permiten partir de sentimientos individuales para generar conexiones colectivas que hacen que, dentro de tu particularidad, te sientas acompañado y notes que no estás solo en este universo de tristezas. Las canciones son compañeras fantásticas que te sostienen, te agarran de la mano y te sacan del hoyo.

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