En un momento en el que la actualidad está plagada de sobresaltos, afortunadamente todavía se cuelan algunas personas que nos ayudan a ver la realidad de otra manera. El quiosquero Miguel Sanz (Burgos, 1992) es una de ellas: se lanzó a regentar un quiosco traspasado cuando estudiaba Historia y Políticas, y decidió volcar su pasión por la cultura en una profesión en peligro de extinción. Hoy sigue frente al mostrador de su quiosco, en Ortega y Gasset 45 (Madrid), donde vende periódicos, revistas, juguetes, libros y, también, organiza firmas con autores de renombre. A través de su cuenta Kioskalia comparte contenidos sobre libros y actualidad reforzando esa sensación de comunidad y barrio tan propia de los quioscos de siempre. Charlamos con él mientras los vecinos se acercan a saludarle y elogiar su trabajo.
¿Qué te llevó a hacerte cargo de tu actual quiosco y lanzar Kioscalia? ¿Hay un componente de nostalgia al dedicarse a este oficio?
Una muy fuerte vocación por el papel, por los periódicos, revistas y libros. Una oportunidad de trabajo que me salió y que podía ser algo en lo que disfrutar verdaderamente. En aquel momento, era un tío muy pegado a la actualidad, compraba dos o tres periódicos cada día, por lo que era un trabajo que me iba a hacer sentir en casa, tenía algo familiar. Lo de Kioscalia es más reciente, lo organicé a principios de año como un canal desde el que difundir lecturas, traer firmas al quiosco, donde tengo tres mesas con libros, y así recomendar con vídeos las lecturas porque se sentiría más cercano con los clientes habituales y ajenos que se sumaran. ¿Nostalgia? No, porque la lectura en papel me parece el formato adecuado. Hay más devoción que nostalgia. Es casi una obsesión feliz.
«En mi oficio hay más devoción que nostalgia; es casi una obsesión feliz»
¿Cuál fue el primer obstáculo con el que te encontraste? ¿Y la primera sensación de recompensa?
Al empezar, muchos esfuerzos, muchas devoluciones a la semana, ir haciéndose al oficio según me adecuaba a la clientela, con sus etapas más difíciles económicamente hablando. Pero siempre después del desánimo, pasaba algo: una buena venta, una conversación… siempre llegaba algo que acababa con la idea de renunciar.
¿Crees que en otras zonas de Madrid hubiera tenido el mismo resultado tu proyecto?
Aquí [en el Barrio Salamanca, donde está ubicado su quiosco] hay una fuerte comunidad lectora, así que posiblemente sí. Si existe la dedicación y el esfuerzo para contactar con los autores y demás faena, se puede dar el mismo caso en cualquier otro lado. Pero reconozco que el aprecio lector depende de la zona, y que ese aprecio es algo variable y que obedece a miles de factores.
¿Qué opinas de las estadísticas en cuanto a la lectura? ¿Se corresponden con la afluencia de lectores que asisten a tu quiosco y los testimonios que puedan dejarte de primera mano?
Hombre, en el término medio está la virtud. Por lo que palpo diariamente, te sorprendes de que hay gente que lee un montón. De cualquier edad: jóvenes, de mediana edad, más mayores, lectores asiduos pero racheados. No está la cosa como para tirar cohetes —porque muchas veces se abusa de la lectura de entretenimiento, y yo prefiero la lectura literaria— pero tampoco debemos flagelarnos. En general se lee; menos de lo que se debería y me gustaría, pero mira, acuden al quiosco muchos padres que me cuentan que sus hijos están leyendo una barbaridad. Eso sí, hay otros que me comentan que sus hijos están muy enganchados a los móviles y me piden consejo para dar con un título que les haga dejar las pantallas y sentarse a leer. Hay mucho trabajo por hacer, pero no hay que despreciar lo que se lea. Por otro lado, aunque se venden muchos ejemplares, sí que está cayendo la comprensión lectora: se leen muchos titulares y, respecto al nivel de la prensa, se profundiza poco en las noticias. Esto se debe a la falta de tiempo y dedicación, claro, además de la paciencia que depende de uno para leer libros más exigentes, con mayor capacidad de concentración. Se lee a la carta, digamos. Aunque no quiero ser derrotista: hay que leer más buenas novelas y más buenos ensayos, pero en España se lee, sí.
«La compresión lectora está cayendo y tiene que ver con la falta de tiempo y paciencia para lecturas más exigentes»
¿Cómo eliges a los autores que vienen a firmar a tu quiosco? ¿Qué tal está siendo la experiencia con ellos?
Maravillosa. Son muy generosos al aceptar las invitaciones. Los elijo en función de los libros que sean novedad o funcionen bien con sus ventas, y a su vez incluyo autores que quizá no tengan la misma acogida, pero los quiero dar a conocer porque están debutando o simplemente merecen ser más conocidos. Me gusta combinar escritores de novelas, de ensayos, de libros de viajes. Me gusta la sinergia que se crea entre los libros y los periódicos.
¿Qué papel juegan a diario las redes sociales en tu labor?
Lo principal es el contacto cara a cara a diario, las amistades que se van forjando, las complicidades literarias que surgen. Todo esto está bastante por encima de las redes, pero es cierto que son un buen complemento, una vía de difusión necesaria que también ayuda a llegar a ciertos lectores y clientes. Al llevar dos meses con este canal, todavía es difícil saber si tendré buena acogida o no. Pero es una incógnita llevo bien.
¿Podría una iniciativa como la tuya extenderse a otras ciudades, más pequeñas incluso?
Sí, y por una razón muy sencilla: en Madrid organizas un acto un domingo —una firma, por ejemplo— y hay otras mil actividades al mismo tiempo. No compites directamente con ellas, pero sí eres una opción más entre muchas: eventos deportivos, conciertos, planes de todo tipo. Y además se cumple bastante esa frase de que en Madrid, o das una conferencia… o te la echan. sin embargo, cuando los escritores visitan lugares de provincias con sus promociones, cuando van a un auditorio, una firma en la diputación… ese es el acto de la semana en ese sitio. La prensa local suele hacerse eco y presta atención, se difunde y sale bien. En ese sentido, Madrid tiene sus pros y sus contras. No debemos olvidar que fuera de las capitales también se lee bastante.
«Fuera de las grandes ciudades también se lee mucho y las firmas de autores pueden tener incluso más impacto porque concentran más atención»
¿Con qué personaje literario te identificas en el día a día? ¿Qué títulos te gustaría recomendar a los lectores de Igluu?
Te diría que el Quijote, aunque suene exagerado. Tengo una parte idealista, luego otra comercial, siguiendo mi instinto, así que igual tendrían que ser Quijote y Sancho a la vez. A veces se puede ser más romántico y otras hay que estar con los pies en la tierra. Todos somos así de fluctuantes. Puedo encajar esa parte de contabilidad minuciosa e idealismo lector. En cuanto a recomendaciones, elegiría Oxígeno (Alfaguara), de Marta Jiménez Serrano, porque lo leí en cuanto salió y es el libro que más he comentado la últimas semanas por su agilidad, amenidad, por ser tan desenfadado y tan poco neurótico, y sé que muchos se verán identificados. Luego, El viudo (NdeNovela), de Luis Díaz de Bustamante, una novela que nos adentra en el mundo financiero y en unas peripecias a las que no suele llegar la mayoría. Por último, una novela histórica de María José Rubio, La marquesa y Bonaparte (Planeta), que viene bien para completar el trío de recomendaciones.


