Igual que un átomo, donde cada parte orbita e influye a gran escala, en la industria de la moda, un sistema completamente interconectado, cada componente juega un papel crucial a la hora de hacer posible otra moda: más limpia, más consciente, más slow. Kate Fletcher, profesora de sostenibilidad, diseño y moda en la University of the Arts de Londres, pionera del movimiento slow fashion y referente en el mundo de la moda sostenible, lleva más de 30 años buscando soluciones para refundar la industria cambiando la lógica del consumo por la lógica del planeta. Hablamos con ella tras su conferencia en la Circular Sustainable Fashion Week de Madrid 2025, la pasarela referente de la moda responsable y sostenible que ha celebrado este año su novena edición en Madrid y galardonado a la experta con el Premio Favor por su valentía y ejemplo.
Treinta décadas en la moda dan para ser testigo de una infinidad de tendencias y transformaciones. ¿Qué cambios has visto en los últimos años?
Los cambios han sido sustanciales en muchos sentidos y hay muchas maneras de analizarlo. Me parece necesario destacar que ahora hay, más que nunca, muchísima investigación sobre cómo hacer la moda más sostenible: hay más personas trabajando en ello, estudios muy detallados, etcétera. Es un campo que sigue madurando pero en el que, a la vez, es cada vez más complicado abarcar toda la información: en mis tiempos todo lo que podías leer lo encontrabas únicamente en la biblioteca y ese conocimiento era finito; ahora tenemos toda la información y más. Estamos en un lugar científicamente más avanzado para entender los problemas y dar con soluciones. Además, la sostenibilidad de la moda también está presente en las calles, el público habla de ello. Y dicho todo esto… sustancialmente, nada ha cambiado.
¿Por qué?
Porque estamos peleando todos los días por hacer menos malo a un sector que a la vez no deja de crecer, duplicándose prácticamente cada 15 años. Y ese crecimiento se está dando más rápido que el resultado de cualquier medida para frenarlo o hacerlo más eficiente. Así que estamos en un momento en el que su impacto es mayor que nunca. No diría que estemos mejorando.
«Redefinir la moda desde el bienestar es el acto creativo más poderoso»
Entonces, ¿ya es tarde?
Tenemos que intentar ser optimistas porque la vida es complicada. La cosa es que necesitamos creernos que podemos saltar a la acción. Supongo que hay personas que piensan «bueno, pues aquí poco hay más que hacer», pero para mí no es lo correcto porque, en realidad, la experiencia que muchas personas tienen con la moda puede llegar a ser personalmente muy destructiva. Y no hablo solo en términos ambientales, hablo de que la moda no está alineada en muchas ocasiones con los intereses de salud de los seres humanos. Así que la respuesta a qué podemos hacer es simple: entender que la industria textil es parte de un sistema complejo y que hay muchas formas de cambiarla.
Precisamente has publicado junto a Mathilda Them, profesora de la universidad sueca de Linnaeus, Earth Logic, un libro en el que planteáis un plan de acción para refundar la moda. Habláis de frenar y de decrecer, un término que siempre provoca miedo.
Es que hay muchas formas de cambiar un sistema complejo. Hasta ahora, el sector se ha enfocado en redirigir los flujos materiales para intentar cambiar algo a mejor, pero ya está demostrado que eso no es nada eficaz. Lo que tenemos que hacer es redefinir las reglas del sistema, y eso pasa repensar las prioridades del sector: qué es lo verdaderamente importante, quién se beneficia, etcétera. En resumen: encontrar un objetivo social que priorice la resiliencia ecológica, el bienestar de las comunidades y una conexión entre el mundo y las personas. Esto nos llevaría a desarrollar un tipo de relación distinta con la ropa y todo lo demás fluiría. Seguiríamos teniendo una industria que produce ropa, pero con un propósito diferente y, por tanto, impactos diferentes. Un cambio sistémico.
«Nos ha faltado imaginación para marcar nuevos caminos en el sector»
Ese tipo de cambio es el que buscaba lo slow fashion, ¿no? Contar una historia nueva, demostrar que hay otros puntos de vista.
