Siempre he sentido que las prendas más fascinantes son pequeñas obras de arte. Por eso, cuando empecé a experimentar por mi propia cuenta con crear mis propias prendas de alta costura descubrí que lo exclusivo no tiene por qué nacer del exceso: puede hacerlo desde la imaginación, nuestras manos y las ganas de crear. Eso también es lujo.
Cualquiera que haya crecido admirando la alta costura entenderá a lo queme refiero cuando digo que me fascinamás ver pasarelas que ir de tiendas. Porque sí, adoro la ropa, pero por mucho que aprecie un buen patronaje, nada se compara con lo que siento al ver una de esas piezas imposibles que navegan la fina línea entre el arte y la moda. Este año la Met Gala me ha parecido especialmente relevante por eso, porque ha puesto en el centro una idea que la alta costura lleva décadas demostrando: que la moda es, efectivamente, arte.
A través de su dresscode, la celebración benéfica anual del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York exploró a principios del mes de mayo esa relación indivisible entre el cuerpo como lienzo y la moda como forma de arte encarnada.
Aunque, si de verdad queremos tomarnos en serio esa idea, quizá también haya que preguntarse cómo se hace ese arte y qué entendemos hoy por alta costura. Porque tal vez el verdadero gesto de sofisticación ya no consiste en producir mucho, más rápido y con una enorme cantidad de piezas, sino en crear de otra manera: con intención, con materiales reaprovechados y con una lógica que dé otra lectura a lo exclusivo.
Ahí es donde, al menos para mí, entra el DIY (do it yourself ): esa técnica de crear, personalizar y transformar prendas y accesorios con tus propias manos es una forma de acercarse a la moda desde un lugar mucho más consciente y beneficioso. Porque el pequeño “problema” de la moda hecha a mano es que las técnicas que se usan están completamente fuera del alcance de una chica como yo, que estudió Medicina en lugar de Diseño de Moda y vive en un piso de 60 metros cuadrados sin hueco para un taller o para hacer bordado de tambor, por ejemplo.


Así que esto sitúa a una en una importante encrucijada: o bien aceptas que solo vas a poder vivir ese amor incondicional por la moda a través de la pantalla, o bien optas por abrazar lo casero y crear con tus manos algo que te hace feliz y proyecta tu mundo interior a pequeña escala.
Así fue como una Bea Carpio de tan solo 22 años —pido perdón por hablar de mí en tercera persona— empezó a incorporar el do it yourself en su día a día y, más tarde, casi sin darse cuenta, terminó haciendo de él una seña de identidad tanto en sus redes sociales como en sus apariciones en la alfombra roja.
La clave: ATREVERSE
Todo empezó con la premier de la película Barbie allá por julio de 2024, cuando se mezclaron la nostalgia de
mi infancia con las ganas de ser un poco performática. Construí de cero mi propio vestido y me fascinó hacerlo. Así que un año más tarde, tras una inspiradora visita al Museo del Louvre en París, decidí aprovechar la oportunidad de los Premios Ídolo para esculpir un corsé en arcilla polimérica que incluía recreaciones en miniatura de algunas de mis esculturas favoritas, como la Victoria de Samotracia y Eros y Psique, entre otras piezas.

Algo en mi cabeza cambió en ese momento: me di cuenta de que, incluso sin tener los medios necesarios para hacerlo perfecto, podía convertir mi ropa en mi lienzo. Fue cuestión de rescatar mi caja de hilos (la de las galletas danesas, por supuesto), un par de bloques de arcilla para horno, pegamento industrial y un sueño hasta ahora dormido.
De ahí en adelante solo tuve que dejar volar la imaginación con mis manos como única frontera: tacones de flores inspirados en Loewe y esculpidos para la gala de los Goya, un collar con un ojo en acuarela basado en las joyas de luto del siglo XVIII para ir al estreno de Cumbres Borrascosas con Vogue, el bordado del sagrado corazón en un corset para ir al concierto de Rosalía en su Lux Tour y más piezas pequeñas pensadas exclusivamente para el evento al que están destinadas.
«A veces nos refugiamos en la excusa para justificar nuestro miedo a hacer cosas mediocres, pero el mero hecho de intentarlo abre un mundo de posibilidades del que ni siquiera somos conscientes»
Sin embargo, mi proyecto más ambicioso fue el de los Premios Ídolo 2025: un conjunto de corset y falda confeccionado por la diseñadora —y buena amiga— Alba Atelier, que servía de base para una colección de 16 cuadros en miniatura. Cada pieza estaba enmarcada en arcilla moldeada a mano, recubierta con pan de oro y contenía, a su vez, una recreación de distintas obras de arte, desde El nacimiento de Venus hasta El Guernica, La gran ola o incluso la portada de Crepúsculo, una de las grandes referencias de mi adolescencia.

Para dar forma a esta especie de galería ponible recurrí a técnicas que iban desde la pintura al óleo hasta el bordado. Y es que, al final, lo importante no está tanto en el resultado final como en la decisión de atreverse. A veces nos refugiamos en la excusa de no tener los materiales, no dominar la técnica o no saber lo suficiente para justificar nuestro miedo a hacer cosas mediocres. Pero, en la mayoría de ocasiones, el mero hecho de intentarlo abre un mundo de posibilidades del que ni siquiera somos conscientes.
Así que, tú que me estás leyendo, si te gusta la moda, te invito a que desempolves todo eso que tienes en casa de cuando eras pequeño —el estuche de pinturas, la pistola de silicona, la caja de abalorios—, te pongas buena música y des rienda suelta a tu creatividad. Solo pueden pasar dos cosas: que descubras un talento nuevo o que reconectes con una parte de ti que tenías olvidada. Quizá ambas. Nada más: te invito a acompañarme en estas aventuras caóticas a la par que divertidas con la moda. Puedes encontrarme como Bea Carpio en todas partes, pero con que te animes a crear ya me doy por satisfecha.
Bea Carpio (@bea_carpio_) es una creadora de contenido, graduada en Medicina, que ha hecho de los procesos creativos de moda y las prendas personalizadas su seña de identidad.