Imagínate la industria de la moda como un caleidoscopio. Siempre tiene las mismas piezas, pero cuanto más lo observas y lo mueves más patrones nuevos aparecen, más colores ves, porque estás viéndolo todo desde una nueva perspectiva. Cuando trabajamos a un nivel sistémico vemos nuevas posibilidades y caminos. Lo que pasa es que nos ha faltado imaginación, así que simplemente hemos seguido haciendo lo mismo pero tiñéndolo de verde.
«Necesitamos dejar de entender la novedad como el acceso a productos nuevos y verla como la capacidad para sorprendernos con lo que ya tenemos»
Entonces la creatividad no solo es primordial a la hora de diseñar en la moda, también para buscar el bien común. ¿Cómo podemos alimentarla en un sector que al no dejar de crecer no deja espacio para parar y pensar? Hacerlo es ir a contracorriente.
Sinceramente, sin la colaboración entre personas de distintos tipos, perspectivas, contextos, edades y geografías la creatividad está condenada. Decir «venga, vamos a empezar la moda desde otro lugar, vamos a establecer una nueva prioridad» es la mejor oportunidad para que las personas se unan en un proyecto creativo como ningún otro. Y no estoy hablando solo de los que han ido a escuelas de arte o de diseño, porque esto no va de un único diseñador que es un genio y lo cambia todo: es una cuestión de acciones cotidianas que respondan a qué significa ser humano ahora mismo. Se trata de conocer nuestros límites, de vivir bien en ellos y de buscar nuestra identidad ecológica para actuar en consecuencia.
Pero esto conecta con la responsabilidad individual, un término que cansa un poco a la ciudadanía, especialmente cuando intenta dejar de consumir en una industria que la bombardea con opciones.
Es una de las frustraciones constantes, sí. Pero como parte del sistema todos podemos actuar. El problema está en que la industria ha trasladado la carga a cada consumidor individual diciéndole: «no estás haciendo suficiente y es tu culpa por haber elegido mal entre todas las opciones que te dejamos», cuando lo que tiene que hacer es asumir activamente la responsabilidad de su impacto. Es un mensaje similar al que dio en los noventa la industria de las fibras sintéticas cuando quiso hacer creer que el poliéster era mejor en comparación con el algodón, un «no hace falta que nos mires a nosotros porque hay alguien que lo hace peor» que, en definitiva, era una maniobra para desviar la atención a su propio impacto. En conclusión, la narrativa de que la culpa es solo del individuo y él mismo puede solucionarlo es muy problemática porque dentro de un sistema tan grande tenemos un poder relativamente limitado. Pero eso no quiere decir que no podamos seguir haciendo las cosas mejor.
«Dentro de un sistema tan grande tenemos un poder relativamente limitado, pero eso no significa que no podamos hacerlo mejor»
¿Y qué es lo que podemos hacer para consumir menos? Un informe del Hot or Cool Institute en Berlín dice que solo deberíamos comprar cinco prendas nuevas al año. Es decir, que con un armario de 74 piezas en total para el trabajo, para el ocio, para casa y para el deporte es más que suficiente.
La clave está en buscar la novedad, pero no como la hemos entendido hasta ahora. Si lo piensas, la novedad siempre ha ido asociada a la moda: la industria se agarra constantemente a ella para dar esa sensación de cambio infinito donde nace una prenda y enseguida queda sustituida por otra. Yo hablo de la novedad como capacidad para sorprendernos a nosotros mismos y, para conseguir eso, no necesitamos consumir más, sino cambiar de perspectiva. No entender la novedad como el acceso a productos nuevos.
¿Cómo la entendemos?
Primero asumiendo que el ser humano, por naturaleza, disfruta teniendo algo diferente de vez en cuando. Ya sea visitando un nuevo lugar, descubriendo un restaurante recién abierto o poniéndose una camiseta de un color en el que nunca había pensado. Luego, entendiendo que el desafío está en dejar de ver la moda como una actividad muy cerrada con la que solo nos involucramos a través de las compras: la moda también es acceder a productos novedosos pidiéndole ropa prestada a tus amigos, por ejemplo, o revisando tu armario y vistiendo ropa que ya tienes en lugares nuevos -personalmente esto es algo que a mí me aporta muchísimo-. En resumidas cuentas, puedes cambiar la perspectiva de lo que significa la ropa para ti y todas las posibilidades que ofrece más allá de comprar. Así empezamos a entender el mundo de otra forma porque podemos ser alguien con lo que ya tenemos. Necesitamos revisitar la novedad.


